jueves, 10 de diciembre de 2015

La noche en el parque.



Las noches en el parque son la cosa que más me gusta. Mientras anclado, observo a los paseantes ir, venir, hacer ecos con sus pisadas. De día todo es agitado, ruidoso, lleno de luz. De noche siempre es más calmado, agradable.

Todo puede pasar en el parque. He sentido sobre mi piel hepóxica el frío de las noches más heladas en la soledad del silencio. En el momento de la madrugada que puedes oír a la calle respirar, a los árboles estirarse sobre sus raíces y todo ser vivo sueña. He escuchado a las lechuzas y búhos ulular los cantos que hechizaron a los amantes de los edificios cercanos, que estallaron en un orgasmo que rompió la parsimonia, creó un hoyo temporo-espacial en su realidad y todo cambió, empezaron a notar que se amaban.

Que bello el amor... aunque negado para nosotros; las bancas de parque. Somos de hierro y fuimos creadas para aguantar. A veces, cuando veo a los amorosos pasearse de las manos, saboreando deliciosos alimentos dulces mientras agitan sus alegres carnes y se les va la vida en besos, abrazos y caricias me corroe la metálica entraña y mi cuerpo vibra inconforme. Un chirrido metálico hace un pequeño eco y voltean a verme, pero enseguida se olvidan de mí y siguen caminando.

A veces se sientan en mi cuerpo y se aman, se entregan y entremezclan, aunque a veces también se odian, se separan y se muerden los huesos. He visto en la misma proporción lágrimas y risas. He escuchado de sus bocas los más bellos pensamientos y las más grandes blasfemias y sandeces. Lo conveniente de percibir el mundo de manera inmóvil, pues cómo les he dicho; soy una triste banca de parque, es que uno no elige a quién conoce.

Es preciso tal vez comunicarle a los hombres, que la vida de las bancas de parque es sumamente intensa internamente. Primeramente deben enterarse que nosotros tenemos nombres (masculinos y femeninos, dependiendo nuestro sexo), además de ello tenemos personalidades (banconalidades) propias. Nuestra vida es quedarse quieto en el mismo lugar y ver todo pasar. Esperar. Por lo que desarrollamos mucho nuestra capacidad de observación.

He visto y oído gran parte del espíritu humano, correr, esconderse, multiplicarse y destruirse. Sé leer el comportamiento y el lenguaje corporal de los hombres e infiero sus pensamientos, los cuales a veces confirmo con sus argumentos.

Una noche peculiarmente helada pasaron frente a mí dos tórtolos embelesados. Él la toma a ella de la cintura y ella rodea su espalda con el brazo. Pasean despreocupadamente viéndolo todo, de cuando en cuando se detienen a contemplar una cosa u otra; mientras lo hacen acercan lateralmente sus cabezas y puedo sentir cómo sus cerebros forman lazos. Él le busca la oreja entre los cabellos e inhala profundo. Mi sentido de la observación me deja ver como sus hombros se aflojan y relajan. Obtiene una especie de paz química de ella. Ella voltea en reacción al gesto y se besan. Observo los parsimoniosos movimientos de sus caras, mientras se olvidan de su propia existencia y se entregan a una oscura y dedicada pelea de labios, lengua y saliva. Se muerden un poco, y escondida en millones de años de evolución, está la muerte en sus mordidas. Y esas pequeñísimas muertes son hermosas. Cuando se inhalan simultáneamente los alientos y se crea un vacio en sus bocas, que termina por fundirlos más, en esa locura de receptores químicos y movimiento, pues sus lenguas son dos peces que nadan en un océano de jalea rosa, con estrellas de mar, tritones y sirenas. Dos peces entregados al impulso más primario de supervivencia.
Mantenerse juntos.

Él la sujeta más fuerte y ella lo corresponde. A partir de este punto me es difícil entender la vorágine que deben ser sus cabezas. Pero sus cuerpos pueden apenas contener un enorme ímpetu proveniente del corazón mismo. Es cómo ver crecer una ola invisible que flota entre sus pechos. Se acarician la cabeza y espalda y entre sus dedos corren ríos de sensaciones que erizan sus pieles. De a poco abren los ojos, se reconectan a este mundo, mientras observan al cíclope del que habló Cortázar y le sonríen al otro cíclope simultáneamente, luego se olvidan de los besos y terminan sumidos en un abrazo de respiraciones unísonas y de paz. Se miran a los ojos y de alguna manera entienden cosas nuevas. Ahora su lenguaje corporal es distinto, mucho más relajado. Entiendo que han subido momentáneamente al cielo y que algo de ahí arriba les dio esa calma. Finalmente, siguen su camino.

Aquella escena me pareció realmente conmovedora, angustiosamente solitaria. No es que esté desacostumbrado a la soledad, pero de pronto pensé en ello. En que mi destino era jamás poder tener por mucho tiempo a alguien cerca. Me sentí usado, deprimido, pasé horas y horas con esas mismas ideas en la cabeza. De pronto, bella sorpresa se aparece ella, cruzando tambaleante hacia mí. Su cabello tiene un poco de vómito y sostiene su teléfono en una mano. Está despeinada y se nota molesta, su cara fluctúa en un gesto entre la tristeza y el odio. Se me derrumba encima mientras torpemente intenta revivir el celular muerto. No lo consigue. Entonces se aprieta los brazos con las manos y se suelta a llorar. Sus lágrimas caen sobre mi cuerpo y me derriten el alma. Intento rodearla pero mis brazos metálicos no se despegan del piso. Pienso en aquellos otros acariciándose, sintiendo al otro y reconfortándolo. Haciéndose mutuamente niditos de paz y telarañitas de esperanza. Ella, respira entrecortadamente y observa los alrededores. Decide finalmente quedarse quietecita. Respirar con normalidad. Su cansancio me es evidente. De a poco empieza a recostarse sobre mi cuerpo.

De pronto todo cobra un nuevo sentido para mí y considero mi actual existencia cómo algo nuevamente bueno y provechoso. Mi misión de la noche ahora es cuidarla, brindarle la mayor cantidad de comodidad y reconfortarla. Pienso cuanta suerte tendría si pudiere tener manos, dedos, piernas y labios, siento sus formas y el calor de su cuerpo contra el acero del mío. Y poquito a poquito empiezo a vibrar, cada vez más rápido pero no lo suficiente para despertarla, vibro para generar calor. Caen por el parque hojas secas de los árboles y los pajarillos le dan la bienvenida al primer claro del sol. A la luz precoz del amanecer.


Fue entonces que opté por dormirme. Dormirme igual que un tímido novio impotente en su primer noche de bodas. Y soñé, soñé con dulces muertas blancas, cuyos muslos temblaban sobre mi piel.

Cuando desperté estaba exhausto, vacío y postrado. Cómo debe estar un buen amante después de una noche de continuos placeres. 

Cuando desperté, ella se había marchado.

martes, 8 de diciembre de 2015

24 de Mayo

He contemplado mi existencia cómo un acccidente temporal y risible. Mientras todos pegan el ojo, heme aquí; he soñado contigo mil noches y sin embargo no eres la misma. Han transcurrido dos meses desde el exilio y todavía no puedo acostumbrarme a estar sin ti… Eres una nada y siento que me haces falta. ¿Dónde quedó la otra mitad de mi alma? Olvidé que también los vómitos son sagrados, que expían tu alma. “La noche del antropófago, la noche del come humanos”. Así bautizaré cada día que tu sagrado/maldito recuerdo me llegue a la cabeza. Ya no creo en ti, ni en nadie. No creo en nada, no tengo coherencia ni conexión ni certeza de cualquier cosa. Mis días se limitan a leer, a dormir, a comer sin hambre. No, no estoy deprimido, no lo pienses si quiera, estoy en stand by, estoy suspendido entre estas 4 paredes blancas que me recuerdan a las noches que dormí en el manicomio, al menos ahí había gritos, risas histéricas, al menos ahí había compañía. Estuve pensando en buscarte en las puertas vecinas, pero lo único que encontré fue el vacío que me da estar con otros 3 humanos. Me pesa mucho no tener a nadie a quién transmitirle mis alegrías y mis agonías. Que crudo es lidiar en silencio con mis demonios, mientras me muerden por pares la carne yo me quedo muy calladito, muy dormidito en mis laureles; muy sosegado, muy carente de todo. Que puta cruda he de tener mañana, pues me empiné cerveza tras cerveza esta noche, para intentar borrarte de mí y ¡JA! Mira lo que he logrado, arrastrarte cada vez más a la superficie, desanclarte para tenerte cerca. Me recuerdas a esos cuerpos de anfiteatro, cadáveres blandos y pálidos sumergidos en una solución de formol, cuyo único pecado fue morir sin nombre ni testigos, cuyo pecado fue que nunca nadie los quiso lo suficiente para reclamar sus restos; así te saqué esta noche del fondo de tu tanque, en tu plancha de metal alzada por cadenas, fui dándole vuelta despacio a la grúa que levanta tus restos y cuando vi tu piel tocando la superficie del jugo de muerto que te rodea, sentí pánico, porque la muerta no eras tú, si no yo en aquella plancha, más bien; no era yo, si no lo que era yo. Y me solté de nuevo, para irme al fondo del formol sanguinolento. Una gran parte de mí murió aquella noche y sin embargo todavía no se traga la tierra mis huesos, no alcanzan todos los gusanos a integrarme de nuevo al suelo, porque mi antes vivo cadáver es enorme y ellos no pueden comer tanto. Tengo a la muerte esperando afuera de mi puerta, salgo, la veo a los ojos y le digo buenos días, buenas noches, buenas madrugadas; aguanta, muerte, voy al baño a echar el 2° vómito de la noche. Tanto invertirle al abandono de la sobriedad, tanto intentar buscarte al fondo de mis cajas de cartón, tanto tiempo y tanto espacio. Sin coincidir. 

Haikú:

“Estuve quieto
Hay aves muertas aquí
Sueños que se van”

Oigo la tristeza gotear en el lavabo del baño. 
Oigo reír a las montañas. 
Todas las mañanas el cielo será azul y plácido
o será tal vez cómo fue ayer
Gris, nublado.
Todas las noches cuando voy a acostarme
Mi cuerpo advierte que se acuesta
Encima de otro cuerpo que es el mío.
Se entremezclan y disgregan
Se aman y se odian.
Se tocan y se repelen. 
poco amor
o poca vida
Poco importa
Despertaré en la tumba
Que es mi cama
Vestido de esqueleto.
Y cómo lo dijo alguna vez Chinaski 
“Lo que cuenta
es observar las paredes
yo nací para eso
NACÍ PARA ROBAR ROSAS DE LAS AVENIDAS DE LA MUERTE”

martes, 24 de noviembre de 2015

Poema al gato.

Arráncame la piel y cubre con ella tu cuerpo
Que no te vean desnuda
Ni las estrellas ni la luna
Ellas, anhelan el brillo de tu ser.

Nos besamos una noche
y otra vez el tiempo se detuvo
el alma empezó a volar
y otra vez quedé mudo
mientras desnudo tus ojos
cierro los míos
y con un imperfecto suspiro
pienso que tú eres la perfección a la que aspiro
Te veo y deliro
y aún respiro y te pido
Que me llenes de vacío.
Satúrame de la fruta de tus senos
y llévame en cada bocado
al paraíso prometido.

Llévame de la mano
A la muerte entre tus muslos
En la infinita bendición de tus piernas
Pues morir en tierra santa
Es siempre buen renacimiento.
Mar de espuma negra y blanca
Fantasía inóspita
Gato espacial
Cuna del fuego

Al besar las arterias de tu cuello
y vernos al espejo cómo animales divinos
sé que soy otro,
sé que me contigo me convierto
En el aire en el ala, el ave y sus trinos
La luz sin el miedo
y cuando estoy contigo
en la pelea contra mí mismo
gano yo, siempre lo consigo

Estando a tu lado
cierro los ojos
y los abro dentro de tus ojos.
y el mundo es otro


Vive la esperanza entre tus cabellos
rayos misteriosos emanan de tus dedos
sana la demencia si me tocas con ellos
Todo es azul, nítido, plácido, certero

El cielo sonríe cuando lo veo pensando en ti
siento que la vida se agita nerviosa
me mira y me tira rosas desde su ventana
y sólo hay risas si tú estás aquí

Quiero ser la mano que ayude
cuando tiemblan tus piernas
cuando fallan tus cálculos y a la nada tiras flechas
y te rompes y te quiebras.

Quiero pegarte el alma a besos
cuidarte, adorarte, contemplarte
Y encontrarte si te pierdes
Ser el guardián de tus sueños

Quiero lamerte las heridas
Ir al fin del mundo contigo
Quiero sentir tu piel contra mi piel
y despertar a tu ladito

Pues quererte cómo te quiero
Es sin dudar lo más certero-
Me vuelves mago del papel
cuando intento explicar
cómo es que te iluminas
cómo es que difuminas
Todo lo que se acerca a ti.

Te quiero cómo para pasear todas las calles a tu ritmo
Te quiero cómo para volar al infinito
Te quiero en los días y también en las noches
Te quiero despierta, dormida
roncando, enojada, asustada
contenta, radiante, explosiva
gigante, ácida, inconforme
encabronada, te quiero temblando
Te adoro con el alma
Vives en mis adentros
Eres la inspiración
Eres el sueño.
Eres la calma.

lunes, 26 de octubre de 2015

La gran estafa lechera.


"Los años de la revolución pasaron más breves porque me rodeé de buenos amigos gatilleros.
Nunca maté en domingo, mucho menos con la tripa vacía."


***
La presente es la absurda y brava historia que habla por los inconformes. Describe uno de los más grandes planes maestros de sabotaje jamás creados. Olviden al Chapo, olviden a Pablo Escobar. Borren de su cabeza lo que saben de geniales mentes criminales. Esta es la historia de un hombre que quiso creer que todo podría cambiar. Es mi historia. No importa el encierro, las cadenas perpetuas, ni la cantidad de años que son más incluso de los que mi cadáver tardará en descomponerse. Nada importan los grilletes y tranquilizantes que me dejarán en estado de babeo perpetuo. Muerte cerebral en vida, lobotomía química. Arranqué algo que ya estaba en boca de todos. Le puse nombre.
***
Empezó con una becerra a la que ayudé a nacer. Su madre murió al partearla, desgarre uterino completito. Sangradero interno a litros. No pude hacer nada. La críe a brazos prácticamente. Ella me seguía cómo perrito. La llamé Pelusa. Era toda llena de pelo desordenado que crecía hacía todos lados, ni blanca con negro cómo todas las Holstein, si no amarilla, cómo si se hubiera deslavado por el uso, además era bastante inteligente para una vaca. Suficientemente menos asustadiza que todas las demás. Yo le gritaba de la parte más alta de los corrales “PELUUUUUSSSSA PELUSA PELUUUUSSAAAAAAA” en una especie de mugido largo cómo el que hacen ellas. Y cada vez corría en mi encuentro. Un animal asombroso.
***
Pelusa pesaba unos 400 saludables kilos cuando se convirtió en madre por primera vez. Estaba absolutamente nerviosa. No dejó a nadie más que a mí acercarse al becerro. Para este punto yo le había ya enseñado a Pelusa a comunicarse conmigo. Los mugidos largos significaban una necesidad urgente, los cortos y poco espaciados algo importante. Me hablaba mucho por los ojos. Con su actitud. Cuando iba y se me plantaba enfrente, pero volteando hacia algún lado yo entendía que debíamos ir a allá, la seguía y cada vez encontraba un problema en el corral. (Una vaca caída, un tubo roto, un bebedero que no se llenaba, etc) Yo llevaba siempre terrones de azúcar en una bolsita y se los ofrecía cuando iba a salir. Algo así cómo reforzamiento positivo. Además hablaba mucho con ella. Me aseguraba de repetir mucho algunas palabras en situaciones similares. De esta manera a veces sólo bastaba con preguntarle que pasaba para que se pusiera a dar cabriolas dándome a entender que eso era.
***
El parte aguas en la historia sucedió una mañana en que Pelusa subió a la ordeña y resbaló. Desatascarla del carrusel y sacarla de la sala de ordeño fue todo un lío. La verdad es que le dieron muchos golpes antes de que yo pudiera intervenir. La llevé claudicando al corral de enfermería. Se echó y me dejó sentarme cerca de ella. Puse su cabeza en mi regazo y la acaricié con impotencia. Ella rodó un par de lágrimas. Recordé pedazos de un poema que decía
“Marchaban chapoteando en el barro
los pies descalzos
Desfilaban los rostros
Anochecidos de hambre
Y las manos encallecidas de miseria
y las almas curvadas de injusticia
y las voces amanecidas de odio
Desfilaban los pies descalzos…
…No sé si me lo gritaron ellos
o si me lo grité yo mismo
Pero en las filas, de los que pasaban
Estaba mi puesto, mi bandera, mi grito…
…Volví los ojos hacía ella
que se hacía casi yo entre mis brazos
y le dije:
-Me llaman los que pasan.-…
…Yo escuchaba chapotear en el barro
los pies descalzos
Y presentía los rostros anochecidos de hambre.
Mi corazón fue un péndulo entre ella y la calle…”
Vi a las vacas desfilar en los pasillos, cómo interminables miembros de un campo de concentración. Y sentí rabia. –Bueno, nunca más.- Le dije a Pelusa mientras le enjugaba las lágrimas de los ojos. Ella soltó un pesado suspiro con un mugido débil y largo. Las cosas iban a cambiar.

***
Enseñé a Pelusa a caminar hacía atrás sin ver (una suerte que es difícil hasta para los caballos) a embestir con una orden, a patear de lado y hacía atrás. Con una o ambas patas. Era increíble lo rápido que aprendía. Usaba un solo comando de voz y ella, dependiendo mi postura entendía que era la acción que le pedía. Le gritaba “SAKUJO” que era la frase que usaban en Death Note para eliminar a alguien. Pelusa me sorprendió una mañana que me mostró cómo sabía abrir las trampas de los corrales con la oreja. Y quitar amarres simples de la cadera de la puerta con la lengua. Yo invertía todo el tiempo que tenía disponible con ella.
–¿Que médico? ¿Va a ir a ver a la novia?- Se burlaban de mí los trabajadores. Yo me reía y me los zafaba de encima. Nadie tenía idea de lo que estábamos planeando.
***
Pelusa había alcanzado unos impresionantes 1.75 m de altura a la cruz. Era de las vacas más altas del establo. Las vacas son animales de rutinas, así que yo me presentaba todos los días siempre a la misma hora. Me encargué de volverla la alfa de todo el corral, ella me ayudaba cómo perro pastor a conducir a sus compañeras. La sorpresa mayúscula fue cuando un día llegué al corral y había otra vaca parada al lado de Pelusa, que imitaba todos sus movimientos. Esta no era una vaca tan alta cómo Pelusa, pero tenía el doble de corpulencia, el cuello muy corto y manchas rojas. Se lamía el morro constantemente y siempre tiraba mucha baba, cómo un perrote bulldog. La llamé Lamidas. Lamidas, Pelusa y yo íbamos de corral en corral moviendo vacas. Yo notaba como cada vez más vacas observaban con curiosidad a Pelusa y a Lamidas. Yo estaba seguro que Pelusa le enseñaba a Lamidas cosas cuando yo no estaba, básicamente no tuve que hacer nada porque Pelusa la que la entrenó.
***
Armé un grupo élite de vacas y vaquillas. Éramos 6 contándome a mí. Estábamos Pelusa, Lamidas, Manchitas, Lucero y Chirga. Manchitas era una vaquilla color ruano, cómo una especie de entrepelo gris muy oscuro y blanco, lo cual le daba un tono cómo de plata envejecida, Manchitas tenía una mala fama porque mordía a los trabajadores y a algunas de sus compañeras bovinas, Lucero era una vaca algo vieja, pero con un carácter impasible, siempre estaba rumiando y era muy firme cuando se decidía a no hacer algo. A veces se quedaba parada justo afuera de la trampa, completamente quietecita y los trabajadores que la querían meter a huevo recibían una pezuña voladora a media panza. Muchos la odiaban. Me estaban siguiendo las vacas con mala reputación, las inadaptadas, las más necias, que paradójicamente siempre resultaban ser las más inteligentes. Chirga era la más joven de todas. Le decía así por su pelo hirsuto, siempre esponjada cómo gato feo, tenía los ojos entrecerrados siempre, cómo si anduviera pacheca. La ventaja de ella es que era tremendamente rápida. Bueno, no rápida cómo un galgo pero sí bastante más rápida que todas las otras vacas. Las coordinaba con las manos y empecé a enseñarles formaciones, líneas, cuadros. Las 5 sabían básicamente todos los movimientos de Pelusa, patear, recular, dar vuelta, embestir, abrir las trampas, quitar cadenas. Estábamos adquiriendo disciplina. Yo las enseñé a dispersarse con un “PTCHSSSSSSSSSS” cuando algún indeseable se aparecía por los corrales.
***
Por las noches las reunía en el corral más alejado de la vista de los trabajadores y teníamos nuestro pequeño club de la pelea. Pero no peleábamos entre nosotros, yo les enseñaba a quitarse las lazadas de las cuerdas, a usar su corpulencia para ejercer fuerza impresionante. A quedarse completamente quietas, impasibles ante cualquier amenaza. A ellas les encantaba practicar. Decidí que si íbamos a empezar una revuelta debíamos estar escalfonados cómo los militares. De manera tal que yo era el Coronel Perro (porque me comunicaba con ellas a ladridos), Pelusa era el Teniente Coronel, Lamidas era mi Capitán primero, Manchitas el Teniente, Lucero mi Sargento y Chirga era el Cabo. Decidí enviarlas a cada una a un corral diferente por las mañanas y practicar en las noches. De esta manera ellas hacían labor de convencimiento y enseñanza de día y reforzaban entrenamiento en la oscuridad. Me sorprendía cada vez más que al entrar yo a un corral, cualquiera de mis soldados ya tenía formadas a varias vacas, cómo tropas. Y todas sostenían las cabezas muy en alto, marcialmente rígidas cuando yo pasaba. Una mañana decidí gritar “SAKUJO” muy fuerte y la sorpresa fue que varias vacas empezaron a embestir y a patear en círculos. Cómo una enorme manada de búfalos alocados. Yo estaba completamente extasiado. Bueno, finalmente había conseguido algo. Algo tangible e importante. Hice el “PTTTSSSSSCCCHHHHHHHH” más fuerte que había hecho hasta entonces en mi vida y la estampida se detuvo y todas las vacas volvieron a comportarse cómo vacas. Estábamos casi listos para la revuelta.
***
Yo pensaba que si iba a sabotear las cosas debía empezar con acciones muy pequeñas. Una vez me dijo una mujer muy sabia “Duele más cortarse con papel muchas veces entre los dedos, que un escopetazo en la cara.” Empecé a instruir a las vacas a no comer un día completo, de tal manera que toda la comida se quedaba en los pesebres. Toneladas y toneladas de putrefacción y hongos. Al otro día les servían menos, pero comían más. Los trabajadores y dueños estaban volviéndose locos.
-Las acciones en masa son las que desequilibran los sistemas.- Les repetía a las vacas cuando me paseaba en los corrales, mientras pensaba en el Joker de Batman “Introduce a little anarchy, upset the established order and everything becomes chaos…”;
-We are agents of chaos.- Susurraba sin darme cuenta. Las convencí también de no entramparse nunca, de manera tal que cuando entraba la gente a revisarlas a los corrales corrían en círculos imparables, como espirales de la muerte a blanco y negro. Tiraban patadas en la ordeña, imaginen 2700 vacas pateando una y otra vez a las mismas personas. Los ordeñadores comenzaron a renunciar, venían otros nuevos y recibían el mismo trato. Las enseñé a romper los flotadores de los bebederos, a inundar corrales, a masticar mangueras, a revolverse, a caminar siempre a diferentes sitios, a estorbar. Bueno, la orden era crear el mayor desorden posible; desobedecer, arrancarse podómetros, escupir, mugir sin parar, ir de una esquina a otra, correr sin detenerse, cagarse, cagarse en todos lados, tirar pedos, no dejarse inseminar, ser mansas a diferentes horas del día y luego intempestivamente convertirse en fieras. La gente lloraba, venían expertos en comportamiento de muchas escuelas, veterinarios, ingenieros, técnicos de todos tipos. Nadie pudo solucionar nada. A mí me era difícil ocultar mi felicidad.
***
El día cero sucedió una mañana de Julio. Eran las 5:25 am cuando empecé a caminar por todos los pasillos, custodiado de mis 5 soldados bien entrenados, quitando cadenas. Estábamos listos. Para las 5:50 am, todas las vacas del establo estaban fuera de los corrales, mugiendo en los pasillos. 7001 animales contándome a mí. Salimos a la carretera con apenas algún impedimento. Yo montaba en los lomos del Teniente Coronel Pelusa, mientras caminábamos impasibles ocupando un carril entero. Yo veía la boca abierta de muchos conductores y camioneros. Creo que nadie nunca había visto una cantidad así de vacas organizadas. Mis vacas hacían flancos perfectos, y las más grandes cuidaban a las más chicas, a pesar de que algunos curiosos intentaron espantarlas, dividirlas; ninguna se retrasó, ninguna se quedó atrás. Era nuestra última marcha triunfal. Hicimos aproximadamente una hora y media hasta Torreón. Bloqueamos completamente la carretera a Saltillo. A las 7:30 am aproximadamente empezaron a sobrevolar por encima de nosotros helicópteros de noticias, policiales, militares. Yo me había encargado de pintarles en los lomos a las vacas más blancas letras rojas con crayón. Los mensajes eran los siguientes: “DIGNIDAD” “RESPETO” “MÁS VIDA, MENOS LECHE.” La situación era completamente desconocida para la policía y militares. No había protocolos sobre cómo lidiar con vacas rebeldes. Cercanas las 7:45 ya nos habían rodeado varios vehículos militares. Alguien me habló por un megáfono. “NOS DIRIGIMOS AL LÍDER DE LAS VACAS, DETENGA SU AVANCE O ABRIREMOS FUEGO CONTRA USTED Y LOS ANIMALES”
-¡SOBRE NUESTROS CADÁVERES LECHEROS!- grité arriba del Teniente Coronel. Pelusa sabía que ese era nuestro día, bajó la cabeza y resopló con fuerza mientras rascaba con su pata derecha el suelo, tenía los ojos muy abiertos y mugía con determinación; estaba más encabronada que yo.
-Capitán, Teniente, Sargento, Cabo Chirga, fooooooooormación- Grité y entonces mis 5 protegidas tomaron la cabeza del grupo. Todas las vacas comenzaron a mugir en un ensordecedor griterío. Los militares palidecieron bajo sus cascos verdes sin cerebro. A las 8:00 am empezó el martirio. Al frente de las filas una palabra en japonés arrancó el desmadre. –¡¡¡¡¡¡SAAAAAAAAAKUJOOOO!!!!!!!!!- La carretera a Saltillo nunca había visto tantos animales sobre el asfalto, mucho menos arremeter contra los soldados. Jamás se había teñido con tanta sangre inocente. Las balas volaban en múltiples direcciones, entre las primeras vacas en caer estaba mi Cabo Chirga. La Teniente Manchitas enloqueció al ver la sangre de Chirga en el pavimiento y cuando hubimos llegado a la línea de los militares fue la primera en pisotear y morder a varios de ellos, seguía lloviendo plomo; pero la manada ya había arrancado, detener su avance fue prácticamente imposible. Éramos miles contra cientos. A las 8:15 más de 1000 de mis elementos estaban malheridas en el suelo, sin embargo habíamos logrado replegar a los militares y no sólo eso, habíamos logrado aplastar a al menos 90 de ellos, sus cuerpos estaban completamente molidos contra el asfalto.
***
Recobré el sentido en un hospital en algún lugar de Durango. Tenía una tajada fea en el abdomen y los médicos decían que sufría de “Síndrome amnésico post-traumático” además de ello estaba esposado a la cama y tenía dos custodios 24/7 afuera de mi cuarto. No me dejaron hablar con nadie durante dos semanas. Mi herida sanó. Me enjuiciaron. Dijeron que había cometido crímenes contra el estado, bloqueado vías de comunicación importantes, provocado “Daños a la nación”, que había llevado a varios inocentes a una matanza absurda y que se me acusaba además de ello de ser “una amenaza social”. Jamás volví a ver a un animal en mi vida. Recobré la memoria dentro de la cárcel, cuando mi compañero de celda me dijo
-¿Tú eres el pinche loco de las vacas?- y me enseñó el video que había sido transmitido en la televisión y que además se había viralizado alrededor del mundo. Esa noche al acostarme a dormir, reviví hasta el último instante del día cero. Recordé que una vez hube visto a Chirga caer, desmonté a Pelusa y corrí a su lado hacia los militares. El día era uno de los más hermosos que hubo nunca en la comarca Lagunera, el sol era cómo lumbre sobre nuestras cabezas, recordé cada mancha de Pelusa, cada pelo desordenado. Súbitamente una bala la atravesó limpiamente por el tórax, sin embargo ella siguió corriendo a mi lado. Otra bala, otra y otra.
–¡HIJOS DE PUTA! ¿QUÉ NO VEN QUE NOS ESTÁN MATANDO?- grité con todas mis fuerzas. A unos metros de llegar a dónde los militares se habían replegado, Pelusa cayó de bruces contra el asfalto, yo estaba completamente fuera de mí y así seguí corriendo mientras gruñía con todas mis fuerzas. Una bayoneta me atravesó limpiamente la panza, fue entonces cuando volteé hacia abajo, y vi mis propias tripas azules fuera de mi ser, las sostuve delicadamente con las manos y miré hacia atrás. Pelusa agonizaba ahogándose con su propia sangre, pero seguía intentando arrastrarse hacía mí. Me acerqué a ella con toda la calma del mundo, olvidándome completamente de lo que estaba pasando, en un trance absoluto, caminé hacia ella cómo cuando era una becerrita y le enseñaba a seguirme, cómo cuando la observaba dar brincos de felicidad en los corrales. Me senté a su lado y sostuve con mi mano izquierda mis intestinos azules y sangrantes, mientras que con la derecha le acariciaba la cabeza. Ella se quedó quieta, con los ojos muy abiertos.
-Perdóname mi amor.- Le dije con lágrimas en los ojos.
–Yo no quería que esto pasara.- Ella sacó su lengua y me dio un par de lengüetazos en la cara. Finalmente recargó su cabeza en mi regazo y dio su último suspiro. Me recosté en el asfalto hirviente, con la cara hacía arriba, las tripas en los brazos y dejé que el sol me derritiera las córneas antes de quedar también inconsciente. No supe que fue de mis otras vacas.
***
EPÍLOGO DEL EDITOR:
2 años después de su crimen; El Coronel Perro fue entrevistado dentro de la cárcel por cierta revista de circulación internacional en Internet, digamos VICE, sólo por ponerle un nombre y un contexto, la nota se titulaba “Hablamos con el Coronel Perro; El loco de las vacas”; en la entrevista admitió que lo que hizo estuvo terriblemente mal. Que no se arrepentía de absolutamente nada, más que haber llevado a tantos animales inocentes a la muerte, todos los días pensaba en ello. Pero que su idea era enviar un mensaje, una consigna, un grito desesperado. El grito era “Debemos respetar y cuidar más a los animales de producción”
“-¿Qué haríamos sin nodrizas bovinas en el mundo? ¿Quién de nosotros abre un cartón de leche y se pregunta de dónde viene? ¿Lo habrá dado una vaca contenta? Bueno, porque en los envases, en los comerciales de T.V. siempre hay vacas muy sonrientes, pero ¿Es real?” preguntaba en alguna parte de la entrevista. Habló también de hombres tan pobres, pero tan pobres que lo único que tenían era dinero. Hizo particular insistencia en que él era un extremista, pero que su acto debía ser juzgado y entendido desde un punto de vista más centrado:
“-No soy un vegetariano, ni un fanático ciego de la liberación animal. No creo que liberar a todos nuestros animales productivos sea una solución. Imagínate a mis vacas lecheras en el monte, cargando esas ubres que dan 50 o 60 litros de leche entre las espinas. Es absurdo, una locura. Imagínate volver a la feralización; soltar a tu gato gordo y mimado en el cerro y que tenga que cazar su comida o que el perrito Chihuahueño de tu novia tenga que competir contra un tejón o un coyote por recursos, ¿No te suena estúpido? Bueno, esa es la posición clásica de los mal llamados “Defensores de los animales” que son generalmente gente carente de juicio, viscerales…bueno, yo no puedo decir que no soy visceral también” dijo mientras se reía fuerte. “-El punto es que ya avanzamos hasta este punto en nuestra relación con los animales. Vivimos en una simbiosis ventajosa, por supuesto que nos necesitan, pero nosotros necesitamos más de ellos y no lo vemos; o más bien no queremos verlo. La industria da empleos, genera alimentos para la población, es la base de la pirámide social. Y no se da su importancia, no actúa como tal, cómo una base responsable, RESPETUOSA. Mi opinión es que la industria productiva debe incluir en su vista que los animales no son sólo números, si no vidas, almas. Aquí en la cárcel por ejemplo, todos somos números. Y merecemos ser tratados cómo mierda, si, porque cometimos crímenes. ¿Cuál es entonces el crimen de un animal que lo único que hace es ser productivo? Darnos y darnos todo lo que tiene sin pedir nada a cambio. Te voy a decir cuál es su crimen: haber nacido vaca y no hombre. Y eso está absolutamente jodido. Lo mínimo, MÍNIMO QUE MERECE es ser tratado bien.-”
Al finalizar la entrevista él le preguntó al reportero si tenía idea de que había pasado con sus animales. El reportero le dijo que no sabía nada. El editor de este epílogo se dio a la tarea de investigar a fondo. La mayoría de ellas habían sido regresadas a su establo y volvieron a comportarse relativamente bien, pero eso si, ya no permitían ninguna clase de abuso. Lamidas, Lucero, Manchitas eran las 3 rebeldes que habían sobrevivido a la matanza. Ellas fueron compradas inmediatamente por un gringo excéntrico, poseedor de un excelente pie de cría, que ofreció unos 8 o 10 dígitos en dólares por ellas. Se las llevó a vivir a Laredo y ahí continuo con su instrucción y ellas continuaron enseñando a otras vacas más o menos con resultados similares a los del Coronel Perro. Cada vaca que salía del rancho de este gringo estaba ya contagiada con la idea de nunca ser maltratada y con el entrenamiento que tenían Lamidas, Lucero y Manchitas. De a poco todo el Sur de E.U.A. y el Norte de México se fueron llenando de estas “vacas rebeldes”. Los abusos continuaron, poco cambio. Pero las vacas todavía lo siguen intentando. El Coronel Perro sigue esperando que se pudran sus huesos en la cárcel. En la carretera a Saltillo se levantó un monolito In memoriam a los 90 soldados muertos. Alguien tuvo el buen tino de pintarlo con manchas negras y blancas una noche y de colocarle barniz encima para que no se despintara. Pelusa y Chirga daban cabriolas en el cielo de las vacas, que es un prado verde muy verde que existe entre las nubes.

lunes, 19 de octubre de 2015

Caracoles comunicantes.


Encontraron en mis venas alineados, del corazón a la parte final de la aorta un sistema continuo de caracoles. Como vasos comunicantes.
Su evolución era perfecta. En fila como los eones de la tierra y un universo en constante expansión

Tan bella fue su evolución, que el día no fue nunca más, si no una mancha borrosa de luz.
Y la noche fue tan profunda que se masticaba en bocados de negrura.
Y la luna. La luna rompió en lágrimas saladas como el mar. Se hicieron polvo todos los vestidos. Los huesos cascabelearon dentro de las tumbas. Un
profundo, hermoso y absoluto silencio invadió toda la tierra.


Arriba de las montañas, contemplé la soledad humana suspendida, como una enorme ola frente al reflejo de un espejo...Como la historia del tiempo vuelta atrás, descontándose a sí misma.

Eran pues tan bellos los caracoles de mis venas que los doctores decidieron embalsamarme en vida

Y así vagué por los rincones más inóspitos. Recubierto de un polímero sintético. Plástico divino. Arcillita moldeable del siglo XXI.

Tan bien embalsamado estaba que la lluvia no me mojaba, ni el fuego me derretía. No sentía los besos, ni las caricias, ni la vida nerviosa de los caracoles en mi pecho.

blup blup... blup blup... blup blup...

domingo, 11 de octubre de 2015

Avioneta sinaloense.


Sobrevolando en mi avioneta, divisé una escena particular, debajo de mí, un establo lechero con un millón de vacas se mueve cómo se mueve todo dentro de un ser vivo. 

Un establo es cómo un organismo autónomo en dónde cada vaca y cada hombre cumple una función diferente. En la esquina del último corral un sombrerudo de overol azul le mete la mano en el culo a una vaca. A esta altura nadie puede adivinar la expresión de su cara, ni que piensa, ni que dice, pero hay un factor desconocido y también familiar; debajo de aquel sombrero ese hombre está pensando en darse un tiro. 
Digamos pues entonces, hipotéticamente, que aquel infeliz pisoteado por el bicho de 400Kg con los tobillos torcidos y la boca seca le da un trago desesperado al agua del bebedero, el imbécil tal vez tenga diarrea después, tal vez su desesperación forzada lo lleve a dejar de comer un día o dos para controlar el seguidillo. Tal vez sueñe que despierta, quizá hasta tenga los pies morados, los tobillos rotos o un dolor crónico de espalda. 

Doy media vuelta en el aire mientras pienso en aquel pobre estúpido. Él le saca la mano a la vaca y con señas le pregunta al monigote de enfrente que otra viene en la lista, sus movimientos son lentos, cansados. Se nota a leguas que tiene el brazo hecho pomada pues lo levanta poco y lo mueve despacio. Ahora el pobre corre tras una vaca que se salió del comedero. 


Pocas veces he sentido tanta compasión por alguien. Pero heme aquí, dispuesto a ser el humilde instrumento por el que fluya la gloriosa voluntad de la mano del señor. Tomo el cuerno de chivo despacio y le pido al copiloto que de media vuelta. Soy el ángel de la muerte Sinaloense, la punta de la lanza del destino, los clavos de Cristo; corto cartucho y apunto. Una ráfaga alcanza al infeliz, no sin antes derrumbar también a la vaca que estaba correteando. Ambos caen, pero el sombrerudo del overol azul cae boca arriba. 


Temblando en un charco de sangres bovina y humana me hace una seña aprobatoria con el pulgar y sonríe, sé que lo hace porque un brillo blanco de asoma a su cara. Le sonrío de vuelta y meto mi cuernito recortado por la ventana de la avioneta. Me dice adiós con la mano izquierda todavía cansada y con caca de vaca y estira la pata. Me enfilo contento a la sierra de Durango y le piso el gas a la avioneta.

Misión cumplida.
Algún día, tal vez alguien me tenga a mí la misma piedad.
Eso espero.

domingo, 20 de septiembre de 2015

No te enamores de un poeta.


-No me fue fácil botar a Gabo.- me escuché a mí misma decir una vez en una fiesta cuando me indagaron por millonésima vez dónde estaba él. –Es un buen hombre, pero está absolutamente perdido. Está enfermo de algo grave, se le ve en los ojos.-

Es que tenía una manera de verme y no verme que me ponía de malas. Parecía que así lo veía todo. Cómo alguna clase de ciego que mira hacía las sombras sin fijar los ojos realmente en nada. Cómo deben ser los ojos de los murciélagos cuando salen a la luz.

-Voy a mostrarte a ti y al mundo cuan equivocados están.- Solía decirme.- Voy a encerrarme 50 años a partir de mañana y escribiré libros, cientos de miles de mis palabras pesarán sobre los hombros de los hombres. Voy a verter por sus gargantas la mierda infecta de los tifosos, la pús de los leprosos, la sangre de las poseídas, la tristeza de los desolados, el polvo de hueso de todas las tumbas.
Y verás, serán tan geniales mis obras, tan compactos sus copos, tan apretado el intersticio de su materia que tras de mí jamás habrá sombra, luz, magnetismo, ni nada. Voy a crear un vacío tan grande en las ya desoladas almas de los hombres que cada ojo que toque mis ideas implotará, será mi corazón desnudo el espejo o ventana dónde todos se sentarán para llorar.-  <<Eso es algo triste>> yo pensaba, mientras le daba otro trago a mi malteada y fumaba para evitar hablar de ello.

Tenía buenos y malos días, y yo siempre quedaba en medio de ellos. Los buenos días incluían sorpresas, masajes en la cama, rondas interminables de sexo salvaje, cenas aquí y allá y silencio. Una conversación agradable, fatua, pero elocuente.

Los malos días eran lo que más pesaba. <<¿Por qué no me besa? ¿por qué no me pide coger con él? ¿por qué no me escucha?>> -Te estaba yo contando…- intentaba retomar la plática mientras sus ojos deambulaban sin sentido en todos lugares. Me molestaba. Era cómo si persiguiera con la mirada miles de insectos invisibles. <<No se puede estar así, estar contigo… porque parece que se está con nadie.>> 

Constantemente me dibujaba con la lengua paisajes irreales, desdoblaba pecados hasta convertirlos en virtudes, cazaba mariposas, perseguía sombras, intentaba fotografiar momentos tan fugaces que ningún obturador o súper lente habría podido captar. Me agradaba mucho, pero me ponía mala no saber a dónde estábamos viajando. Sobre todo me enojaba que nunca parecía estar en ninguna parte. 

Él tenía esta peculiaridad que tienen pocas piezas de arte. Son hermosas cuando las ves desde la distancia segura que pinta la línea en el museo, pero si las ves más cerca notas el deterioro, las rupturas, los parches, capas y capas de pintura o líneas que no se conectan con nada, que no articulan en la obra. -Si tan sólo no insistiera en fumar antes, después y durante el sexo. Si tan sólo dejara de inventar reglas que romper, protocolos, si dejara de roncar, de trabajar sin parar y volteara a verme, tal vez si dejara de estallar siempre, de domar polillas, de canturrear bajito, de silbar mientras camina. Es esa perra manera en que se hace líquido sin perder cohesión lo que me tiene harta. Se me cuela entre los dedos cómo si no estuviera.-

Estar con él era estar doblemente sola, porque tenía que cargar incluso con ese vacío detrás suyo. Decidí que conmigo misma bastaba. Empecé a rehusarme a contestar sus llamadas, a verlo, a seguir saliendo. Prontamente llegó uno más normal que él y tuve que ser feliz. Al fin tuve la adulación que quise, la atención que tanto necesitaba. Nada de sube y bajas, nada de sorpresitas, pero la vida monótona también fastidia. –Ahorita estoy sola.- Miento a cada extraño que me intenta ligar en alguna fiesta. Luego me dejo llevar a dónde sea y obtengo lo que mi normalito no puede darme. Pero no hay nada que temer, tengo casa, comida y un tapete humano que siempre me dice (sin importar la hora que llegue) -amorcito, ¿Cómo estuvo tu día?- 

-De Gabo extraño….- Me quedo pensando mientras me preguntan mis amigas… <<¿Qué extraño de Gabo?>> “Las palabras” me susurra una voz en la cabeza. 
–Nada, no extraño nada.- declaro.
-Eso ni tú te lo crees, Victoria.-
-Si me lo creo.- corto sonriendo.

Hoy llegué a casa y después de pisotear un poco a mi novio me encerré a buscar a Gabo entre sus palabras. Era más bonito en palabra que en persona, eso puedo asegurarlo. Me encontré con esto, algo que me hizo cuando recién empezamos. 

“El tiempo se detiene cuando toco tus labios.
Cuando me veo en tus ojos. 
Bajo la coraza, tiemblo
Me derrito y precipito a tu antojo

La luna reconoce que la noche se hizo
Para pensar en tu sombra

Para adorar tu huella en la tierra
La luz de tu cerebro.

Tu piel es de durazno lechoso 
líbido edén, infierno celestial
ay de mí las noches que surges de entre los cielos
que bajas por mí al abismo y me llevas
a soñar con prados dónde pastan
Seres asombrosos que vuelan hacia la punta de tus dedos.

Me gusta cuando caminas con firmeza
Y te derrumbas como estatua
Porque naciste para eso:
Para ser escultórica

Todo grita el contacto con tus ojos enormes
Todo baila, acompañado entonces
de las delicadas notas de tu perfume
delirio musical que mi nariz resume

Tu pelo es una selva de grandes pájaros
todo en ti es grandeza
fuego cálido de espera
Manantial hermoso que llena los cántaros

Ah la dicha de tenerte entre mis manos
Y la dicha de morder tu carne
de rodearte con mis brazos
de que vivas en mi sangre

Y pensar que te tengo
estar contigo es una locura
se siente cómo un sismo eterno
son explosiones en el cielo 
poseer tu blancura, elemental,
Dulce, ácida dulzura.”

Es por eso que hay tantos poemas que rezan “No te enamores de un poeta”

Sin duda, una advertencia bastante seria. Hay que tenerlo siempre en cuenta.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Tentáculos y catalejos.

Vi al viejo a los ojos y me suspiró
-Te juro hijo, todos los marineros temen a los pulpos-
Su mano aferrada, de pronto me soltó
una pupila de hoyo negro se tragó el brillo de sus ojos
y así lo vi irse, en espuma salada cómo ola de mar picado
Decidí entender a profundidad lo que me dijo el viejo
Decidí volar al puerto dentro de su recuerdo salado
Desanclé el barco del que me habló y me asomé a su catalejo
y me deslicé en mares antiguos, muertos, quietos y sagrados.
Éramos yo, el barco y el reflejo de la luna en el agua.

Navegué 1200 años en unas horas, y allá en la lejanía
flotan velas en el agua, y criaturas violentas, sublimes
Nadan bajo la superficie, hacen ecos cómo letanías
cánticos sagrados y antiguos, de las profundidades
y en ese mar navegan las camas de los que sueñan
que se alejan despacio hasta el borde, dónde todos caen
y los salvan de una muerte segura si se estrellan
8 fuertes pares de tentáculos que dormidos los abstraen
Un monstruo enorme, salido de la fantasía de Lovecraft
con miles de ojos, lenguas y cabezas
y un pico de pájaro mitológico que devora almas
que crea sueños y miedo. Ya los avienta a diferentes puertas
Ya condena a los soñantes a la onírica más hermosa
o a la más terrible, irreversible pesadilla cónica.


El monstruo se asomó entonces a mi barco que caía.
Y no notó mi presencia. Mala suerte encarnada
lentamente hundido en el abismo. En una negrura sombría
mientras rogaba que el monstruo me encontrara
-No me dejes sin sueños, en el fondo y sin despertar- le grité al monstruo
y me quedé en silencio. Un millón de años, mutando semidormido
Esperando despertar, hasta que un tentáculo descendió
y me tomó de la cabeza, en una ventosa cupe medio ido.
y me lanzó a un sueño dónde despertaba y era el viejo
Que lo miraba a los miles de ojos, por su antiguo catalejo
en el sueño me le hincaba al monstruo y le rogaba
Me volviera dejar soñar.
Con volver a salir del mar.
Y ser yo de nuevo.

Ojalá pudiera despertar y no ser ni el viejo
ni el monstruo, ni el que narra.
Ni nadie.
Para no soñar nunca más.

martes, 17 de febrero de 2015

Ella

Estás, parado en medio de ellos.
algo nos consume a todos por dentro
La ves a
ella y piensas. “Chiquita, te comería a versos”
Pero a
ella le valen verga los versos.
Poco le importa lo de adentro
“Es la manera en que sostiene su vaso”
es su mirada vacía, el reflejo de tu derrota
Y la verdad no importa, das el siguiente paso.
y las respuestas vagas, la nariz fruncida y la boca abiertota
te gritan “detén la charada, acepta el fracaso”
Y te vas, haciendo un vuelo circular, con el ala rota.

“Mi problema es que de noche, veo todo más claro”
El problema no es lo que miras, si no lo que te pierdes
El abrazo de la oscuridad, el cómplice de tu descaro
Y te vas, otra vez, en denso humo que ahora muerdes
porque esta noche no le vas a hundir los dientes a nadie.
Chocas con otros cuerpos, consumidos, contentos
creímos reír de la vida, y ella de nosotros se ríe
Ella, es la abeja reina, inmaculada muestra sus encantos
Santa Puta, sabrosa.
Hay algo en su aroma, que nos atrae a todos los zánganos.
Dulce, golfa abejita dormida, ¿con quién soñarás?”
Tu coñito encendido, ¿a quién lo darás?

De golpe no estás, o estás sin estar.
los ahora transparentes cuerpos, te taladran la cabeza
mientras escuchas los gritos,
ella va a arrancarte el labio
sus dientes de loba, te quieren matar
Ves en sus ojos un sol que quema todo, con certeza
Y por supuesto que te avientas, porque no eres tan sabio.

Nos arrancamos las pieles cómo bestias, y no fue suficiente
porque nunca es nada suficiente, cuando chocas en la mente
Y la conexión se pierde.
Ella dice y no dice “Voy a lastimarte”
En el sabor salado de tu propia sangre, está tu condena
Y sonríes. Y vas por más. Firmas pactos de sangre y saliva
Luna llena. Volverse lobo no sería prudente.
Es demasiado tarde, cuando la luna alcanza a los cánidos.
O se aman o se destrozan.
¿Somos corderos vestidos de lobo o lobos vestidos de cordero?
Corremos, tomados de la mano, pero masticando nuestro cuero
De cuando en cuando las mordidas lo sazonan.

Te despiertas prensado de su cuello, es tuya, mariposa de taxidermista.
Y la muerdes fuerte, detrás de las orejas, para que sepa quién manda.
Las marcas que en su piel hablan, son mitología adornista
Y la sostienes cómo tu presa, la pasión corre ensalivada
y te vacías tan solemne, cómo muerto.
Mientras cierras los ojos e intentas no pensar en
ella.
Porque
ella, es una, es nadie y son todas.
¿Han oído el sonido que exhalan las estrellas?
Ojalá todo fuera tan simple, cómo poder compartir las madrugadas
En silencio, con el mero pretexto de estar juntos.
Si nada falta, todo sobra “Te tengo, me tientes, nos tenemos...”
No sé, No importa, las noches ya no son heladas.
Fingir ser cucharitas en un cajón pequeñito.
Es pecado acariciar las soledades de metal de las que estamos hechos
Resuenan las voces de los fantasmas en nuestro interno infinito.


Mientras tanto quieta, voy a besarte hasta los huesos
Vamos a matarnos despacito, vamos a morirnos lento
Deja que hable tu cercanía, tu respiración tranquila
Déjame fundirme en tu sueño y recorrer el laberinto.
Déjame olvidar tus ataques aleatorios de melancolía
Las enormes subidas y las maniacas bajadas.
Seguidas de llanto y un silencio que es sequía
aridez fracturada cómo el piso del desierto.
Cuya vorágine poderosa me arrastra, y terminamos ambos jodidos
Es más cómodo el espejo, que el reflejo de lo incierto.
Ella
me gusta porque se va, así, sin decirme adiós.
Ella
me gusta porque dice mucho, cuando no habla nada.
Ella
me gusta, porque besa más con los ojos que con los labios.
Ella
me gusta cuando calienta mis manos y apaga mi rabia congelada.
Ella
me gusta cuando sabe ignorar y amar mi locura
Ella
me gusta porque todas pueden ser ella.
Ella
no es nadie. Y aun así me pone a pensar, como si fuera la cura
10 ineludibles minutos al día. Pensando en
ella.