martes, 8 de enero de 2013

Fiebre en el bosque.






Esta es la séptima pastilla que me trago y no pasa nada ¨Advertencia, las personas que consumen alcohol, deben ser alertadas de que pueden presentar daño hepático y sangrado gástrico, no se administre simultáneamente con inhibidores de la MAO¨. Me río y le doy un trago grande al whiskey, lo coloco en la mesa y volteo al techo, desde arriba una enorme araña me saluda, tiene patas largas y gruesas y mucho pelo en el abdomen, la saludo con cortesía, me destapo la cabeza y me tallo los ojos.
-Estoy delirando, acabo de saludar a una araña.-
-Las arañas son buenas.- Me responde desde mi cama el tío David, muerto. –Se comen a los insectos y a los mosquitos.-
-Si, ya lo sé.- Le respondo.-Es solo que se que no es real y tú tampoco eres real, estás muerto, yo fui a tu funeral.-
-Sería real si así lo quisieras.- Me responde, lo ignoro y regreso al escritorio. Me toco la frente, ojalá tuviera un mierda termómetro. Tengo ganas de orinar.

Me levanto pesadamente y siento que las rodillas son de mantequilla, tiemblan cómo gelatina mal cuajada, igual que la grasa fría de un consomé de pollo, consomé de pollo, que bien me vendría uno ahora. Abro la puerta lentamente, la levanto un poco del picaporte para que no arrastre y haga ruido. Me veo en el reflejo del espejo del baño, me acerco a verme los ojos y las dilatadas pupilas pestañean del otro lado, una se agranda y explota, se regenera de la explosión, es decir crece desde el centro de nuevo, la otra vibra, incapaz de enfocar nada. Me bajo los calzones y me siento en el excusado, un escalofrío me recorre el cuerpo mientras escucho una voz que me ordena que mida el baño, me explica que no es un baño si no una bodega y que vamos a acomodar cajas de cinco por cuatro palmas, acabo de orinar y me arrodillo con los pantalones en los tobillos a medir el largo del baño, la voz me grita que lo haga rápido porque es urgente, comienzo a medir, el baño tiene siete y media cuartas por quince, intento hacer el cálculo de cuantas cajas caben pero el ruido de una gota que cae en la regadera me lo impide, me vuelve loco, lo escucho amplificado un millón de veces adentro de mi cabeza, me veo arrodillado en el espejo, con los pantalones todavía en los tobillos y digo –Esto es estúpido, no hay cajas, no hay nada, me estoy volviendo loco aquí adentro.- Salgo del baño.

Camino hasta mi cuarto de vuelta, arrastrando los pies, cierro la puerta en silencio y una extraña sombra me saluda desde la ventana y me invita a dejarla pasar con un gesto macabro. –No es real, no es real, no es real.- Me digo mientras cierro los ojos y me acerco a tientas a la cama, me acuesto boca arriba y abro los ojos para ver el techo, desde arriba varias caras que no conozco me miran y ríen, me señalan y cuchichean entre ellas, parpadeo varias veces y se van, me enderezo en la cama y cierro los ojos, ojalá pudiera descansar, ojalá pudiera dormir, intento relajar mi respiración y concentrarme en el latido de mi corazón, en mi mente veo la imagen de un monitor cardiaco, la línea verde zigzaguea mientras intento concentrarme en disminuir su marcha, <<Inhala… Exhala… Inhala… Exhala… Tranquilo, todo va a estar bien>> Una risotada me despierta, abro los ojos y veo unas pequeñas piernas deslizarse bajo la cama, -Ven a jugar.- Me dicen.-Asómate para que te asustemos.- Vuelven a reír, a mi no me hace ninguna puta gracia, vuelvo a cerrar los ojos. <<Inhala… Exhala… Inhala… Exhala… Tranquilo Borjo, necesitas tranquilizarte, yo se que está cabrón pero todo lo que está pasando está solo en tu mente. >> todo queda súbitamente en silencio, un silencio tan profundo que me taladra los oídos cómo el zumbido de mil abejas, sudo copiosamente, me levanto de la cama de un salto, la sombra en la ventana me sonríe y señala detrás de mí, me giro despacio y no veo absolutamente nada, volteo a verla de nuevo pero ya no está ahí, ahora está pegada cómo araña al techo, con la cabeza volteada, se tapa la boca con su horrenda mano llena de pústulas y me susurra algo que no comprendo, no puedo más, <<¿Qué voy a hacer?. ¿Qué carajo hago? ¿A dónde me largo?>> últimamente me ha dado mucho por caminar en el bosque de noche, es un espacio grande y me gusta el aire fresco, por las noches no hay mucha gente así que lo tengo prácticamente para mí solo. Decido que quizá me haga falta un poco de aire fresco y empiezo a vestirme para salir a caminar.

Después de ponerme varias capas de ropa y calzarme bien las botas salgo de la casa y me subo al carro, lo enciendo y emprendo la marcha hacia el bosque, el camino hasta él está completamente despejado, el aire helado de invierno dándome directamente en la cara quizá hizo que la fiebre bajara pues llego sin dificultades, aunque en realidad no me acuerdo del camino. Estaciono el coche en el lugar donde acostumbro y empiezo a caminar para despejarme, el sonido de las hojas secas que se trituran bajo mis pies me tranquiliza, camino y me interno entre los árboles, no camino hacía ningún lugar en específico, sólo lo hago sin pensar, me gusta caminar porque al hacerlo, los pensamientos van y vienen pero no se adhieren a nuestros cerebros, al caminar y al correr se obtiene una sensación de libertad, uno puede alejarse y acercarse a uno mismo tantas veces que no tienes tiempo para juzgarte y aferrarte a lo que es malo dentro de ti, simplemente no puedes, todo fluye, todo va, viene y se fue. De pronto un sonido me exalta, el sonido de hojas y ramas quebrándose a mi alrededor, como cientos de personas corriendo alrededor, rodeándome, pasando a mi lado, abro los ojos todo lo que puedo pero no logro ver a nadie, empiezo a escuchar murmullos, jadeos, frases sueltas y respiraciones agitadas.
–Los días transcurren tan rápido cómo los aleteos de un pájaro-
-A veces te odio, a veces no puedo vivir sin ti.-
-El presente está aquí… y luego se evapora tan rápido que jamás podemos decir que nos pertenece.-
-El bebé se llamaba Felipe, lo encontramos flotando en la alberca.-
-Nos aferramos al pasado porque el futuro es mentira. El mañana nunca ha existido para nadie porque solo tenemos el hoy-
-Me están temblando las manos, ya no quiero estar aquí.-
-Mi mamá me dijo alguna vez que no lloré al nacer, dijo que abrí los ojos, la miré, ella sonrió y yo sonreí también.-
-Primero te anclas en el tejido, luego te anudas y haces el muñón con cuidado de que no sangre mucho.-
-Lo miré a los ojos mientras se me escurría su vida de las manos, igual que agua, se me coló entre los dedos cómo se cuela el aire en una ventana mal cerrada.-
-Lágrima de oro.-
-Cabeza abajo, sombra no es.-
-Entonces lo tomas fuerte del cuello y jalas hacia abajo y hacia el frente, esto les disloca la médula espinal y mueren sin sufrimiento, ¡sujétalo!, ¡sujétalo fuerte!.-
-¡¿QUIÉN ESTÁ AHÍ?! ¡DÉJENME EN PAZ!- grito con todas mis fuerzas, de inmediato todas las voces se silencian y los ruidos a mi alrededor cesan, tiemblo de pies a cabeza, me tiembla la quijada y empiezo a toser descontroladamente, no puedo parar, los espasmos son tan fuertes que caigo de rodillas al suelo del bosque, afortunadamente lo hago sobre un montón de hojas que amortiguan la caída, no me siento nada bien <<Que pendejo eres, te viniste aquí solo, sin avisarle a nadie, con la puta loquera que traes encima, ¡te vas a morir!>>
         
   Decido que he tenido suficiente, que si me quedo aquí me muero de hipotermia, intento recordar donde dejé el coche, no lo logro. Comienzo a caminar sobre mis pasos pero todo es confuso, lo único que veo son árboles y árboles y oscuridad, todo me da vueltas, a lo lejos algunas luces se prenden y se apagan, mi corazón late sin control. –¡AYUDAAAAAAAAA!- mi grito sale algo apagado de mi garganta cerrada. -¡POR FAVOOOOOOOOOOR! ¡ESTOY PERDIDOOOO! ¡AYUDAAAAAAAAAAA¡.- las primeras lágrimas comienzan a descender por mis mejillas, temblando me tumbo al lado de un árbol enorme e intento tranquilizarme <<Tranquilo, piensa ¿Qué puedes hacer? Estás en el bosque, no caminaste tanto, el coche no puede estar tan lejos, lo que necesitas es calmarte, respira… inhala… exhala… inhala… exhala, ¿Tienes las llaves?>> tanteo por fuera la chamarra, no están en la primera bolsa, no están en los pantalones, no están en la segunda bolsa, escupo, busco de nuevo en la primera bolsa y el sonido metálico de las llaves chocando entre si me tranquiliza, <<Bien, ya tienes las llaves, levántate, camina despacio en línea recta>> me incorporo apoyándome del árbol y me limpio la cara con la manga de la chamarra, comienzo a caminar en línea recta o al menos lo más recto que puedo, despacio, cómo si estuviera aprendiendo de nuevo a caminar, no todo está mal. << No vas a morir aquí, no todo está mal, no vas a morir aquí>>

            Continuo avanzando con cautela, cada ruido, cada rama crujiendo bajo mis botas me eleva a un estado de alerta, pero ya no lloro y ya no tiemblo, una determinación hasta ahora desconocida me impulsa a caminar con los ojos muy abiertos y respirando muy tranquilamente, el miedo más primario del espíritu humano, el temor a la oscuridad, el miedo a la muerte, es eso lo que me impulsa, siento que ese instinto primario que condujo a todos mis antepasados a sobrevivir tiene que vivir en mí también, después de todo por algo sigo vivo, por alguna razón miles de personas atrás de mí lograron hacerme coincidir en el aquí y en el ahora, cuando regreso del ensimismamiento me doy cuenta que estoy parado enfrente de un lugar que reconozco, un pequeño claro con un árbol enorme al que siempre he temido porque (parece) me observa a cada paso, es alto, casi igual de alto que todos los demás, nunca tiene brotes u hojas, completamente recio, alguna vez tuvo ramas gruesas, pero ya no, ahora aquellas potentes protuberancias están quebradas y dejaron detrás de ellas afiladas puntas secas, en la base del tronco, sus raíces, que son más gruesas que yo, salen de la tierra y se retuercen en enormes semiespirales que se entierran en el suelo, con tal potencia y brutalidad, que me hacen sentir indefenso ante él, sin duda algo con un espíritu tan transgresor podría matarme, matarte, matarlos a todos; siempre he sentido que este árbol es diferente a los demás, que respira, que me conoce y que puede ver a través de todas las cosas, estoy seguro que el bosque entero le teme, por ello ni siquiera el pasto crece alrededor de él, camino hasta quedar a dos metros y escucho su respiración cansada. -¿Qué haces aquí?- Me pregunta. No sé que responder, la realidad es que tampoco tengo idea que hago allí. -¿Qué haces aquí?- vuelve a preguntarme. –Me… me… pe… pe… perdí en el bosque.- le respondo tartamudeando. –Vine a caminar y no sabía dónde estaba.- Se queda en silencio, en los trozos afilados que le quedan cómo ramas, veo varias cuerdas que sostienen algunos ahorcados tristes con los ojos abiertos y miran directamente hacía mí, no dicen nada, solo se balancean y de vez en cuando me hacen alguna mueca, a veces levantan un poco las manos y las mueven intentando decirme algo <<Esto no está pasando, no es real, no es real, no es real, no es real, tranquilo, no es real…>> -Vete, vete de aquí.- me susurra el árbol, cierro los ojos y respiro profundo, intento recordar en que parte del bosque está este árbol y hacia donde debo caminar, me paro justo enfrente y decido ir hacia la derecha, en línea recta hasta donde encuentre asfalto, si logro encontrarlo es casi seguro que encuentre el auto.

            Sigo caminando y ahora pienso en que todas las cosas que me maravillaban de las caminatas nocturnas por el bosque ahora me abruman, si no tengo suerte podría morir aquí, solo, sin ninguna persona que lo sepa hasta que, al día siguiente me encuentren congelado, tirado en la mitad de la nada, empiezo a comprender que mis caminatas de escape no me han servido de mucho, quizá si pueda alejarme de todos y tener un poco de tiempo para pensar, pero sigo estando conmigo mismo y ese es el mayor problema. De pronto logro distinguir algo entre los árboles, <<Un fantasma>> me detengo de golpe a contemplarlo detenidamente, no es un fantasma, es algo blanco que cuelga de una rama, me acerco con cuidado y lo arranco de un tirón, es una tela, semitransparente, ligera, está algo sucia, parece una mantilla o un velo de novia. << ¿Qué es esto?>> lo observo con detenimiento con la poca luz que tengo disponible, el tenerlo en las manos me causa una sensación desagradable, cómo si tuviera en las manos algo muerto, la parte mutilada de un ser vivo, un objeto que le perteneció a alguien, de inmediato lo boto al suelo y sigo caminando, al alejarme apenas unos metros escucho un susurro detrás de mí, volteo y veo la mantilla detrás de mí, a unos pocos pasos, me extraña pero sigo caminando, ahora con más decisión que antes, con cada paso que doy escucho un susurro detrás de mí, pero ya no me detengo ni volteo hacia atrás, lo único que quiero es salir.

            Habiendo caminado al menos 10 minutos más y acostumbrado al susurro a mis espaldas, algo me hace tropezar, caigo pesadamente en una piedra afilada y me rasgo el pantalón, tengo una herida, no parece grave pero sangra, -Puta madre.- cuando me inclino para ver mejor la herida algo llama mi atención, naciendo de la tierra, entre las piedras donde caí hay varios antebrazos humanos con manos, y las manos se mueven, me tallo los ojos y los brazos sueltos desaparecen, pero en su lugar encuentro a la mantilla deslizándose entre las rocas cómo una serpiente, al verme se queda repentinamente quieta, pero juro que la he visto moverse, -¿¡Y TÚ QUE PUTA MADRE HACES AQUÍ!?- Le grito. –YO TE DEJÉ TIRADA MUCHO MÁS ATRÁS, ¡¿CÓMO MIERDA LLEGASTE AQUÍ?!- la tomo con furia y la amarro a una rama del árbol más cercano. –QUÉDATE AQUÍ HIJA DE PUTA, NO ME SIGAS, QUIERO IRME YA, QUIERO IR A MI CASA Y DORMIR HASTA QUE SEA MAÑANA.- antes de irme camino dos pasos y la veo por el rabillo del ojo, un poco de viento la agita en la rama, parece que me observa, parece que se burla de mí, sigo caminando y pienso en lo que acaba de pasar, ojalá estuviera con alguien, ojalá no estuviese solo en este bosque de mierda volviéndome loco con velos que se mueven por si solos, si estuviese acompañado podría validar el hecho de que se movió o no, lo mejor que puedes hacer cuando dudas de la realidad es acercarte a alguien, se necesitan al menos dos votos para cerciorarse de que la realidad es real y si eres el único capaz de ver la visión te llamarán santo o loco, ambas derivaciones de la misma demencia o de un divino regalo otorgado por dios nuestro señor, pero eso no importa, lo que importa es que tengo que salir de aquí.

            A lo lejos puedo contemplar que se terminan los árboles y empieza el asfalto, por fin, ahora sobrevivir y volver a casa no parece tan lejano, sonrío por primera vez en días y apresuro la marcha, los ruidos continúan y mientras más rápido camino más parecen intensificarse, me siguen el paso, me están acechando, yo sólo quiero salir de ahí
-SHHHHHHHT.-
-Oye, voltea aquí.-
Una voz salida de ninguna parte me obliga a girar la cabeza y si, acertaste: la mantilla está atrás de mí, arrastrándose por la ahora escasa hierba y hojarasca, no pierdo el tiempo y echo a correr, esto definitivamente no es cosa mía, yo toqué a la puta y la amarré a un árbol y ahora está detrás de mí, persiguiéndome, no es igual que oír voces o ver cosas que no existen, yo la amarré con fuerza, la sentí en mis dedos, eso significa que es real, corro, corro cómo un demente y con la mano en la bolsa de la chamarra aprieto los botones del control del auto, escucho la alarma y veo el destello de luces que provoca, yo sólo quiero salir de ahí, corro, corro cómo nunca y llego al auto, lo enciendo y salgo disparado.

            En el camino de regreso a casa me sorprenden los primeros rayos de sol, definitivamente me siento mejor, aún bastante mal pero la victoria de sobrevivir me sienta bien, pienso en llegar a casa y tomarme un buen vaso de leche con chocolate, dos tabletas de vitaminas y dormir hasta que se acabe el mundo, al llegar a mi hogar, me encuentro con mi padre que sale a trabajar, me mira extrañado. -¿De dónde chingados vienes?-
-Fui a caminar un ratito, pero ya regresé.-
-Ya ni la chingas cabrón, al ratito platicamos.- me da un beso en la mejilla y sale hacia el trabajo, entro a la casa, me preparo el chocolate, me tomo las vitaminas y me acuesto a dormir en el sillón, sin embargo no estoy cómodo, algo me perturba y no me deja descansar, despierto a la media hora sudando y temblando, volteo a ver el reloj de la sala y en el trayecto mi vista se detiene en un punto: y si, acertaste otra vez, la mantilla estaba ahí, amarrada al picaporte de la puerta. Quizás en todo el alucine la traje cargando, aunque realmente ya no sé ni que creer, recuerdo un cuento similar a mi historia en alguna parte, al final del cuento todo se solucionaba quemándola.

Camino derecho a la estufa y enciendo una hornilla, tomo la mantilla con unas pinzas y la acerco al fuego. La veo consumirse despacio y lloro, lloro cómo un loco y cómo un niño, siento las lágrimas calientes rodar por mis mejillas, cómo lava volcánica que me quema al interior, debo estar completamente loco, ya no quiero estar aquí,
ya no quiero,
me tiemblan las manos,
ya no quiero,
ya no quiero.

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