Anochece en la playa y tú no estás aquí…
Llueve afuera y tú no estás aquí…
He de decirte amor mío, que me siento como el mismo y todavía no soy… aún a esta altura de mi vida no tengo idea de quien soy… no se donde estoy, a donde voy…
Ahora, con el paladar harto del sabor de la libertad, no tengo otra cosas que agradecer profundamente a esa cohesión predicadora del orden… a esa fuerza que mantiene mi cráneo unido y mi encéfalo inflamado…
Y aún recientes los recuerdos, flotando en su irrealidad azul, van y vienen dentro de mi demencia…
Es dulce el sabor de la libertad, el aire que golpea mi cara, que penetra mágico a mis pulmones… soy uno con el todo y el todo ahora forma parte de mí…
Bendita sea la lluvia que me moja en el mar, que me hace sentir apenas consiente, vivo e infinitamente pequeño comparado con lo que me rodea…
Bendita sea la noche, enredándome y absorbiéndome en sus tramas, llevándose mis más profundas nostalgias y tristezas al ritmo de las olas que mojan mis pies, mismas olas que arrastran mis redes y las llevan donde ellas quieren y donde no puedo verlas, para que cuando finalmente llegue el momento de sacarlas, me encuentre con los frutos del agua, con nuevas sorpresas, aprendizaje y vida…
Bendita el hambre, bendito el frio, bendita la sed…
Bendito sea extrañar mi otro mundo y aún más bendito este, por que me recuerda aquel, a las tantas y tantas caras familiares que tonta y generalmente no valoro, bendito el destino, que me ha regalado brazos y espalda fuertes, que ahora son útiles… para trabajar… para resistir…
Bendito el tiempo que estuve lejos para entender tanto y tanto, para extrañarte cada día más… para terminar de amarte… quizá, ahora soy más sabio… quizá sea más viejo… pero aún siento, que jamás, que nunca sabré nada… =)