domingo, 20 de septiembre de 2015

No te enamores de un poeta.


-No me fue fácil botar a Gabo.- me escuché a mí misma decir una vez en una fiesta cuando me indagaron por millonésima vez dónde estaba él. –Es un buen hombre, pero está absolutamente perdido. Está enfermo de algo grave, se le ve en los ojos.-

Es que tenía una manera de verme y no verme que me ponía de malas. Parecía que así lo veía todo. Cómo alguna clase de ciego que mira hacía las sombras sin fijar los ojos realmente en nada. Cómo deben ser los ojos de los murciélagos cuando salen a la luz.

-Voy a mostrarte a ti y al mundo cuan equivocados están.- Solía decirme.- Voy a encerrarme 50 años a partir de mañana y escribiré libros, cientos de miles de mis palabras pesarán sobre los hombros de los hombres. Voy a verter por sus gargantas la mierda infecta de los tifosos, la pús de los leprosos, la sangre de las poseídas, la tristeza de los desolados, el polvo de hueso de todas las tumbas.
Y verás, serán tan geniales mis obras, tan compactos sus copos, tan apretado el intersticio de su materia que tras de mí jamás habrá sombra, luz, magnetismo, ni nada. Voy a crear un vacío tan grande en las ya desoladas almas de los hombres que cada ojo que toque mis ideas implotará, será mi corazón desnudo el espejo o ventana dónde todos se sentarán para llorar.-  <<Eso es algo triste>> yo pensaba, mientras le daba otro trago a mi malteada y fumaba para evitar hablar de ello.

Tenía buenos y malos días, y yo siempre quedaba en medio de ellos. Los buenos días incluían sorpresas, masajes en la cama, rondas interminables de sexo salvaje, cenas aquí y allá y silencio. Una conversación agradable, fatua, pero elocuente.

Los malos días eran lo que más pesaba. <<¿Por qué no me besa? ¿por qué no me pide coger con él? ¿por qué no me escucha?>> -Te estaba yo contando…- intentaba retomar la plática mientras sus ojos deambulaban sin sentido en todos lugares. Me molestaba. Era cómo si persiguiera con la mirada miles de insectos invisibles. <<No se puede estar así, estar contigo… porque parece que se está con nadie.>> 

Constantemente me dibujaba con la lengua paisajes irreales, desdoblaba pecados hasta convertirlos en virtudes, cazaba mariposas, perseguía sombras, intentaba fotografiar momentos tan fugaces que ningún obturador o súper lente habría podido captar. Me agradaba mucho, pero me ponía mala no saber a dónde estábamos viajando. Sobre todo me enojaba que nunca parecía estar en ninguna parte. 

Él tenía esta peculiaridad que tienen pocas piezas de arte. Son hermosas cuando las ves desde la distancia segura que pinta la línea en el museo, pero si las ves más cerca notas el deterioro, las rupturas, los parches, capas y capas de pintura o líneas que no se conectan con nada, que no articulan en la obra. -Si tan sólo no insistiera en fumar antes, después y durante el sexo. Si tan sólo dejara de inventar reglas que romper, protocolos, si dejara de roncar, de trabajar sin parar y volteara a verme, tal vez si dejara de estallar siempre, de domar polillas, de canturrear bajito, de silbar mientras camina. Es esa perra manera en que se hace líquido sin perder cohesión lo que me tiene harta. Se me cuela entre los dedos cómo si no estuviera.-

Estar con él era estar doblemente sola, porque tenía que cargar incluso con ese vacío detrás suyo. Decidí que conmigo misma bastaba. Empecé a rehusarme a contestar sus llamadas, a verlo, a seguir saliendo. Prontamente llegó uno más normal que él y tuve que ser feliz. Al fin tuve la adulación que quise, la atención que tanto necesitaba. Nada de sube y bajas, nada de sorpresitas, pero la vida monótona también fastidia. –Ahorita estoy sola.- Miento a cada extraño que me intenta ligar en alguna fiesta. Luego me dejo llevar a dónde sea y obtengo lo que mi normalito no puede darme. Pero no hay nada que temer, tengo casa, comida y un tapete humano que siempre me dice (sin importar la hora que llegue) -amorcito, ¿Cómo estuvo tu día?- 

-De Gabo extraño….- Me quedo pensando mientras me preguntan mis amigas… <<¿Qué extraño de Gabo?>> “Las palabras” me susurra una voz en la cabeza. 
–Nada, no extraño nada.- declaro.
-Eso ni tú te lo crees, Victoria.-
-Si me lo creo.- corto sonriendo.

Hoy llegué a casa y después de pisotear un poco a mi novio me encerré a buscar a Gabo entre sus palabras. Era más bonito en palabra que en persona, eso puedo asegurarlo. Me encontré con esto, algo que me hizo cuando recién empezamos. 

“El tiempo se detiene cuando toco tus labios.
Cuando me veo en tus ojos. 
Bajo la coraza, tiemblo
Me derrito y precipito a tu antojo

La luna reconoce que la noche se hizo
Para pensar en tu sombra

Para adorar tu huella en la tierra
La luz de tu cerebro.

Tu piel es de durazno lechoso 
líbido edén, infierno celestial
ay de mí las noches que surges de entre los cielos
que bajas por mí al abismo y me llevas
a soñar con prados dónde pastan
Seres asombrosos que vuelan hacia la punta de tus dedos.

Me gusta cuando caminas con firmeza
Y te derrumbas como estatua
Porque naciste para eso:
Para ser escultórica

Todo grita el contacto con tus ojos enormes
Todo baila, acompañado entonces
de las delicadas notas de tu perfume
delirio musical que mi nariz resume

Tu pelo es una selva de grandes pájaros
todo en ti es grandeza
fuego cálido de espera
Manantial hermoso que llena los cántaros

Ah la dicha de tenerte entre mis manos
Y la dicha de morder tu carne
de rodearte con mis brazos
de que vivas en mi sangre

Y pensar que te tengo
estar contigo es una locura
se siente cómo un sismo eterno
son explosiones en el cielo 
poseer tu blancura, elemental,
Dulce, ácida dulzura.”

Es por eso que hay tantos poemas que rezan “No te enamores de un poeta”

Sin duda, una advertencia bastante seria. Hay que tenerlo siempre en cuenta.

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