Hoy no fue mi día, quizá tampoco lo sea mañana
Sin embargo estoy aquí, escribiendo porque lo necesito, las
noches frías de invierno han vuelto y poco a poco han mermado mi coraza hasta
dejarla medio rota y sin duda que se me están metiendo a las venas algunos
recuerdos ingratos, cómo bacterias que esperan colonizar una herida abierta,
las heridas que abren los inviernos. “Y quizá no todo sea tan malo” me repito
sin llegar a convencerme del todo, mientras me enciendo mi catorceavo cigarro
del día y miro a la ventana esperando… esperando… esperando que la vida pase y
que cuando abra los ojos esté de la mano con una mujer colosal, de dos metros,
a las faldas de una montaña lejana y nevada, y que ella me apriete y me pregunte
si estoy listo… y ahí se queda la pregunta. ¿Estoy listo?
Y es que no entiendo cómo voy a llegar a ello, los pasos que
tengo por delante no aparecen normalmente definidos cómo casi todo en mi
cabeza, supongo que mi paranoia no tiene todavía ese alcance de mostrarme el
futuro con exactitud. Y de cualquier manera no importa, porque ahora estoy
atascado en el lodo de la inmundicia sistemática, esclavo del petróleo, <<bicho
raro>> me gritan las voces de todos ustedes dentro de mi inconsciente.
Marginal y marginado por decisión propia y dios no lo quiera, porque es lo
mejor para todos. Claro que hay un enorme impulso que me quema por dentro y me
dice que me coma el mundo porque ni es tanta pieza, que yo soy más pieza y que
puedo lograr cosas grandes si me lo propongo. Y vaya, cómo lograrlo si el
sendero parece lleno de baches y de manchas de aceite que alarmantes palpitan y
brillan con un azul siniestro diciéndome “Don´t even try, kid…” I´m gonna fail…
cómo he fallado en nada de lo que no me he propuesto, cómo se van por descarte,
al drenaje de la coladera mental tantos planes, tanto propósito inútil que
nunca quise aceptar. En lo único que he fallado y siempre he buscado con la
mano bajita es en morir.
Y nada, no tengo los huevos suficientes para dejarme morir,
para tirarme en mi inmundicia mientras inundo mi cuerpo con mierda, tirado en
el piso de un departamento pequeño con un alfombra café, con manchas de sangre,
vino y vómito, mientras me pierdo en los laberintos de un vinyl de Floyd o en
algún enloquecido jazz sin sentido. Coño, soy un fantasiosoSuicidaBeatnick, no
puedo terminar así. Tampoco tirado en la calle, cómo perro sin dueño,
completamente demente y habiendo pasado días sin comer.
Salí por otra cajetilla de cigarros mientras me fumaba el
último de camino a la tienda, vaya que está haciendo frío, tres fumadas y
estaré bien… quizá ni siquiera es tan temprano, si algo he entendido es que
nunca es demasiado tarde, de camino a la tienda me va siguiendo un perro, uno
nuevo, uno que nunca me había seguido. Compré mis cigarros y caminé por una
ruta que nunca tomo, el perro seguía conmigo. Me detuve, saqué otro cigarro y
lo encendí. Le extendí la mano y él de inmediato acepto con su cabeza, le
rasqué las orejas, me rasqué las mías. Al final el perro entendió que yo no
podía darle nada y se fue caminando cuando pasaron los perros del señor de la
basura. Yo me quedé ahí dos segundos, tuve ganas de orinar y lo logré en un
arbolito que está medio lejos de una farola, caminé de regreso a mi casa y
escribí esto. Mañana tal vez sea un gran día, y el sol salga y el acertijo
quizá se haya resuelto en mi cabeza.
La verdad no importa.
La verdad no importa.
Ya me siento mejor.

