¿Que culpa pude tener? Cuando el desdicho pálido, merodeante y siempre sentado a mi lado… como un enorme perro negro, dispuesto a ser mi mas allegado aliado, o mi mas acérrimo enemigo… cuando la perra soledad estaba también siempre aquí…
¿Cómo poder pedirte que desistieras?... no por mi… pues al final de todo, yo no soy mas que un fantasma, un alma vieja en un mundo que no comprende, ni desea con anhelo pájaro comprender… que desistieras por el amor podrido mismo… incompatible con la vida… defectuoso, que débil se creía enorme… como pedirte que cesaras… por tu aprecio hacia lo “humanitario” por tu respeto absurdo hacia el amor mismo… por su demencia, por su incongruencia…
Pero heme aquí… pálido… necrosado y pervertido… lleno hasta tope de hartazgo, nicotina, alquitrán y de los tristes venenos inservibles que fluyen de mi boca… que salen de mis manos… si, aquí está tu demente, amándote sin alas… odiándote y amándote sin alas… odiando mi destino… en este vagar loco y frágil, buscando una pizca de esperanza en el cemento, deambulando inútilmente, pensando en regalos, en abrazos, en follarte como a una hembra, bestial, incomprensible, absurdo… buscando tu aroma de perra en celo, con el olfato perdido… sinartrótico y hemipléjico… con la corteza destrozada, apoptótica… a la sombra fría de un árbol muerto, donde aun me siento a pensar en ti…
1 comentario:
Crudo, pero bueno, muy bueno...
Publicar un comentario