jueves, 5 de mayo de 2011

Un fiambre de mierda...

Ni bien el hombre tocó la tierra con sus pies, el caos fue desatado; todos, manada, borregos yendo y viniendo malgastando sus inútiles vidas sin propósito y en medio de todo estaba él.

Era el hombre, sin culpa y culpable como todos, el hombre sin herencia, sin ropa y sin banderas y no se distinguía entre los otros, los otros que eran él, cuando vivió crecía y al paso inmisericorde del tiempo el era todo y era nada y apenas estaba, temblando, muriendo y renaciendo cada segundo, encerrado en confusos círculos dentro de otros círculos, condenado fatalmente a vivir como vivía, a ser hombre, parte de la manada, confundido y preguntando donde estaba.

De aquel hombre me acuerdo y no pasó el tiempo cuando él no lo quiso, fue gris, verde, negro, de profundo azul metálico y de todos los colores que existen, blandía como espada una lengua cortante que hería con palabras que ya se llevaba el viento, desperdicio notable de ideas y elementos, vaya mierda malgastar la vida así.

El martillo resbaló de sus manos en un momento, quebrando huesos, incomprensiblemente absurdos, enajenado en la televisión mental que le mostraba lo que él quería ver.

Vagaba pues el hombre en el mundo y sus pies fueron raíces, su aliento el viento y sus lágrimas el agua que arrasó con todo un pueblo de ideas, de profundos problemas, de catástrofes ilusorias que no importaban porque al final todo era igual, porque los círculos giran y se retuercen en sí mismos y no piensan parar.

-Vaya mierda ser parte del todo, ser el centro mismo y no ser nada, estar y no estar.- y los demás borregos balaban y lo miraban de reojo con lástima, pues él se negaba y era arrastrado al mismo tiempo, era igual de lastimero que un pájaro sin alas, un gato sin patas y un gorrión sin canto, no porque el destino cruel en sí mismo, lo hubiera limitado, era porque él se había cortado las alas, se había mordido las patas hasta dejarlas inservibles y al diablo le vendió su voz.

Él fue, es y será el centro, es todo y jamás será nada, un desperdicio, una mierda.

Y allá va el perro, encerrado en este enorme cuerpo que le estorba, va caminando, al gran amontonamiento de huesos humanos.