domingo, 20 de junio de 2010

A veces...

A veces siento que te quiero más que el día anterior…

A veces, cuando te tengo cerca no siento dolor… brilla el cerdo por su ausencia… y supongo que me gusta…

A veces, tenerte a mi lado, sentir tu respiración, cálida, llena de tu aroma, ese aroma que me vuelve loco, me eleva, me llena… me mata…

A veces, escuchar tu voz, saludarte en la mañana cuando aún el hermoso sonido que sale de ti no tiene su usual modulación, me hace brincar el corazón, deja de funcionar mi cuerpo… se sacude, se retuerce y contuerce todo mi sistema… se pierde el equilibrio entro en la catarsis de la entropía del amor…

A veces estando contigo sueño despierto… sueño que somos viejos y que gozamos del milagro de amarnos tanto en la mesa como en la cama… y llegamos a esa felicidad, la despreocupación de todo, nuestra soledad compartida… tan felices que todavía agotados retozamos como conejitos y nos mordemos como perros… y cansado maldigo al tiempo que pasa lento cuando no estoy contigo y que se me escurrió de los dedos cuando te tuve a ti…

A veces eres la solución a mi atormentada alma… a mi mente vagabunda e incoherente… a veces soy un perro triste… perro que te deja en tu puerta y vive el momento más difícil del día… que como un adicto no puede dejar de pensar en la próxima vez que va a tenerte… para él… para los dos… entera, hembra… mía…

Y pienso en nuestras historias todavía no escritas… pero ya predestinadas por un “algo”… y me rió de mis errores tontos… y siento un hoyo en el estómago en medio de ese sueño, que no es sueño de cansancio y hartazgo… no es el sueño que sentí toda mi vida… es un sueño que es más parecido a la paz…

A veces se que me haces falta… todo el tiempo…

A veces, solo quiero que esos “a veces” duren por siempre.