miércoles, 26 de mayo de 2010
un dia viví cansado...
Faltaba prácticamente nada para terminar… un retoqué aquí… corregir el error de acá… dos comas aquí… un acento… la redacción… ¡su puta redacción!
Empezaba a sentirme molesto por tener que hacer el trabajo de los demás… como si no fuere suficiente lidiar con mis propias responsabilidades, con mis problemas, conmigo mismo… me senté en la orilla de la cama, me troné los dedos… el cuello… respiré hondo y fatigado… sentí como si respirara por primera vez en mucho tiempo… son curiosas las cosas que puede uno pensar cuando está cansado… intenté recordar la primera vez que respiré… no pude…
Las imágenes que veo en mi cerebro no corresponden a mi supuesta salud mental… “tranquilo wey, estás cansado…” me miento… yo se que estoy cansado… pero no es la primera y seguramente no será la última vez que veo eso… siempre he tenido profundos miedos… a mi mente… a los alcances potenciales de mi imaginación… viví silenciosamente la aterrorizante experiencia de no recordar el camino de vuelta… olvidar cuantas puertas abrí y en que cuarto me quedé… la irrealidad en mi cabeza es fácilmente confundible con lo que me rodea, lo que si es “real”… muchas veces no pude distinguirlas y separarlas…
Mis fobias son victorias de mi soledad y decrepitud… he ganado y perdidos guerras internas por simple, llana y asquerosa soberbia… entendí entonces con lastimera clarividencia que mi amargura de corazón, a la que a tantas y tantas pobres almas ha amargado, mi mala hiel se debe a una lucha a muerte entre el amor mismo, sin medidas, incuantificable y una cobardía invencible… siempre ha triunfado el miedo irracional que le tengo a mi atormentado corazón…
Me pregunté entonces si no era preferible acostarme de una buena maldita vez en la sepultura… pedirles a mis amigos y familia que de a poco me echaran tierra encima y rogar a dios, que los gusanos me tragaran vivo… quise gritarle al universo si en verdad creía que la gente estábamos hechas de fierro para soportar tanta pena y mortificación y mientras más lo pensaba más atizaba el fuego de la ofuscación y mi ira se desbordaba como espuma de jabón…
Quise gritar, quise huir, maldecir y matar al tiempo, matar al destino y a mis condenas… quise sacarme del corazón el infinito montón de malas palabras que había tenido que tragarme en casi 20 años de conformidad y cagarme de una puta buena vez en todo.
“-¡¡¡MIERDAAAAAAAA!!! ¡¡¡PUTA MADRE!!! “-¿que te pasó hijo?” -nada mamá… me pegué en el pié...”
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