martes, 24 de enero de 2012

Y el mundo sigue andando...

Salí entonces de pronto a la realidad… no pude haber predicho lo que vi. Cientos de hombres de grises miradas, que olvidaron perseguir sus sueños y los sueños volaron, alto cómo pájaros que se convirtieron en inalcanzables estrellas y se perdieron en los confines de la tristeza y la irrealidad. Hablé con ellos, les pedí y nadie pudo escucharlo. –Déjenme pertenecer a su realidad, también creo en lo que ustedes creen, también siento que la vida es igual a las ganas de aguantarte la mierda. También sé que hay personas buenas y malas, lo escuché, lo se todo, déjenme entrar…


SIN RESPUESTA… NADIE LO ESCUCHÓ.


Me hizo sentirme triste… imaginé a mis futuros hijos entre esta gente, que calla cuando hay que gritar y grita cuando hay que callar, personas que dan medallas o los criminales… que los vuelven héroes, ¿Todo se resume a eso? ¿De verdad hay que esperar sentado a que llegue la muerte y la calle esté vacía y no llena de su inmundicia?  
Caminé entre sus calles y me sentí solo, vi a algunos vomitar sus ojos en las aceras… Los vi recogiendo basura y comiendo de los botes, mirando la televisión, sentados cómodamente en medio de la nada creyendo que poseían algo… que algo en sus vidas valía la pena para vivir… cosas absurdas.


Caminé y  vi un perro en la calle. -Hola amigo, ven. El perro me vio dudativo y finalmente se me acercó. – ¿Estarás perdido? ¿Quién te habrá botado? El perro dejó que le acariciara las orejas y empezó a caminar conmigo… caminamos por horas, entre calles, escuelas, prostíbulos, bares y barrios bajos… De pronto unos niños en una calle empezaron a gritar –Miren, un perro… hay que matarlo. Y empezaron a apedrearlo… me interpuse entre él y los niños pero las cosas no cambiaron… empezamos a correr de ellos para encontrarnos con un grupo de imbéciles que intentaban secundar a los niños… tuvimos que atacarlos, mi perro los mordía y yo pateaba sus cabezas con toda mi fuerza, lanzaba golpes como un loco y trataba de salir de ahí… pero cada vez eran más y más… desperté en un hospital y me dijeron que mi perro había muerto.


Me levanté de mi camilla y caminé hacia fuera del hospital, a nadie le importó… estaba lleno de sangre molida, cojeaba de la pierna izquierda y todavía me colgaba el catéter del suero, tenía feas marcas en forma de ostras debajo de mi piel, un ojo casi cerrado y una sutura en la frente, pero estaba vivo y eso era importante… 


Pasó algún tiempo, mejoré e intenté hablar con ellos, me dijeron que estaba loco y me encerraron en un manicomio; las cosas pasaron, la vida se abrió paso a carcajadas de quijada desencajada… encontré amigos, una novia hermosa y me di cuenta de que todo estuvo  siempre ahí, en otra frecuencia, en otro lugar… un lugar que estaba fuera de su entendimiento … salí del manicomio y respiré el aire real… los vi de nuevo y me di cuenta que de pronto un día me dejaron de importar, todavía los veo deambular por ahí, gritando, palpitando, muriendo y naciendo sin control… y no me ven, pero de vez en cuando saben que existo por que hago algo que les parece extraño.


Con eso basta,  mi me parece bien.


Que se jodan los mierdas.

martes, 10 de enero de 2012

Dicho estuvo siempre, nunca lo supe y quizá nunca lo sabré.

Teniendo un padre cómo el mío era perfectamente comprensible que yo estuviera loco. La historia familiar no era buena, toda la familia ha estado llena de locos y majaretas; algunos han estado en la cárcel; otros son adictos, estafadores, secuestradores, asesinos, golpeadores de mujeres, polígamos, cabrones, apostadores, usureros y todos hijos de puta.

Mi papá es un hombre por lo más excéntrico y chiflado; cómo todo hombre recio reprime siempre las partes de él mismo que considera lo vulneran, que lo hacen débil. Nunca un abrazo, nunca un te quiero. Vivir con él era una montaña rusa, había días muy buenos donde reías a carcajadas, regalos, cosas de las que te acuerdas con nostalgia, buenos momentos y de manera particular bromas pesadas que terminabas entendiendo como un “Te quiero”

Pero no todo fue así. También había días malos, días largos e insoportables donde todo eran silencios incómodos, enojo, regaños, falta de atención y había palizas. Mi padre me golpeaba por todo lo que no le parecía bueno, tundas y cinturonizas por mala conducta en la escuela, por orinarte en la cama, por cagarte en los pantalones, por contestar, por no contestar, por dormir, por no dormir, por no trabajar, por olvidarse de las cosas, por salir tarde a la escuela; si lloraba era chinga doble; por acusarlo con mamá, por no comer.
Nunca entendí del todo a mi padre, supongo que castigaba en mí las cosas que le molestaban en él mismo; ahora que soy un adulto me pregunto: ¿Cómo podía alguien que orina en botellas en todos lados y todo el tiempo por qué su vejiga es “débil” castigar a un niño por orinarse en la cama? Mi papá me prohibía siempre cosas que él hacía todo el tiempo. ¿Cómo podía alguien que se caga en todos lados golpear a un niño por qué no controla la mierda? ¿Cómo un hipocondriaco selectivo de la comida (él no comía cebolla, cascaras de jitomate, piel de pollo y vomitaba sin contemplaciones si una de estas cosas se le cruzaba en la boca) podía reprimir el deseo de un hijo de no comer algo que no le gustaba? ¿Con que valor? Te levantas en la mañana y te ves al espejo y que piensas ¿Soy un buen papá?

No puedo culpar a mi padre; él tuvo su propio padre que fue un mierda y sin embargo lo quiere (a veces); tuvo un padre que jugaba fortunas en el hipódromo y que jamás le dio un centavo para un caramelo; al contrario mi papá siempre me ha dado a manos llenas. Mi papá tampoco fue un ebrio como el suyo, mi padre jamás engañó a mi madre cómo lo hizo el suyo muchas veces; mi papá me llevó a la escuela hasta la secundaria y siempre procuraba que fuera, incluso aún cuando estaba enfermo, su papá al contrario lo sacó de la escuela junto con todos mis tíos desde que era un crío. “Llévate dos docenas de calcetines cabrón y no regreses hasta que los hayas vendido todos…” 
Yo le ayudaba en vacaciones; siempre fui un niño grande y fuerte y papá supo aprovecharme… a mí en realidad no me molestaba. Es que acaso ¿a los bueyes les molesta jalar los arados? Todos nacemos con facilidades y habilidades, nadie debería negarlas, algunos somos fuertes, inteligentes, torpes y otros son ágiles, astutos, engatusadores… al parecer de mi padre los dioses no me habían favorecido mucho, siempre sentí que no era lo suficientemente bueno, que me odiaba… que quizá yo era adoptado y no había salido como ellos querían; es cuestión de enfoque.

No puedo acusar a mi padre de ser un vale madre, intentó protegerme y lo hizo tan bien que logró sobreprotegerme y ahora sé que eso fue terriblemente malo; los adultos debemos entender que los niños no son tontos y que cuando salen al mundo y lo ven como en realidad es. Una mierda, la falsa promesa de la gran puta de tetas llenas de leche deliciosa, que te harán crecer gordo, feliz y que la realidad es que la puta no es más que una mula vieja y si tienes suerte va a patearte en la cara y a matarte. Son golpes duros para un chico ¿Saben?

No puedo culpar a mi padre por qué no tuvo nunca tiempo de madurar, nunca nadie le enseñó el valor de un “hola” “te quiero” “eres importante para mi” toda esa mierda que necesitamos las personas para sobrellevar la vida, para aguantar; aunque no haya luz al final del túnel y el queso no esté bajo la caja, aunque en la calle la gente coma gente y perros y su propia mierda todo el tiempo.

Ahora entiendo que somos el reflejo de nuestros antepasados, que hay mucho que heredarle a un padre. Yo tengo su nariz, su cabello, su voz y muchos, muchos rasgos de su personalidad; mi papá falló al intentar cambiar eso en mi, sin proponérselo hizo todo lo que no debió hacer; mi destino era ser tal y como soy: un mierda cabrito judío, loco de atar y amolado desde nacido… Estaba escrito en el gran libro desde siempre.

Sólo espero dejarles a mis hijos mi nariz, cabello, ojeras, tamaño, fortaleza y menos de sus antepasados.

Todos locos, todos mierdas, todos hijos de puta, sobrevivientes de graves voces y ojos salvajes, una gran estirpe, sin duda.