martes, 24 de diciembre de 2013

Las moscas de Quinto.



Me detuve en seco luego de escribir un par de cuentos de un viejo loco que rebanaba niños en su casa, mientras veía en la televisión, a un tipo con cara de muerto que le deseaba felices navidades a los espectadores. Me estiré en mi silla y recargué la cabeza, miré al techo y di un gran bostezo. Bajé al refrigerador por una cerveza, me la bebí de golpe y me fui a la cama. Al otro día encontré a aquel extraño señor de sombrero blanco, del que apenas puedo recordar su cara pero jamás olvidaré su nombre, que hacía tan hermoso juego con el sombrero blanco. Don Quinto. Peculiar nombre, Quinto. Curiosamente él no había sido el quinto pero si el primero de cinco hermanos; toda su familia estaba muerta, tenía en aquel momento 95 años, pero estaba entero y cuando digo entero me refiero a disminuidito y minúsculo, pero funcional, todavía cuerdo.

-¿Quiubo viejo?- Me preguntó cuándo me lo encontré de frente en el parquesito de la esquina. Estaba impecable, con sus pantaloncitos blancos y una chamarra tan chiquita que le hubiere quedado a un niño de 10 años, llevaba una bufanda gruesa, de alegres colores y un guante blanco y uno negro.
-Hola Quinto, ¿cómo estás mano?- Le pregunté
-Pos aquí andamos.- Me dijo
-¿Por qué tan tapado hombre?, ni hace tanto frío.-
-Ira viejo, te vo´a decir algo que me enseñó mi abuelo hace muchos años. Él decía “Estando yo caliente, ríase la gente”.- No pude evitar soltar una carcajada.
-Te digo pendejo, ríanse cabrones, los que sufren son ustedes.- Me respondió con una sonrisa tan brillante que llenó de luz todas su arruguitas.

Solía pasear con Quinto de vez en cuando, lo acompañaba, que al mercado, que a sacar su dinero de la pensión, que a cortarse el cabello y cuando no tenía dinero a veces yo se lo cortaba. Éramos dos solitarios y a ambos no nos quedaba prácticamente nada. Pero éramos buenos amigos, aquel día, cuando regresamos a su casa, me sentó en la sala y me ofreció café y cerveza. Él ya no bebía, pero se daba a la tarea de comprarme mis cervecitas para que cuando lo visitara la pasara bien. Le di las gracias y me quedé en silencio.
-¿Y qué te preocupa viejo?- Me preguntó.
Me quedé otro medio minuto en silencio, observando el piso, inhalé y suspiré una respuesta poco convincente.
– Son las fechas, no me gustan las navidades. No puedo quedarme solo en Navidad, me dan unas ganas terribles de colgarme.-
-No, pos tú ´stas loco viejo.- Me respondió. – Polvo somos y en polvo nos convertimos, de la tierra misma, de ahí semos, que nunca se te olvide. Uno no se muere cuando debe si no cuando puede. Así que ni te preocupes.-
Hice una mueca. –Son cositas de las que uno se acuerda.- Le dije. – Pedacitos borrosos de una película triste. Y la gente y toda la falsa redención, ya ni se… pero ya sabemos que si estoy loco.-

Entonces, ladeándose un poco el sombrero y apretando entre sus manitas nudosas la tasa de café me dijo:
– Lo que tú sientes son moscas en el techo.-
-¿Moscas en el techo?-
-Ajá.- Nos quedamos callados un rato, Quinto desvió su mirada de mis ojos y vio hacía arriba, como si estuviera mirando una película en una pantalla invisible. –Yo trabajaba hace muchos muchos años en un molino de nixtamal, nos dedicábamos a moler el maíz y ya de ahí se mandaba a diferentes procesos, era un molino grande pues, el tambo era más o menos así.- Me dijo mientras me señalaba con la palma una altura un poco debajo de su pecho.
- En verano se nos mosqueaba mucho, entonces pos cómo no podíamos fumigar, le echábamos cal a la pared, o andábamos ahí aplastando a las moscas de un peridicazo o lo que fuera ¿verda´? Tonses un día estaba yo trabajando y ahí también estaban los hijos del patrón, chiquillos los chamacos.-
- ¿Y luego?-
-Estábamos descargando maíz de una camioneta y les dice aquel pendejo a los niños. –Mijos, pónganse a espantar moscas. Les vo´a dar 10 centavos por cada mosca que maten.- y era pura mentira. Pero bueno, ya casi acabábamos de descargar la camioneta cuando que se oye un gritadero y lloradero adentro y fuimos corriendo. Cuando llegamos el más chiquito estaba envuelto en sangre.- Me dijo. Yo me quedé impactado.
-¿Cómo sangre? ¿De dónde?-
- Se había agachado para espantar una mosca con su manita, cerca del tornillo que jalaba el maíz al molino. Cuando se agachó, pos cómo estaba chiquito, se agarró de la palanca que activaba el tornillo, se espantó y se cayó, pero metió la manita en la caída. Aquella madre rápido se la agarró y se la hizo tiritas vaya. Ya rápido se lo llevó al médico y le alcanzaron a salvar la vida. Pero la manita la perdió. De aquel día el patrón le agarró un odio terrible a las moscas, mosca que veía, mosca que mataba, no pasaba una que matara y le susurrara despacito “por hijas de la chingada cómo tú mi hijo perdió su manita” y ya.-

-Pero nadie tuvo la culpa.- Le dije.- En todo caso el culpable fue él, por pedirles a los niños que las atraparan.-
-Eso mismo creo yo, el problema estaba en cómo se lo tomó. Todavía viejo, lo fui a visitar cuando estaba a punto de irse a Morelia, ya estaba loco en ese entonces el pobre hombre, se le brincaban los recuerdos y me decía, fíjate bien lo que me decía viejo.
–Oye Quinto.- Me decía – No dejes que se metan las moscas al molino porque al niño le dan mucha curiosidad, a Luisito, ya ves que perdió su manita.-
Para ese entonces el tal Luis, hijo del patrón pos ya también era un hombre grande. Pero es lo que te digo, uno no suelta…-
En ese momento bajó despacito la taza de café, y con ambas manos sujetó mi mano derecha que reposaba en el sillón.
-Mijo, nadie puede cambiar las cosas, el pasado está atrás y no hay nada que puedas hacer al respecto, somos lo que somos por todos esos momentos. Y de eso, puedes cargarlo en tu conciencia e intentar reprimirlo matando moscas, o aprender.-
Me dirigió otra sonrisa gigantesca. Yo le agradecí por la atención, me terminé mi café y me fui caminando a mi casa, de noche, observando las luces que adornaban todo, por doquier.

Caminé mentalmente vagabundo, enloquecido y semi-dormido, por los destellos en las ventanas, por el helado viento en la cara y la oscuridad de la noche. Los recuerdos parecían salir de entre los árboles y se proyectaban en las ventanas, enmarcados por destellos que circulaban y le daban movimiento al cuadro. Miré a mis muertos salir de aquellos foquitos que prendían y apagaban, los vi acompañándome en la banqueta, al lado de las manchas de aceite en el pavimento, atrapados en la tubería de las casas, gritando dentro del cobre. Me contemplé en la ventana de una camioneta y me preocuparon las canas de la barba. Y así vagué sin rumbo hasta que encontré unos tacos abiertos, entré y pedí dos de pastor. Eran las 12:32 de un 24 de Diciembre y otra vez estaba solo. De camino de regreso a la casa pasé a un Oxxo y compré cervezas. Una cajetilla de 25 y un agua mineral, sabía que despertaría resacoso y bueno, me gusta anticiparme.

Me bebí la cerveza despacio en la oscuridad de la sala, mientras jugaba con mi linterna de policía, de led de aumento, con tres modos diferentes que incluían el estroboscópico. La apunté hacia arriba y miré su luz parpadear muy rápidamente en el techo, durante largo rato. Pensé en todo aquello que me recordaba esta época del año. Pensé en todos los propósitos rotos, en el implacable tiempo, que parecía acelerar mientras más viejo te volvías. Pensé en mi madre, en mi padre, en mis hijas… se me nublaron los ojos. Encendí la televisión y pasé canal por canal sin encontrar nada entretenido. Me bebí toda la cerveza y me fui a dormir. Desperté enfermo al medio día y me levanté con ganas de vomitar. Me bebí completa el agua mineral, de tres mordidas me acabé un huevo duro y me fui a dormir de nuevo.

Y dormido, soñé que despertaba, cansado, sin poder abrir los ojos, mientras escuchaba el zumbido de unas alas en mis oídos, volteaba buscando a la puta mosca y nunca la encontraba. Entonces luego por alguna razón estaba recostado en el suelo, y la mosca era ahora gigantesca, del tamaño de un colchón matrimonial, y frotaba sus dos enormes patas delanteras con malevolencia, burlándose de mí y susurrando “Sabemos la verdad
Fue entonces que del miedo me senté en la esquina del lugar y le dije a la mosca que se largara. Debajo de mí, corría un eje de izquierda a derecha, justo debajo. Era cómo estar sentado adentro del eje de las manecillas de un reloj y ese eje controlaba todo el plano horizontal, y entonces de algún lugar del sueño surgía una palanca que giraba ese eje de abajo hacia arriba. La mosca tomó con destreza la palanca y comenzó a girarla; El reloj comenzó a moverse hacía arriba, la mesa a mi izquierda, se repetía una y otra vez, cómo un engrane que con un click y click avanzaba, creando plano tras plano idéntico de mesas iguales, - ¡No eres más que una puta mosca!- Le grité enojado a lo cual me respondió con ahora una nueva cabeza que ya no era de mosca, si no que cambiaba de forma y expresiones, hablando con la voz y apariencia de mucha gente a la que conocí.
-No puedes cambiar nada, el pasado está atrás.- Lo cual me pareció bastante extraño.
-¿Tú no te vas ni con periodicazos verdad?- Le pregunté. Me sonrió, siempre cambiando de cara, cada segundo, todas diferentes pero con los mismos ojos redondos y abiertos y la misma sonrisa burlona.
-Pues chinga tu madre, no te vayas si no quieres, no voy a hacerte caso, vaya, ni siquiera me importa. Eres sólo una puta mosca.-

Dicho esto la mosca extendió su alas, grandes cómo vitrales, hechas de aluminio y vidrio de colores, de un aironazo emprendió el vuelo, pero ahora múltiples cabezas con caras diminutas le salían de extraños poros con forma de hexágono, repartidos en todo el espacio de la cabeza. La clase de imagen que adoraría un tripofóbico.
-Te estamos vigilando.- dijeron todas las caras, yo les extendí el dedo y finalmente, la mosca y sus muchas caras se fueron.
Desperté recordando cada detalle. Mientras me metía a bañar pensé en lo que me había dicho Quinto y en que habría significado mi sueño. Tomé las tijeritas inoxidables que tenía en la canasta del baño y le di una recortada decente a mi desaliñada barba, me unté con crema para afeitar y le definí límites con un rastrillo, al terminar me sentía bastante mejor, salí con la toalla en la cintura y me unté el after shave, me quemó la cara pero apreté con gusto los dientes, el viejo en el espejo me dirigió la mirada a los ojos, contemplé mi propio deterioro pero gustoso me di cuenta de que todavía había brillo dentro de ellos.
–Sólo son moscas, ¿verdad?-
-Son sólo moscas galán.- Nos (me) dije. Me vestí.

Voy a salir a una buena casita de citas, a cotorrear. Tal vez el otro año si me cuelgue en navidad, pero no hoy, <<Not today, baby>> antes de irme me senté a escribir esto. 

El mundo renace y muere todos los días. Pagan justos y pecadores, la vida se abre paso y alguien o algo con alas te vigila a tus espaldas, tal vez, a veces, te vuele cerca del oído, se te aparezca en el foco del techo y desde ahí arriba se burle de ti. Tal vez quieras dejar que te moleste, te enloquezca y termine contigo, tal vez te verías mejor con nieve artificial en el cabello, con el estómago lleno de pavo y esperando a que pase, otra vez. Sin la necesidad de atormentarte.

Vamos, se trata de que si tus heridas están podridas, limpies todo aquello que esté muerto y atraiga a las moscas, y te salves de todo, de ti mismo, otra vez.


Creo que si voy a lograrlo. 

Feliz navidad, hijos de puta. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Toma el dinero y huye, baby.



"Toma el dinero y huye" dijo alguien alguna vez, en la misma situación que todos nosotros, los esclavos sistemáticos.

Quieren que hagamos filas y filas de información acumulable, para que "Ellos" lo usen cómo escaleras. Porque todo es desechable, hasta nosotros mismos.

Filas y filas de cráneos cubiertos de pasto, cientos de hierbas diferentes creciendo sobre nuestros huesos, con colores asombrosos y diversos, poquito de todos, puntos rojos, grabados con sangre.

¿Qué esperan que pase con nosotros? ¿A dónde nos dirigimos tan vertiginosamente hacia abajo? ¿Por qué tenemos que estar encima de otros? Crecer es sólo hacia arriba, perderse es otra cosa.

Tick… tack… tick… tack, sonaba el reloj en la pared, el gato miró de reojo a la esquina y vio algo que nadie pudo ver y lo atacó. Hay susurros en las paredes, más sombras que pies. ¿Qué atacó el gato esa noche?

No más humo en el cielo, entre neblinas de humedades nuevas en donde todo era sequía, volarán nuestros fantasmas. Entre patas nuevas, entre lugares inhabitables, para nosotros.

Se muere aquel que deja que la corriente lo arrastre, que lo aten a la silla y con cables directo al cerebro le digan que hacer, que lo olviden, que se cubra de telarañas, con los ojos muertos, viendo la pantalla.

Work for pay and pay for freedom, fuck 'em all, we don't need 'em ” Esperan entonces que sigamos gritando a través de los muros de su indiferencia, mientras nos ahorcan, más y más.

Entonces, está dicho antes por alguien que no fui yo, pero ahora te entiendo carnal. Por los perseguidos, con una taza de café en la mano brindo por los que pueden volar.


“Toma el dinero y huye.” 

jueves, 21 de noviembre de 2013

Perro fuma perro.




Hoy no fue mi día, quizá tampoco lo sea mañana

Sin embargo estoy aquí, escribiendo porque lo necesito, las noches frías de invierno han vuelto y poco a poco han mermado mi coraza hasta dejarla medio rota y sin duda que se me están metiendo a las venas algunos recuerdos ingratos, cómo bacterias que esperan colonizar una herida abierta, las heridas que abren los inviernos. “Y quizá no todo sea tan malo” me repito sin llegar a convencerme del todo, mientras me enciendo mi catorceavo cigarro del día y miro a la ventana esperando… esperando… esperando que la vida pase y que cuando abra los ojos esté de la mano con una mujer colosal, de dos metros, a las faldas de una montaña lejana y nevada, y que ella me apriete y me pregunte si estoy listo… y ahí se queda la pregunta. ¿Estoy listo?

Y es que no entiendo cómo voy a llegar a ello, los pasos que tengo por delante no aparecen normalmente definidos cómo casi todo en mi cabeza, supongo que mi paranoia no tiene todavía ese alcance de mostrarme el futuro con exactitud. Y de cualquier manera no importa, porque ahora estoy atascado en el lodo de la inmundicia sistemática, esclavo del petróleo, <<bicho raro>> me gritan las voces de todos ustedes dentro de mi inconsciente. Marginal y marginado por decisión propia y dios no lo quiera, porque es lo mejor para todos. Claro que hay un enorme impulso que me quema por dentro y me dice que me coma el mundo porque ni es tanta pieza, que yo soy más pieza y que puedo lograr cosas grandes si me lo propongo. Y vaya, cómo lograrlo si el sendero parece lleno de baches y de manchas de aceite que alarmantes palpitan y brillan con un azul siniestro diciéndome “Don´t even try, kid…” I´m gonna fail… cómo he fallado en nada de lo que no me he propuesto, cómo se van por descarte, al drenaje de la coladera mental tantos planes, tanto propósito inútil que nunca quise aceptar. En lo único que he fallado y siempre he buscado con la mano bajita es en morir.

Y nada, no tengo los huevos suficientes para dejarme morir, para tirarme en mi inmundicia mientras inundo mi cuerpo con mierda, tirado en el piso de un departamento pequeño con un alfombra café, con manchas de sangre, vino y vómito, mientras me pierdo en los laberintos de un vinyl de Floyd o en algún enloquecido jazz sin sentido. Coño, soy un fantasiosoSuicidaBeatnick, no puedo terminar así. Tampoco tirado en la calle, cómo perro sin dueño, completamente demente y habiendo pasado días sin comer.

Salí por otra cajetilla de cigarros mientras me fumaba el último de camino a la tienda, vaya que está haciendo frío, tres fumadas y estaré bien… quizá ni siquiera es tan temprano, si algo he entendido es que nunca es demasiado tarde, de camino a la tienda me va siguiendo un perro, uno nuevo, uno que nunca me había seguido. Compré mis cigarros y caminé por una ruta que nunca tomo, el perro seguía conmigo. Me detuve, saqué otro cigarro y lo encendí. Le extendí la mano y él de inmediato acepto con su cabeza, le rasqué las orejas, me rasqué las mías. Al final el perro entendió que yo no podía darle nada y se fue caminando cuando pasaron los perros del señor de la basura. Yo me quedé ahí dos segundos, tuve ganas de orinar y lo logré en un arbolito que está medio lejos de una farola, caminé de regreso a mi casa y escribí esto. Mañana tal vez sea un gran día, y el sol salga y el acertijo quizá se haya resuelto en mi cabeza. 
La verdad no importa.

Ya me siento mejor. 

sábado, 9 de noviembre de 2013

El cartero.



El cartero tomó del piso la maleta en la que llevaba sus cartitas, de cuero café, tomó también la bicicleta de al lado del pórtico y le sonrió a Doña Ignacia de Loyola. –No tenga pendiente, esto llega porque llega.-
-Más te vale hijito.- Ella insistió en persignarlo y sellarle con un beso en la frente, un pacto con Dios. Él se alejó pedaleando y se internó en la oscuridad de aquella callecita del centro.

Cómo buen cartero conocía bien su ruta, aunque a veces se perdía, siempre fue muy desubicado, soñador y silencioso, le gustaba pensar que si alguien tenía algo verdaderamente bueno que decir entonces debía decirlo, de no ser así, más valía quedarse callado. Y le decía a su bicicleta. –No me falles niña mía.- Y la bicicleta le respondía, aferrada con decisión al piso, siendo eficiente y obediente y dejándose llevar cómo si fueran uno sólo.

Tanques y helicópteros rodeaban las calles, la gente marchaba aprisa, deteniéndose sólo a veces para voltear a verse entre ella, confundida, asustada. Vallas de metal separaban a los perseguidos, cientos de soldados y policias bien armados, con escudos y cascos custodiaban los accesos a la plaza central, impidiendo que nuestro cartero trazara su ruta habitual y mientras más avanzaba más se intensificaba el miedo en su pecho, se aferró sudoroso y con sosobra al manubrio de la bicicleta y siguió pedaleando. Empezaron a sonar estallidos en el Zócalo de la capital.

Alejada a un par de kilómetros de ahí, Sofia Berverena, (que medía 12 centímetros) se encontraba acostada boca arriba, acomodada cómodamente en una lata de sardinas que ella misma había convertido en su cama, su pequeño pecho se inflaba de arriba a abajo, sabía que no le quedaba mucho tiempo, sus pequeñas ojeras y palmas sudorosas delataban una terrible afección de amor mal curada. Todo había comenzado cuando Doña Ignacia de Loyola la había encontrada tiradita en una carretera rumbo a Real de Catorce, ella había sobrevivido a un trágico pasado, de persecución, de desaprobación, de sufrir por aquello por lo que nunca se debe sufrir, el amor, pero cómo todo lo bonito, el amor se había roto por si sólo, <<Todo por servir se acaba>> le repitió Doña Ignacia de Loyola cuando Sofía le contaba cómo es que se había salido de la ventana de un autobús mientras con su amante se escapaba.

El cartero giró intempestivamente a la izquierda mientras escuchaba más disparos, a su alrededor la gente gritaba, corría, se indignaba. -¿Por qué traicionan al pueblo?- alguno que otro gritaba. Más y más helicópteros, menos y menos espacio para escapar, más miedo y el día se empezó a nublar. Siguió pedaleando frenético sólo queriendo escapar, pero una muralla de policías, cómo un gigantesco monstruo cuyos dientes eran escudos y cuya saliva eran balas, es lo que se fue a encontrar, de pronto estaban enfrente, atrás, arriba y abajo, por todos lados, lo encerraron cómo encerraban los gatos a las ratas, pero no estaba sólo, estaba atrapado con al menos veinte personas más. –¡DE RODILLAS CABRONES! ¡DE RODILLAS HIJOS DE SU PUTA MADRE!- los polis gritaban. En la pequeña maleta de cuero, un paquetito que palpitaba aceleró con miedo su palpitar.

En el hospital Sofía Berverena contemplaba con cara pálida el reloj de la pared, cerró los ojos y pensó en todo lo que había tenido que soportar para llegar ahí, a ese momento en el que después de tanta y tanta lucha, tanta chinga sin sentido, tantas veces que fue casi pisada y tan pocas horas en una incubadora que casi la cocina y todo se había reducido a esto, una pequeña nada y una lata de sardinas, pensó cómo sería cuando la enterraran, un pequeño ataúd hecho con una cajita de zapatos, cómo si fuere un cachorro que no se logró, un chingado perro. Las lágrimas bordearon sus ojos, apretó el botón rojo que le habían puesto al lado de la lata con ambos brazos y le gritó al intercomunicador que estaba pegado en la pared. –Enfermera, tráigame un doctor. Estoy lista para morir.-

Cuando nuestro cartero había explicado a un policía lo que era y cuán importante era su carga, lo dejaron ir; no sin antes quitarle todo su dinero, diéronle dos toletezos buenos en la mollera y con una patada en las nalgas lo subieron de nuevo a la bicicleta, él pedaleó premuroso mientras escuchaba cómo al resto de sus compañeros los emparedaban, -¡UNA BALA POR CABRÓN, DISPÁRENLES, EN LA CABEZA!- gritaba el que los comandaba. Otra vez un sistema de mierda más víctimas cobraba. El cartero cómo un lunático pedaleaba, se adentraba, metro tras metro, callejón tras callejón hasta que salió de la zona cero y en menos de lo que lo cuento, al hospital llegó.

-Traigo un encargo, muy importante, para una jovencita… déjeme ver…- le dijo al guardia mientras el paquetito sacaba. – Sofía Berverena, cuarto 15, cama 3.- El guardia le extendió la mano, el cartero negó con la cabeza y la cara. –Entrega personal.- El guardia lo dejó pasar. Atravesó el hospital y con la niña de 12 centímetros fue a parar. –Tú pequeñita debes ser Sofía, pero ya no estés triste.- Dijo mientras le secaba con el dedo pulgar casi toda la carita. -Te tengo algo muy importante.- Sacó de la maleta de cuero café un pequeño paquetito que latía y se lo entregó a Sofía. Adentro había una carta con impecable caligrafía y otra cosita envuelta en hojitas de papel arroz, Sofía abrió la carta, leyó y en su mente sonó la voz de doña Ignacia.

<<Sofía querida:
He decidido darte mi posesión más importante, mi vida. Dentro de las hojitas de papel arroz encontraras mi propio corazón, reducido por la angustia de verte morir, siendo una muchachita tan jovial y divertida. Cómo te lo dije alguna vez antes, todo por servir se acaba; Pero ello no significa que el que se acabe no trascienda en algo más, todo principio tiene un fin y todo lo que acaba vuelve a comenzar, por mí no te preocupes, tengo poco que conocer, soy vieja y he vivido mi vida y bueno, es para ti, no pierdas la esperanza, sal, vive, vuelve a amar y recuerda que no importa cómo seas, cosas muy grandes tienes para dar.
Te quiere.
Doña Ignacia de Loyola>>

Sofía estalló en lágrimas de alegría.

La operaron de urgencia, el doctor le abrió con micropinzas y bajo microscopio, cortándole las costillas con un mini instrumental de que ocupaba cuando era estudioso y practicaba reconstruirles fracturas a ratas, le insertó el pequeñísimo corazón de 6 milímetros a Sofía. El corazón latió con fuerza, era un corazón viejo y lleno de cicatrices, pero cuando el doctor lo vio no le había cabido la menor duda. –Un corazón viejo y sabio es a veces justo lo que estos jovencitos necesitan.-

Sofía despertó de la anestesia sintiéndose madreada, pero nueva. Pidió que le abrieran las cortinas y el sol dio de lleno en su cara.


Mientras tanto en las calles del centro, entre balas, gas, helicópteros y muerte el cartero pedaleaba y pedaleaba. 

jueves, 29 de agosto de 2013

Enfermedades de transmisión sexual.

ATENCIÓN: CONTENIDO EXPLÍCITO

Antes de empezar el cuento sepa usted que todo esto es producto de la FICCIÓN. Yo, Aarón Molho, el autor del mismo lo invito a que tenga eso siempre en mente. 

No es mi intención en ningún momento fomentar algunas de las conductas o acciones que en él se mencionan. No las practico ni las promuevo. ES FICCIÓN. 

Si usted es sensible a temas cómo el consumo de drogas, la violencia, la trata de personas, la pederastia, la zoofilia, la política y el poder probablemente no quiera leer este cuento. 

Entiéndase esta obra cómo una creación literaria. Si no quiere leerla, pasar un mal rato y sentir odio, no lo haga. 


“Enfermedades de transmisión sexual” rezaba un enorme cartel enfrente del escritorio del consultorio médico N# 26 de un pequeño hospital en la zona sur de la ciudad, donde el doctor Fálocles daba consulta en el turno vespertino. Todos los días se levantaba a las 9 de la mañana, tomaba un baño en su regadera de divorciado, se lavaba el pelo y cuerpo con jabón, afortunadamente una calvicie prematura colaboraba a que todo el proceso fuere sencillo, salía de su casa a las 10 am y se dirigía a su consultorio particular donde todos los días recibía pacientes, mujeres de todas las edades preocupadas por sus coños, por sus embarazos y por no sentirse solas. Fálocles le atribuía su divorcio a una tardía revelación de su ejercicio cómo ginecólogo, después de ver tantos un día decidió que un coño no valía todo el sacrificio que hacía por su esposa, las inesperadas subidas y bajadas, la gris mediocridad, a su juicio dar todo por una cavidad virtual compuesta de músculo y epitelio escamoso estratificado no valía la pena. Ahora vivía sólo en su departamento de 120 metros cuadrados y ahí era feliz, no tenía que levantar un plato si no lo deseaba, ni estar vestido, nadie se enojaba si se masturbaba en la sala, en la cocina, nadie le venía con reclamos absurdos sobre las tarjetas, sobre ampliar el límite del crédito, no más retrasos al salir. Por supuesto que se las arreglaba a veces para coger con alguien, “La parte divertida de la chamba” era así cómo nombraba a sus encuentros casuales con algunas pacientes, podrán quizá pensar que aquello suponía un problema, pero él era un tipo listo, cuando notaba alguna posibilidad de conquista la aprovechaba y bueno, hay que aceptar que abundan las mujeres abandonadas por sus esposos, ricas maduronas del pedregal, con una vida cómoda y resuelta que jamás arriesgarían por “enamorarse” de cualquiera, él lo sabía y ellas sabían que lo sabía, entonces casi nunca se presentaron dificultades.

Aquel día se despertó desesperadamente caliente, lo sentía hirviendo en su cuerpo, cómo mares y mares de testosterona fluyendo por sus venas, inundando su cerebro de ideas lascivas y violencia, todos sabemos que a veces es inevitable. Llegó al consultorio y tuvo cita con muchas pacientes nuevas, ninguna conocida, tenía que portarse cómo todo un caballero, cómo un médico profesional a la altura de lo que costaban sus consultas. No tuvo suerte, tampoco en el turno de la tarde. <<Que puta mierda>> pensó, esta no era una de esas calenturas simples, esas a las cuales estaba acostumbrado a sosegar al llegar a casa y jalársela hasta casi arrancársela, esta era de esas complicadas que te tienen imbécil todo el día, a donde quiera que volteaba, a todas las mujeres que vio ese día, TODAS, le parecieron adecuadas y apetecibles, no podía sacárselo de la cabeza, tomó el teléfono y marco con toda la premeditación del azar varios números. Nada, el río de mujeres parecía estar completamente seco, se quedó un rato pensando, viendo el enorme cartel frente a su escritorio, VIH, Papiloma humano, Chlamydia, Herpes… de repente el foco de su cabeza se prendió. – ¡Claro!- marcó el número, del otro lado una voz profunda le contestó
-¿Qué pasó cabrón? ¿Dónde andas?-
-Pues aquí, casi a punto de salir de la chamba ¿y tú?-
-Yo fui a ver unos cabrones en la mañana, de unos negocios que tengo pendientes, ahorita voy a ir a ver al director de la (COMPAÑÍA MULTINACIONAL X) y me lo voy a llevar a cotorrear ¿Tú que vas a hacer?
-Ommm pues nada en realidad, la verdad tengo ganas de irme de putas.- se escuchó una estridente risa del otro lado de la línea
- Nada más por eso me hablas cabrón, cuando te urge echar desmadre. Pero está bueno, vente a la casa y de aquí vemos que pedo. Tráete un pomo o algo.-
-Nos vemos ahí entonces.-
Colgó el teléfono.

Llegó a una enorme casa en un fraccionamiento privado en el norte de la ciudad en una hora, un excelente tiempo, gracias a dios que había conseguido esa mierda del TAG que deja que te subas a los puentes, el gobierno siempre sacando provecho. Estacionó afuera y sacó el celular, le marcó al dueño de la casa, al cual por fines prácticos nombraremos Dondante.
-¡Bueno!- Le contestó gritando
-Estoy aquí afuera.- Le respondió a Dondante
-A huevo cabrón, ahorita se abre la puerta, cruzas el patio y entras por la puerta de madera, yo estoy arriba, jugando billar.-
Le colgó el teléfono, se acercó a la puerta e hizo lo que le dijo, subió al segundo piso y lo encontró ya medio pedo con otro de sus amigos.
-¡Mi hermano! Pasa chico, sírvete lo que quieras.- Se abrazaron, -Mira cabrón, quiero presentarte a Fernando, ahh ¿Ya se conocían?-
-Ya.- Le respondió el doctor Fálocles mientras le estrechaba la mano a Fernando. Caminó a la barra y se sirvió un buen whiskey, al lado de la botella había un espejo y una bolsa de cocaína, también una magnífica caja de roble con puros, puros buenos, de los caros.
-¿Puedo tomar uno?- Preguntó.
-Cabrón, estás en tu casa, date una raya, si quieres por ahí tengo mota, lo que quieras, ¡lo que quieras! ¿Ya comiste?- Dondante era realmente un buen anfitrión, él le agradeció y se prendió uno de aquellos grandes y gordos puros, se acercó a la mesa con su whiskey en la mano y le dijo.
-¿Bueno y que vamos a hacer?-
-Ahorita que me llamen para confirmar que se cierra el negocio nos vamos a Polanco, por ahí hay un lugarcito chingón, no esas mamadas de antros pendejos a los que luego hemos ido, no wey, te hablo de algo verga, unas putas buenísimas, algunas ni siquiera hablan español ¿ya me entendiste? El otro día me agarré una pinche güera así culona, ¡puta madre, me pegó una mamada, pero mamada wey! ¿Te acuerdas Fernando?-
-A huevo- Contestó Fernando desde la periquera mientras inhalaba, en esa nariz enorme parecía caber toda la cocaína del mundo, Fálocles había oído historias de él, alguna vez Dondante le contó que se fueron de putas y que el wey tenía la verga tan grande que siempre terminaba lastimando a alguien, -más de una lo mandaba directito a chingar a su madre nada más de verle el trozo, es una madre enorme wey, cómo una botella de Coca-Cola, de las grandes.- Al doctor esto le parecía una exageración pero que se le iba a hacer.

Finalmente recibieron la llamada y partieron hacia allá, el doctor Fálocles decidió no ir manejando porque ya había bebido varios whiskeys y no le gustaba manejar así, partieron en uno de los coches de Dondante, llegaron ahí en media hora pues manejaba cómo loco, pero estaba bien, el coche bajaba la suspensión sólo cuando este cabrón llegaba y tomaba las curvas a 150Km/h, realmente era un buen coche, casi era imperceptible pero se movía a una velocidad vertiginosa, demasiado rápido para ser un coche alemán. Estacionaron el coche dentro de un edificio y se dirigieron al lobby.
–Buena noche.- Les dijo el guardia de seguridad. -¿a quién buscan?-
-Venimos con Gustavo.- Le respondió Dondante
-Por supuesto caballeros, ¿ya saben por dónde ir?-
-Ya sabemos, muchas gracias.- Caminaron por el pasillo del edificio, debía ser uno de esos lugares corporativos, una multinacional sin rostro de esas que son dueñas de todo, pero que nadie sabe de qué, el pasillo era largo y tenuemente iluminado, sus pasos hacían un eco que al rebotar en las paredes hacía parecer que eran una sola persona, una coincidencia. Llegaron al elevador y Dondante sacó una tarjeta y la introdujo en una ranura, mientras lo hacía le dijo al doctor –Ahorita vas a ver lo que es bueno chico. AJAJAJAJAJAJAJA- todos rieron en el elevador. La noche apenas empezaba.

Al entrar al lugar Fálocles sintió una fascinación extraña por lo que sus ojos contemplaban, era una especie de galería gigantesca, con muchos palcos que conducían luego a cuartos privados, había un enorme escenario justo en medio, y al lado una barra gigantesca, impresionante llena de decenas de botellas de diferentes colores, que eficientes bar tenders lanzaban en el aire y preparaban tragos en segundos, caminó detrás de Dondante hacía una escalera que conducía al piso de arriba, el suelo era de roca negra y estaba adornado con luces que subían por la escalera, <<Es cómo una calle>> pensó Fálocles mientras contemplaba las luces que se dividían hacía dos caminos diferentes en el suelo. Llegaron a la entrada de uno de los palcos, y de ahí salió un elegante mesero con el cabello bien alaciado hacía atrás, hasta tenía un gran paño largo que colgaba de su antebrazo. –Buena noche caballeros.- Respondió con voz grave –Bienvenidos, pónganse cómodos, cómo pueden ver.- Les dijo mientras acomodaba hábilmente varias cartas sobre la mesa.- Estos son nuestros menús de esta noche, siéntanse completamente en confianza de ordenar todo aquello que les apetezca.- Dijo con una mueca extraña de complicidad. – ¿Con que quisieran empezar esta noche?- Preguntó mientras los observaba con su libretita en la mano. Fálocles abrió la carta. Era una carpeta bastante gruesa.
-Tráenos una botella de Coñac.- Dijo Dondante. Fernando miró a los ojos del mesero y le pidió más cocaína, un puro y marihuana, Fálocles pidió un puro también. Cuando el mesero se fue examino más detenidamente la carpeta, dentro no sólo había bebidas y comida de todo tipo, además había fotografías de mujeres desnudas, hermosas, se dedicaba una página por chica, había varias fotos, cómo un collage, caras, cuerpos, tetas, todo era bellísimo, <<Bon Appétit>> pasó despacio las páginas mientras se deleitaba y de pronto se detuvo en una, era ella, perfecta. El mesero regresó con los encargos, una botella del coñac más caro de la casa, (la etiqueta decía VSOPXO) la cual sirvió rápidamente en vasos con hielo, colocó frente a Fernando las bolsitas con los encargos, de buen color y apariencia, además de sábanas y filtros nuevos, acercó un enorme cenicero de cristal labrado y lo puso al centro de la mesa mientras les entregaba a ambos sus puros y unas hojas de madera para encenderlos. Encendió su puro despacio.
–Les recuerdo además que presentamos algunos espectáculos todas las noches, el siguiente va a empezar en media hora. Por cierto ¿han hecho ya su elección?-
-¡Cassandra!- Dijo casi gritando el doctor, por miedo a que a alguno de los dos se les ocurriera reclamar antes, todos, incluido el mesero rieron del incidente.-Te pasas de verga hijo de tu puta madre, AJAJAJAJAJAJAJA.- Dijo Dondante mientras se agarraba fuertemente de una barra que tenía la mesa, e inhalaba, una grande, con mucha fuerza. Cada uno pidió la propia y siguieron bebiendo y fumando e inhalando, el doctor Fálocles generalmente no era muy afín a las sustancias, pero ese día había decidido que no le importaba. Dio grandes fumadas de gallo y aspiró un par de nubes, prontamente un colocón impresionante de mezcla de todo le invadió el cerebro, su corazón palpitaba con fuerza, sentía frío atrás de la nariz. 

Pronto la puerta que separaba al palco de la habitación interna se abrió y salieron las chicas, adentro era cómo un enorme cuarto con un sillón circular enorme que conectaba con otra puerta <<Debe ser una red interminable de pasillos y puertas ahí detrás ¿Cómo fue posible que el mesero se fuera hacía el otro lado y las chicas supieran exactamente dónde?>> Se mareó sólo de pensarlo. La vio por primera vez, su corazón latió con fuerza, ella caminó elegantemente hasta él y se sentó a su lado, llevaba un cigarrillo de los largos en la mano <<Fuma de los malos>> pensó. Mentolados. Un asco.
-Hola guapo.-
-Hola preciosa, por lo que leí te llamas Cassandra, ¿es tu nombre real?- Ella rió.
-¿De verdad importa eso?- Ella le gustaba mucho, tenía esas enormes piernas largas, era alta, bastante alta, un poco más baja que él y eso era perfecto. Él era un hombre de piernas, porque cómo dijo aquel otro hombre es lo primero que uno ve al nacer, nacer debe sentirse cómo salir de un hoyo negro a una realidad aterradora, llena de imágenes que la nublan, ese es el problema, no podemos ver más allá de lo que nos rodea.
-Simple curiosidad, normalmente trato de portarme cómo un ser humano decente…- Él guardó un breve silencio, interrumpido por ella.
-N´hombre corazón, no te me agüites, estamos aquí para sentirnos de poca madre ¿o no?-
Él se rio, le caía muy bien, tomó su vaso de Coñac y lo alzó.- Salud entonces, por pasárnosla de poca madre.- bebió un trago grande. Había pasado la media hora. Dondante recibió una llamada, el tipo con el que se había citado estaba afuera, él le dijo que iban para allá, todos salieron a ver el espectáculo. Pasaba la media noche.

Afuera cómo había dicho antes había una barra enorme en la que se encontraron al tipo importante, él ya tenía dos chicas a su lado y les manoseaba constantemente el culo, todos se reían. Pidieron tragos nuevos y se voltearon al escenario. En medio de ellos un anunciador presentaba a una pareja de hombres enormes y musculosos llenos de aceite, estaban sin playera y con unos pantalones entallados que les llegaban a la rodilla, se acercaron el uno al otro de la cada una de sus esquinas y empezaron a luchar. Si es que ello podría ser llamado una lucha, era básicamente agarre, pero cómo estaban embadurnados de aceite les era extremadamente difícil. El doctor que era un tipejo culto había visto eso antes, se llamaba Pehlivan, era un deporte común en Turquía, sólo que ahorita estaba completamente descontextualizado pues no había música ritual ni musulmanes turcos mirando con interés. A su lado sólo había extraños desconocidos y poderosos. De cuando en cuando los hombres que luchaban se metían la mano dentro de los pantalones.
-Eso es un deporte en Turquía.- Le dijo a su acompañante.
-¿Enserio? Pues parece que a los muchachos les divierte. – ella se echó a reír, mientras encendía otro largo cigarrillo. -¿y a que te dedicas, que haces para vivir? Es más, ¿cómo te llamas?- Volvió a reír, tenía todo esos labios rojos, palpitantes cómo un corazón.
 -Bueno, me llamo Fálocles, soy divorciado, ginecólogo, tengo dos trabajos, la verdad no me importa el dinero, lo hago porque me apasiona.- Ella lo miró con las pupilas dilatadas y le pareció que era un buen hombre, lo besó profundamente en la boca mientras a él se le paraba hasta las nubes. En ese mismo instante uno de los gigantes fortachones aceitados sometía al otro y lo tiraba de espaldas al suelo, el perdedor se bajó los pantalones, ambos lo hicieron, luego el ganador lo sodomizó, todos aplaudieron. Unos más entusiastamente que otros.
-¿Y tú qué onda?- le preguntó él. -¿De dónde eres?-
-Mexicana, mi mamá era mexicana y mi papá era un Francés.-
-¿Y luego?-
- Luego mi papá se fue, era un culero, tenía otras viejas y cosas así. Mi mamá siempre ha sido alcohólica, cuando el viejo se fue chupó más que nunca y se metió de puta para sacarme adelante. Es una vieja buena para nada. Lo demás ya te lo imaginarás, AJAJAJAJAJAJAJAJAJA.- Le guiñó un ojo, él la atrajo suave pero firmemente y le dio otro beso. Dondante llegó de al lado de la barra y le dijo al doctor. –Ven cabrón, quiere presentarte gente.- Ese era el deal de Dondante, conocía muchísimas personas poderosas y hacía de intermediario entre ellas, la realidad es que nunca se metió en negocios chuecos, él era un hombre de “bien”, pero quizá llamémoslo más bien, precavido, Fálocles siempre lo había visto cómo una especie de genio financiero chueco, pero bueno, todos estamos locos.

Lo presentó con muchísimas personas, diputados, políticos, empresarios engelados de cabello hacía atrás y reloj de aleaciones de metales impensables y con diamantes donde se supone van los números. Todos los políticos tienen esa hipócrita verborrea, la toman de lo que dice Washington y se llenan de puritanismos diciéndole a la gente que representan “Vive sin drogas” “Mantente dentro del orden.” Pretenden dar lecciones de buenas costumbres mientras se atascan de mierda tóxica en los baños de sus cámaras costosas, con cómodos asientos para dormir, pretenden ser nuestros dirigentes al mismo tiempo que pactan con un cartel los derechos de la distribución de droga en un área. Todos ellos estaban esta noche aquí, seguramente había narcotraficantes, pero obviamente ya no usaban botas y sombrero. Lástima. En ese momento en el escenario 4 chicas hacían la misma cosa de la lucha en aceite, pero en realidad no luchaban en absoluto, más era aquello cómo un masajeo. Al final del acto entre tres de las chicas se cogieron a una, fuerte, le daban cachetadas, le introdujeron los puños en la vagina y ano, la nalguearon tanto y con tanta fuerza que su pobre hermoso culo parecía un trozo de boxeador, rojo y casi al borde de sangrar. Todos aplaudieron, Cassandra silbó fuerte cómo cabrón, se echó a reír y le pidió al doctor que la acompañara al palco, caminaron hacía allá tambaleando ligeramente, entre esa manada de ricos enloquecidos.

Llegaron al palco y Cassandra abrió la puerta del privado. Adentro era bastante grande también, había un enorme sillón circular, un jacuzzi, un tubo rodeado de espejos, una mesa bonita para jugar cartas y demás juegos. Bastante agradable. Ella sacó de su bolsa una pipa larga de cristal y depositó algo que al doctor Fálocles le pareció un cristal, le prendió fuego por fuera e inhaló. -¿Qué es eso?- Le preguntó el doctor
-¡Eso es queso! AJAJAJAJAJAJAJAJA- le respondió ella mientras exhalaba una bocanada de humo. –No, la verdad es meta.-
-¿Y qué tal es eso?-
-Esta es la mejor bebé, porque la cocino yo solita.-
- ¿Y cómo es que sabes hacer eso?-
-Pues me crié en el desmadre, te dije que mi mamá era puta, pues bueno, la verdad es que nunca dejó la chamba y pues yo desde los 16 tuve que empezar a ver por mí y mis hermanos.-Él la animó a continuar, ambos se sentaron en el sillón uno al lado del otro, él le acariciaba aquellos preciosos muslos mientras ella seguía con el relato. – Y pues nada, primero andaba de novia de un narquillo y así poco a poco fui conociendo gente y gente, andaba en el desmadre y eso me gustaba mucho.- En aquel momento entró Dondante acompañado de Fernando, el tipo importante y al menos el doble de chicas de las que estaban al principio.
-Acaba de pelear un chaparrito cabrón contra uno grandote, pero ahora no fue con aceite, se agarraron a madrazos así a puños limpios. Al final ganó el chaparrito, ¡Era un enano cabrón!- Gritó Dondante mientras doblaba las rodillas y hacía un paso gracioso, todos se rieron.- Al final cuando el otro pendejo estaba ahí tirado inconsciente además ¡llega y se saca la verga y le mea la espalda! ¡HIJO DE SU PERRA MADRE! AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.-
Todos rieron de nuevo y se sentaron en el sillón, hubo nuevas bebidas en la mesa y más cocaína.
-Bueno.- Dijo el doctor.- Estábamos en una parte de la historia donde empezaste en el desmadre, el narquillo ¿y luego?-
-Pues de ese tuve otro, uno más cabroncillo, era dueño de la plaza, me sacó de la escuela y me llevó a vivir a Mazatlán, me tenía en su casa junto con otras, pero la verdad yo era la que lo atendía mejor, tenía 19 años, AJAJAJAJAJA, él estaba a cargo de la exportación de meta y la importación de los precursores, pseudoefedrina y metilamina. Un día que andábamos cotorreando por ahí recibió una llamada, la cosa se puso cabrona, nos tuvimos que desaparecer un buen rato, nos movimos en chinga a una casa de seguridad que tenía en Los Mochis y ahí nos quedamos encerrados cómo 3 meses, en ese transcurso él me enseñó a prepararlo todo, la meta, el crack, desde ahí adentro de la casa seguía operando. Todo por el celular.- Mientras decía esto levantó la mano derecha y se llevó el meñique a la boca y el pulgar al oído.
-Wow.- Respondió él abriendo mucho los ojos y la boca.
-Después de eso las cosas se pusieron más calmadas y nos regresamos, yo le vendía a muchos de los clientes del prostíbulo, a veces de lo mismo que yo preparaba y otras veces de lo que me daba él, de la mercancía que se movía al norte. Un día me lo madrugaron, lo bajaron entre varios contras y pues yo ni estaba con él. Se armó un desmadre después, nadie salía a la calle, los del bando de mi wey se partían la madre diario con los otros. Todos los días quemaban camiones en la carretera, levantones, algo de miedo. Me quedé otro año moviéndome por allá, pero cómo no le veía salida contacté a uno de su gente para que me pusiera en otro jale bueno. Fui a verlo y me acomodó rápido. Me vine a la ciudad hace tres años.- Ella se encendió otro cigarrillo.
-¿Entonces cuántos años tienes?-
-23.-
-Es un gran número, yo podría ser tu padre… ¡qué bueno que no lo soy!- Ella lo besó en la boca.
-De verdad que me caes bien, eres una buena persona, normalmente atiendo pendejos.-
- ¿Ah sí? ¿Por qué? ¿Cuáles son los peores?-
-Los políticos.- Le respondió ella.- Son cabrones raros, cerdos, aquí te encuentras de todo, hay algunos a los que les gusta que les metas cosas en el ano, que les jales los huevos hasta que se les pongan azules, que los orines, hay otros más hijos de su puta madre. Una vez hubo uno que estuvo chingue y chingue toda la noche, luego en un descuido me mordió una chichi y casi me arranca el pezón, le puse una madriza y me salí corriendo. Imagínate, corriendo en medio de toda la gente que media teta llena de sangre, fue horrible. Afortunadamente he conocido también buena gente, le avisé a uno de mis clientes frecuentes que me había hecho este cabrón. Lo destituyeron de su puesto, aquí se mueve mucha gente poderosa, no te involucres con nadie. Otra vez un pendejo se me empezó a poner loco y me pego en la cara, me le zafé y me encerré en el baño, de ahí le marqué a otro cliente y vinieron a sacarlo. Salió en el periódico después, lo encontraron encobijado por el lago de Texcoco.-
-Eres de armas tomar, ¿eh?-
-Nada más si se pasan de pinches listos.- Ella miró con recelo al pez gordo, que en ese momento le tenía alzada la falda a una de las chicas y con la cara metida entre las nalgas le lamía con el fervor y paciencia de un burro viejo. Ni Dondante ni Fernando estaban perdiendo el tiempo tampoco, ellos les chupaban viciosamente todo lo que se les pudiera chupar a aquellos cuerpos desnudos, de piel de mármol y alabastro. El doctor se sintió quedar atrás y atrajo suavemente a Cassandra, ella trepó hábilmente a sus piernas y lo apretó con ellas, mientras le tomaba las manos y se las llevaba a ese glorioso lugar donde morían sus ingles, él la trabajó despacio, se dio su tiempo para encontrar lo que debía de encontrar y para besarla despacio. A los pocos minutos ella estaba húmeda y caliente cómo un trozo de carne recién muerta, cómo dicen los caníbales que están las entrañas de un ser humano vivo. Ella lo desmontó y fue a servirse un trago a la barra, él le encargó un whiskey con el pene a punto de estallar, mientras tanto los demás presentes en la sala tenían ya el pene afuera y lo metían gustosos en la boca de ellas. Dondante tenía a una bien sujeta del pelo, se lo metía con algo de violencia hasta el fondo de la garganta. –Así, así chiquita, hasta adentro… a ver ahora que lo tienes ahí tose, ¡TOSE!- Le gritaba eufórico y medio flácido a la pobre puta. Las lágrimas le corrían por las mejillas y se juntaban en una especie de rio mezclado con saliva espesa que bajaba por su barbilla. Fálocles comprobó el mito de Fernando, tenía todo ese monstruo debajo de la cintura, su compañera parecía un poco renuente a meterse aquella serpiente a la boca, pero lo hacía bien, cómo una profesional.

Cassandra regresó con las bebidas y con la pipa de cristal en la mano, fumó otro poco y le ofreció al doctor. -¿Cómo se siente?- preguntó él. – Cómo si estuvieras en el paraíso.- Le contestó ella. –Además de que se te va a poner dura, durísima.-
-Eso no hace falta.- Le dijo en tono de broma mientras le llevaba la mano libre abajo del cinturón, de cualquier manera aceptó un par de fumadas. Empezó la locura. El pulso se le aceleró y cada caricia, cada lamida, cada poro de su cuerpo estaba abierto y sensible, cómo si sintiera miles de veces más, se dejó ir en aquel espiral de sensaciones y se piró cada vez más. La próxima cosa que habría de recordar es que estaba desnudo en el jacuzzi junto con todos los demás, se cogió a Cassandra varias veces, inhaló más y más de todo, se salió encuerado del jacuzzi para ir por otro trago, Cassandra que ya estaba igual de loca lo siguió, lo tumbó en el sillón y empezó a mamársela frenéticamente, de arriba abajo, completa, a una velocidad endemoniada, ambos estaban ya más allá del bien y el mal. Todos en el cuarto lo estaban. Dondante tenía a una sujetada del pelo y le sumergía la cabeza en la alberca, cuando la chica empezaba a darle golpes en las piernas la sacaba, la pobre apenas podía respirar.- No mi amor, no te preocupes, no te voy a ahogar, jejejeje, tú tranquila chiquita.- Decía mientras la nalgueaba.- Ándale, tráeme otro chupe, te voy a dejar buena propina.- Ella lo sabía, por eso lo aguantaba. Fernando había desaparecido junto con el tipo importante, seguramente estarían por ahí dando tumbos o cogiéndose a 4 sensuales checas, suecas o de donde chingados fueran. No es importante. 

Cuando hubo acabado de chupársela por enésima vez en la noche Cassandra se acostó desnuda y mojada en el sillón, se acercó a la mesa y se sirvió otro trago el cual murió al final de su garganta más rápido que lo que cualquiera podría pensar. Si que podía beber. Sacó de su bolsa la pequeña pipa de vidrio y fumó. Se la pasó al Doctor y él le dio fuerte también.
-¿Quieres que te enseñe un truco?- Le preguntó al doctor
-Claro.- Respondió él con las pupilas dilatadas, los ojos vidriosos y el corazón a punto de estallar. – Se trata de tener un viaje coordinado con nuestras energías. Quiero que te pongas frente a mí, acerca más tu cara a la mía, si así, eso. Ahora fíjate bien en este punto que voy a señalar entre nosotros dos.- Dijo mientras señalaba justo enfrente de su nariz.- Vamos a exhalar muy rápido y muy fuerte, FIUUUUUUUUUUUUUUUU, UFFFFFFFFFFFFFF, FIUUUUUUUUUUUUU, UFFFFFFFFFF. MUY RÁPIDO Y MUY FUERTE, CONCÉNTRATE EN ESTE PUNTO.- Ambos inhalaban y exhalaban violentamente para provocarse una alcalosis respiratoria, la cual se supone que el doctor debió haber recordado no hacer, por sus efectos dañinos y colaterales, pero él no estaba en sí mismo en ese momento.- FIUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU, UUUUFFFFFFFFFFFFFFFFF, FIUUUUUUUUUUUUU, CADA VEZ MÁS RÁPIDO,CUANDO CUENTE A TRES EN LA MANO, FIUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU, UUUUUUUUFFFFFFFFFFF, SUELTAS, FIUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU, UUUUUUUUUUUFFFF, TODO EL AIRE, FIUUUUUUUUUU, UFFFFFFFFFFFFFFFF Y TE DEJAS CAER, FIIIIIIIUUUUUUU, UFFFFFF, FIIIIIUUUU, UFFFFF, FIUUUU, UFFFF, FIIUUU, UFFF, FIUU, UFF, FIU, UFF, FIU, UF, FU, UF FU UF.- Cassandra levantó los dedos y contó a tres, cuando exhalaron cayeron completamente inconscientes en el sillón, en una especie de sueño aletargado, lleno de gusanos que inundaban sus venas, arrastrándose en aquellas marejadas rojas, invadiendo cada espacio, comiéndose su carne, su cerebro, desde adentro, estaban encerrados en una negrura borrosa que arrastraba caras y las difuminaba en gritos para acomodarlas cómo ladrillos en una especie de túnel enorme y de cada cara goteaba una espesa savia de árbol que se les pegaba en las muelas cuando intentaban masticarla, había torsos sin rostro que se caminaban cómo arañas en el techo del túnel, de los dedos les crecían agujas en lugar de uñas y había búhos, viéndolo todo desde un árbol gigantesco que estaba al final del túnel, y sus enormes ojos brillaban con malevolencia mientras cerraban los afilados picos con un sonido metálico, cómo de tijeras, dentro del túnel empezó a haber sonidos retumbantes, PUM PUM, PUM PUM, PUM PUM, la luz se hacía cada vez más brillante y los torsos se alejaban de ella, PUM PUM, PUM PUM, PUM PUM, de pronto todos los búhos volaron del árbol, PUM PUM, PUM PUM, PUM PUM, PUM PUM. Todo se llenó de luz nuevamente y ambos despertaron de manera paralela del mismo sueño. No lograron explicarse el uno al otro lo que había pasado. Cuando volvieron un poco más en si todo ese exceso de oxígeno había catalizado toda la droga que tenían dentro, se levantaron temblando de pies a cabeza, con una intensa sensación de descontrol, con los pensamientos pasando a velocidades vertiginosas, sin poder enfocar absolutamente nada. – ¿Quieres algo más potente?- Le preguntó ella al doctor.- No creo que pueda tomar absolutamente nada más, la verdad es que ya no sé lo que está pasando, me estoy volviendo loco aquí adentro, ¿vamos a otro lugar?-
-¿Que se te antoja hacer?-
-Algo que nunca haya hecho en mi vida- El reloj en su muñeca marcaba las 4:44 de la mañana.
-¿Algo bueno o malo?-
-Ahorita ya no importa- Ella estalló en carcajadas, le pidió que se vistiera y que la acompañara a cruzar la puerta de atrás, ambos tomaron su ropa y salieron de la habitación.

-Antes de hacer esto, necesitas estar preparado, lo que vamos a hacer poca gente sabe que ocurre en este lugar, pero te aseguro que es de lo mejor.-
-¿Y cómo puedo prepararme a hacer algo que desconozco completamente?-
-Con esto.-  Le respondió ella sacando una pequeñísima bolsita hermética de algún lugar de su bolsa. –Es un regalito de un amigo colombiano, le dicen “el aliento del diablo”. ¿Estás listo?- Antes de que pudiera responder absolutamente nada ella había abierto la pequeña bolsa y sopló dentro de ella, la potente sustancia conocida comúnmente cómo escopolamina invadió rápidamente los pulmones y nariz del doctor. A partir de este punto él no recordaría ninguno de los atroces hechos en los que habría de participar, afortunadamente su memoria y autoconciencia habían desaparecido en el momento en el que “el aliento del diablo” había entrado en él, así mismo lo hizo su voluntad y su sentido de lo que era malo y lo que era bueno. Ella lo condujo en aquel estado zombieléptico entre los pasillos de la parte trasera y llegaron entonces a un recinto oscuro, iluminado por velas, era cómo una antesala extraña llena de máscaras que colgaban de las paredes, con formas extrañas, llenas de dientes, hechas de animales disecados, tomó una y se la colocó a él en la cabeza, estaba hecha con los huesos y cuernos de un macho cabrío, despedía un potente olor a muerto que él jamás recordaría, ella se colocó una de un demonio con enormes dientes amarillos, cara roja y ojos saltones. 

Cuando ambos estuvieron cubiertos por las máscaras entraron agachados en una puerta que estaba al fondo, adentro todos usaban máscaras, debía haber cuando mucho 15 personas, al entrar les pidieron que se despojaran de toda la ropa cómo los demás. Era una ceremonia silenciosa y privada, en el centro de la habitación había un escenario pequeño hecho a escala del grande que había afuera, en el centro del mismo había dos seres humanos amarrados de las muñecas y tobillos, una era una chica un poco más joven que Cassandra, pero con un cuerpo definitivamente más frágil y la otra era una niña pequeña.
-Hagan pasar a la bestia y al demonio.- Dijo una voz entre las sombras, Cassandra le susurró a Fálocles al oído. –Ahora te toca a ti, tú eres el demonio.- Detrás de ellos un grupo de enmascarados abrió una puerta y un burro enorme y negro entró al cuarto, estaba entrenado y sabía lo que debía hacer, con una premura realmente animal se acercó a la chica y la olfateó, algunos de presentes la acomodaron mientras ella gritaba inútilmente en su mordaza. –Ahora la bestia se convierte en demonio.- Dijeron todos al unísono.- Ahora el demonio se convierte en la bestia. Ahora la bestia se convierte en demonio. Ahora el demonio se convierte en la bestia- El burro montó a la pobre chica, lo guiaron y lo introdujeron, empezó a empujar con mucha fuerza, la desafortunada se desmayó gracias a Dios antes de que sus intestinos rojos brotaran de su vientre, cómo margaritas agusanadas y rojas floreciendo en el valle. - Ahora la bestia se convierte en demonio. Ahora el demonio se convierte en la bestia. Ahora la bestia se convierte en demonio. Ahora el demonio se convierte en la bestia. Ahora la bestia se convierte en demonio. Ahora el demonio se convierte en la bestia.- La psicosis condujo al doctor a repetir exactamente el mismo acto con la pobre niña, que cuando se hubo quedado inconsciente, quedó tirada lastimeramente, cómo una pobre planta pisoteada por los elefantes, cómo quedan marchitas las flores en el invierno, cómo las semillas perdidas de los árboles en el bosque, cómo las larvas que mueren congeladas por el frío violento que sopla en la humanidad, no tenía la culpa. Fálocles estaba completamente extraviado, su perdido inconsciente le gritó que él era el demonio, y se volvió el demonio. – La carne debe descansar en su carne. La carne debe descansar en su carne. La carne debe descansar en su carne.- Le pasaron entonces un enorme cuchillo afilado a Cassandra, ella se acercó despacio al doctor que aún se encontraba dentro y le puso el cuchillo en la mano.
-Córtatelo.- Sonrió debajo de la máscara, con aquellos dientes amarillos y afilados. 
– La carne debe descansar en su carne. La carne debe descansar en su carne. La carne debe descansar en su carne.- Él tomó el cuchillo en sus manos y miró hacia abajo, nadie puede decir lo que pasó por su cabeza, pero algunas lágrimas salieron de sus ojos mientras su cara se mantenía con esa expresión de tetánica locura, de completa pérdida de sí mismo, a diferencia de la pobre criatura a la que estaba unido él si tenía la culpa. Deslizó despacio el cuchillo por la base del tronco y de un corte limpio se despojó de aquel bastardete que tantos problemas y satisfacciones le había producido en la vida. No sangró tan profusamente cómo se esperaba. Después de aquello cayó inconsciente, probablemente por la hemorragia o la tremenda sobredosis de drogas o quizá porque en algún lugar remoto dentro de su masa encefálica o de su corazón una fuerza vital decidió que lo mejor era pasarle el apagador a OFF.

Lo trasladaron a algún hospital cercano, los médicos lo catalogaron después cómo un milagro, había perdido tanta sangre que sólo la profunda contracción vascular que había pasado en su cuerpo por toda la droga pudo explicar porque no había muerto. Su cerebro literalmente se había negado a perder toda aquella sangre envenenada y lo había mantenido con vida. La mutilación fue completa, nadie pudo dictaminar la historia pues había llegado con alguien que de inmediato se había marchado. Nadie supo absolutamente nada. Cuando el doctor recobró el conocimiento se llevó una desagradable sorpresa, sin poder recordar absolutamente nada. Jamás volvió a ver a Dondante


<<Se denomina enfermedad al proceso y a la fase que atraviesan los seres vivos cuando padecen una afección que atenta contra su bienestar al modificar su condición ontológica de salud>> pensaba en voz alta en el consultorio. Una enfermedad era la pérdida o ausencia de salud, física, psicológica y emocional. Había algunos expertos que consideraban a las mutilaciones cómo enfermedades pues las secuelas dejan inhabilitado por siempre a un individuo, robándole su condición ontológica de salud. <<Estoy enfermo>> pensaba mientras se sentaba en silencio, viendo de frente a la pared << Me infecté con una idea y ahora estoy enfermo>>. Otro par de lágrimas iguales a esas que derramó aquella noche que jamás habría de recordar ni querer hacerlo cayeron a su bata y la tiñeron de alma, que se le escapaba a pedazos por los ojos. “Enfermedades de transmisión sexual” seguía rezando el enorme cartel frente al escritorio.

miércoles, 24 de julio de 2013

...

Ojalá llegue pronto el día donde la humanidad se enjuicie a si misma y todos los corruptos y los malvados sean exterminados, parece ser una visión utópica, que haya juicios públicos en contra de políticos, asesinos, exterminadores, acaudalados ilícitos que poseen riquezas que ganaron con la sangre y sudor de otros.

Que se les obligue a un exilio fuera del planeta, que la cápsula que los lleve al espacio además a medio vuelo se haga despresurizar y que sus cabezas estallen de locura...

Creo que la humanidad no nació lo suficientemente madura espiritualmente, nunca fuimos portadores de paz, y la poca luz que nos fue otorgada se extingue día a día, poco a poco con nuestras decisiones arbitrarias, egohistéricas y no sustentables.

Todo radica en que nadie acepta que la maldad vive en nosotros, que hay un profundo abismo oscuro en el alma de cada ser humano y que en ella habitan los demonios mas ruines y dañinos, creo que lo que no hemos sabido hacer es mediar a esos demonios con nuestras deidades internas y aplacarlos, calmarlos no con sangre ni riquezas si no con malevolencia orientada, no aprendimos a aceptarlos y por lo tanto a veces nos dominan.

Nos subimos a este avión llamado civilización moderna, occidental y no calculamos nunca las consecuencias de nuestra regalada conducta, Karen me iluminó un día comparando lo que llamamos civilización con el primer vuelo del ser humano, el primer vuelo de avión, nos subimos de manera entusiasta, ciegos de poder, corruptos de inocencia y volamos, nos elevamos cada vez más y más y más... pero benditas sean las fuerzas de atracción, porque ahora vamos cayendo y sentimos pánico, igual que lo sintió el primer hombre que voló y no puso ruedas en su avión, porque el suelo se acerca cada vez más y más rápido, la realidad se acelera vertiginosamente hacia nuestras caras y ahora no sabemos que hacer. Y el putazo es inminente, se los juro.

¿Y que chingados va a pasar? ¿que va a pasar cuando nos enjuiciemos y aceptemos la raíz del mal?, esa raíz que somos nosotros mismos. Me intriga, me quita el sueño frecuentemente, estamos en ese precioso, preciso e inaceptable momento definido por Ann "El momento en el que el acróbata no está tocando el suelo" he visto estos mismos ojos todos los días desde hace 22 años y hace poco noté que en ambos vive dios y el diablo.

Si algo es seguro es que nada es seguro y eso es decir suficiente.

sábado, 20 de julio de 2013

Cucarachas teniendo sexo en el año 4656

He estado seco de ideas últimamente, ¿si sabes? Cómo esos días en los que tu cerebro se seca, se siente bien apendejado y no logras concretar nada. Días de esos que no quieres salir de la cama, que sales simple y sencillamente porque tienes que y caminas por la calle, llena de gente y te sientes solo. Que bueno que tienes música para entretenerte, para no pensar… y la escuchas y la escuchas tantas veces que pierde el sentido, que bueno que al menos no estás sólo, porque en la calle también hay personas llenas de problemas, cómo los taxistas, cómo el asesino con un filetero que está sentado enfrente de ti en el metro… no lo sabes, todos estamos locos… cada uno a su manera.

A veces tienes que presionarte un poco a que salgan las cosas… porque es cómodo estar seco, dejar que la vida te pase encima y no meter la mano en la rienda, cómo la pasta de dientes, tienes que estrujar a la vida y la vida te dará de sí, no hay recompensa para el que no se sale de la zona de confort, así que, si te sientes cómodo, estás condenado. Nunca des el control, toda vida tiene una sentencia de muerte, es lo bonito de esto, la continuidad, algo nace, algo muere. Basado en ese pensamiento me decidí a forzarme a escribir algo, <<Una historia sucia>> pensé, cómo el tío Chinaski, algo puerco, un agarrón recio, con alcohol y vómito. Luego no supe que hacer, porque lo de Chinaski era real, eran un chingo, yo no tenía marco de competencia, ¿o si? Bueno si, si tengo… es difícil, soy más joven, pero tengo con que defenderme. A veces me perturban (las mujeres) no es mentira, son difíciles, pero creo que a veces basta que simplemente des todo lo que eres, lo demás no importa, si no eres lo que buscan que busquen en otro lugar. No se trata de ser un mierda, ni un mandilón, se trata de que la balanza se equilibre, que las cosas sean recíprocas y con eso es casi suficiente, o quizá eso sea lo que encaja en lo que yo creo. No se, ni me importa.

Claro que no siempre tiene que ser todo tan perfecto, las cosas se caen, otras simplemente pasan y dejan atrás una buena estela, el sexo es sólo eso, cuando se come con amor es diferente, por lo que implica, por la magia que sucede, pero vamos coño, no toda la vida es mágica, sabemos que tiene sus recovecos sucios, llenos de lodo de la tierra de los sueños, llenos de caca, las moscas vuelan por doquier, todo el día. El mundo gira al revés, o quizá no, quizá si gira hacia donde debe de girar y nuestro destino sea el fracaso absoluto, cómo especie, todos tenemos la idea de que las extinciones masivas (si señores, la vida ha pendido de un hilo en este planeta muchas veces antes de que nosotros siquiera pudiéremos pisarlo, pensarlo) son de putazo, ¡PUM! A la verga, todo se murió, en un día, de sopetón, pero no es así, pasan años, cientos de años, todo va cayendo por su propio peso, pero lo hermoso de ello es que luego hay chance de que domine otra especie, quizá seamos nosotros mismos, evolucionados, quizá sea cualquier otro bicho vivo en este planeta. Cucarachas resistentes a la guerra nuclear, de 9 metros, en un millón de años, me gustaría estar ahí. Seguro lo estaré, pero de otra forma.


Y esas cucarachas también van a coger, quizá tengan mañas extrañas cómo nosotros, quizá tengan nuestros mismos conflictos con su sexualidad (si es que la tienen) Quizá las muy estúpidas adopten parte del pensamiento humano, seguro no, cualquier bicho que quiera ganarnos la plaza debería ser más listo que nosotros, ¿no es así? Y tengan nuestras prácticas extrañas. Cómo esa vez que me inventé un truco, el trenesito era su nombre, el trenesito consistía en juntar los labios y hacer cómo trompetista. No era fácil, tenía su chiste, porque al principio era burdo, pero se fue afinando, probaba con diferentes velocidades y veía cómo afectaban la cosa, me colocaba en el clítoris, un poco más arriba, más abajo, lo alternaba con otros movimientos y siempre daba un buen resultado, enfermé de poder y me creí un maestro, lo probé varias veces, con varias chicas, con unas daba buen resultado y con otras no. El sexo es una cosa terrible si con quien lo practicas no resulta ser de tu completo agrado, hay veces que simplemente necesitas (ojo, quizá no quieres hacerlo, pero lo necesitas, la gente hacemos cosas terribles e increíbles cuando estamos en necesidad) coger, adentro, afuera, sin emoción, ni sentido, arriba, abajo, entras y sales y luego te vas y eso no es malo, es cómo decir que la necesidad de cagar es malo, o respirar, sé que hay gente que encuentra la paz abandonando completamente el sexo, que vidas tan horribles deben tener.

El sexo puede ser divertido y peligroso al mismo tiempo. Recuerdo alguna otra chica, nuestra onda era básicamente la violencia, nos maltratábamos y eso nos gustaba, nadie puede juzgarnos por ser autodestructivos, se destruye para crear debajo de ello, para encontrar la paz, para subir al cielo y bajar al infierno con las consecuencias. Nos besábamos con tanta furia que a veces nos sacábamos sangre, solía morderla y a ella le gustaba, me refiero a morderla fuerte, en lugares donde su madre no pudiera ver las marcas, me pedía además que le jalara el pelo cuando lo hacíamos, yo por mi parte disfrutaba que me arañara, que me mordiera... jamás tuve el valor de asfixiarla aunque ella a veces me lo pedía, cuando teníamos un desacuerdo lo solucionábamos con violento amor de cama, de sillón, de donde fuera. Las cosas obviamente acabaron mal, bastante terrible. Pero nadie dijo que todo tiene que morir en paz, a veces mamá muerte es una violenta, lenta y dolorosa agonía. Otras veces pasa sin que la notes, un día dejan de hablarse, se distancian y finalmente cada uno toma su camino sin hacerla de pedo. Y es que el mundo es un lugar azaroso, son demasiados, cientos de factores que no logramos comprender, es imposible, incalculable y las cosas también pueden salir perfectamente, noches de verano, de libertinaje, sana promiscuidad que siempre termina en un rostro satisfecho y una mañana luminosa, sin culpas, sin preocupaciones, sin malas interpretaciones, -Todo se ve en un tiro.- dice un hombre muy sabio que conozco, tuve que adoptar esa filosofía, pero antes de ello debes advertir, ambas partes tienen que estar de acuerdo que lo que sea que haya pasado queda ahí, <<No respondo chipote con sangre, sea chico o sea grande>> la famosa ley de cada quien con su putazo y el camino sigue. Es importante creo, que siempre se establezca con rigor esta postura en los casos pertinentes, considero un mierda y un marica quien hace promesas falsas, igualmente a las mujeres, la cosa es ser coherente, si no quieres nada, no engañes para obtenerlo todo. No seas hijo de puta, en fin, cómo nos han enseñado las caricaturas la violencia también puede ser divertida, mordidas ligeras (o fuertes), nalgadas, coger por todos los hoyos disponibles, usar los dedos, los puños, objetos inanimados, bombear y bombear y volverse loco, todo se vale si complace, no hay modos incorrectos, si ambas partes están de acuerdo todo es bueno.

El sexo puede también ser parte de la cotidianeidad y como tal tiene sus historias graciosas, cómo aquella vez que estábamos en el preámbulo, era la primera vez, las primeras veces siempre son importantes, creo a veces que el primer follón deja a desear mucho de si, por los nervios, depende de la importancia intrínseca que lleve y también la mentalidad con la que lo abordes, puede ser un triunfo… pero también una tragedia. Continúo la historia, primero leve, besos, luego conforme notes que puedes atacar te arriesgas, poco a poco, tienes que ser cuidadoso, puedes joderlo todo y a tu pene eso le vendría muy mal, le tomé una chichi, creo que le gustó, siguieron los besos, fuera sweater, playera, agarrón de nalgas aún con el pantalón puesto y entonces ocurrió, ahahahaha aún me da un poco de risa al recordarlo, ella bajó la mano, y empezó a buscar en la rodilla derecha y yo pensé en ese momento <<Chica ¿Neta?, wey, ¿que vas a hacer con una cosa de ese tamaño?>> y me traicionó la risa y me hice hacia atrás, <<Estás lejos, muy lejos mi reina, me asombra lo ambiciosa que eres con un cuerpo tan pequeño>>, porque hablo de algo de más de treinta centímetros, lo averigüé, medí mi fémur y daba más o menos eso, no tengo idea de en que estaría pensando pero seguro que no podría haberlo manejado, o quizá si… ahahaha ojalá hubiere sido así de largo para averiguarlo, pero no.


Hubo otras cosas, cómo los pedos vaginales, estos últimos son tu culpa, mala técnica, entra demasiado aire y luego ese aire debe salir, no debe quedarse ahí por más que le guste la calidez, consejo, no hagas bromas sobre ello, si a la chica le parece gracioso tal vez puedan convertirlo en algo no embarazoso y divertido, pero de ser que a ella le incomode tú no deberías ni siquiera pensar en ello, no menciones detalles negativos, si no quieres escuchar tus propios pecados y fallas, se precavido y escucha lo que tengan que decirte o podrías terminar con una cachetada en la cara, con un enorme drama envuelto en llanto, o con un kisses de Hersheys hecho de caca en la punta de tu pene y ahora sólo queda reír de eso. 

Reglas de oro, condones, que nunca falten, aunque sé que también es triste tener el clásico condón de cartera esperando y esperando su momento aunque el río de las mujeres parezca estar completamente seco, no te desesperes, la desesperanza es el peor perfume y ellas pueden oler el fracaso y la urgencia, son expertas. Finalmente evita las máscaras o déjalas que caigan solas por su propio peso, no te obsesiones, puede destruirte, las mujeres pueden destruirte, los hombres pueden destruirte, cada ser humano es un asesino potencial, no es necesario que sea un ser vivo, puedes matar muchas cosas, esperanzas, sueños, todo aquello que también tiene una vida, diferente y más abstracta pero que nos palpita en las entrañas y nos grita que puede sentir.

Finalmente el aprendizaje se basa en la repetición, dicen que te enseña más coger muchas veces con la misma persona que con muchas diferentes y yo creo que es cierto, porque te vuelves analítico, son ensayos de prueba y error, la pornografía puede ser el nivel básico de estudio si eres ecléctico y tomas de ella lo que te funcione, ser observador sin ser frío y calculador puede ayudarte, también que tengas mucho sentido común y entiendas sin necesidad de pensarlo cual es el siguiente paso, a veces también vale la pena que te olvides de todo y simplemente dejes que sea cómo tenga que ser, creatividad, toda la que puedas, usa todos los recursos que tengas. Quizá no siempre sea completamente divertido pero intenta pensar <<Yo ahorita estoy cogiendo y un millón de imbéciles no>> las cosas se harán más fáciles, invierte tu tiempo y ocio en él, sugiere bonitos juegos cómo a ver cuantas veces logro que tengas un orgasmo, enserio, hasta que grites basta, y que pasa se toco esto con esta parte de mi cuerpo, que te parecería que cojamos hasta que ninguno de los dos pueda más, vamos a hacerlo en la cama de tu mamá, encima de su almohada, hasta que ya no pueda eyacular más, luego de eso tienes que registrar tus números, tenerlos en mente para que un día puedas decir de manera presuntuosa que cuando eras joven en realidad si te esforzaste por ser una máquina para follar, conviértete en una bestia, pero se cuidadoso, todas las bestias requieren ser ligeramente dominadas, tienes que ser sigiloso para matar.

Creo que no diré mucho más, el tema empieza a cansarme, me dan ganas de despedirme cómo un gran viejo que dijo lo siguiente

“...Que dios le conserve hermano, 


por los siglos de los siglos 

un coño propicio a mano...

…Pide al cielo para usted

su compadre emocionado

y a follar aficionado

Cela Camilo José”

Pero no puedo ser tan rata, así que sólo les deseo felices polvos, dios guarde, amén.

viernes, 5 de julio de 2013

Me acuerdo de ti

A veces, cuando nos miro al espejo
y parece que no estás del otro lado
deseándome los buenos días. 
Te encuentro en los ojos cuasi morados del abuelo
en la barba de canas
en la pestilencia de otros, que es la mía
en la voz del padre
ahí estás y a veces no te veo. 

Huele a tierra mojada
porque ha llorado el cielo
lluvia marrón, ácida, truculenta
que vas matando lo que te encuentras
pero que engrandeces lo verde
y lo potencializas 
¿Eres tú la culpable de las tristezas?
Nos lavaste por dentro y no dejaste nada para las arañas.

No importa si estás perdido
porque en realidad siempre lo haz estado
eres un buen vago, sabes comer de la basura
siempre bien parado en tu demencia
en tu incongruéncia
fatal
letal
fetal
natal
confío en que nos salvemos de esta
y de todas las que vienen
porqué intentas aprender de las caídas
porqué todo se cae
todo el tiempo
benditas fuerzas de atracción
¿y sigues creyendo que esto es real?