miércoles, 26 de junio de 2013

EL amuleto de cristal.


El día del amuleto mágico fue un 2 de Noviembre, no recuerdo el año, pero si la fecha, yo estaba en la universidad estudiando veterinaria, bueno, lo intentaba, todo el tiempo tenía conflictos con algunas cosas, pero poco a poco fui dándoles otro punto de vista, la realidad es que muchas cosas me causan conflicto, quizá soy idealista, una sin remedio, soñadora y loca. Las clases me gustaban mucho, (algunas) yo intentaba darme a mí misma explicaciones para ciertas cosas, con la escuela aprendí el valor de una vida, cosa que antes ignoraba, internarme en ese asombroso mundo de los animales me encanta, porque yo soy una, nocturna, este relato está pensado para reforzar ese concepto; noches y noches en vela, despertando temprano, caminando hacia el amanecer, con el sol directamente a tu cara, esa clase de sensaciones que sólo valoras cuando estás tranquila, todo fluye, todo se mueve, nada permanece nunca estático. Los amigos, el pasto, los árboles, todos los elementos que conjugan la realidad siempre presentes, el estrés también estaba presente, todo el tiempo, a mi no me desagrada tanto porqué tengo la sensación de que hago más cosas, aunque no me gusta nada estar siempre preocupada por todo, a veces lloro, grito a solas, paso días sin dormir, pero de ahí no pasaba.

Ese 2 de Noviembre llegó sin esperarlo, un día de muertos más, después de haber ido a hacer nada a la escuela, igual que siempre. La gente me aburría mucho; yo soy guapa y estoy acostumbrada a que varios pobres incautos y estúpidos homo erectus se tiendan a mi paso para usarlos cómo alfombra y verlos felices, retorciéndose de dolor bajo la agudeza de mis tacones altos, pero ello no significa que eso me gusta, es terriblemente desgastante sonreír siempre, mantener una apariencia, mientras le sonreía con falsedad a los demás, todas esas sonrisas falsas volaban cómo luciérnagas en la oscuridad, para posarse en el aire falso y morir de puro gusto y de aburrimiento, no hay espacio para los lunáticos en este mundo ordinario y nada especial pasa alrededor de la gente normal, el mundo está diseñado para los estúpidos, lo aprendí de Pink Floyd, El Dark Side Of The Moon, esa enorme promesa de el paraíso perdido de los lunáticos, el lado oscuro de la luna, el lugar donde todo lo que tocabas, lo que creabas y destruías, y todo lo que eras y tendrías jamás estaba eclipsado por la luna, luego de eso, una cruel voz decía “No hay un lado oscuro de la luna, de hecho es toda oscura.” No hay lugar en este mundo para los locos.

Hice mi rutina cotidiana de ignorar a todos, sonreír sin sentirlo. Salí de clases y me llamó una amiga, me dijo que le gustaría verme para darme un regalo muy especial.- ¿Un regalo especial?- Dije yo. – ¿No será la cabeza de tu madre en una caja verdad?- Reímos. –No.- Me dijo.- Es algo serio y muy especial, te explico cuando te vea.-
-De puta madre perra, nos veremos al rato.- Colgué el teléfono, salí de clases y tomé un taxi a casa de mi amiga, en el camino el taxista me observaba insistentemente las piernas mientras desataba su verborrea, yo respondí con monosílabos –Si… No… No se… No me importa…- Llegamos al lugar, le pagué al chofer y pude vislumbrar cómo me observaba al bajar, me di la vuelta y caminé hacia la casa.

Toqué el timbre, nadie respondía a la puerta, toqué de nuevo, con más insistencia, escuché risas al interior y finalmente me abrieron la puerta, ahí estaban, en la sala de la casa varias de mis amigas, fumando, riendo, con una tenue música de fondo, les di a cada una un beso en la mejilla y me senté en un silloncito individual al fondo de la sala, el humo inundaba el lugar poco a poco, me puse los dedos en las sienes pues empezaba a sentir un leve dolor de cabeza.
-¿Cómo te fue hoy?- Me preguntó ____________
-Bien.- Le contesté. –Bien a secas, todos los días son lo mismo, a veces incluso me pregunto si no estoy encerrada en un loop diario de imbéciles y monotonía.-
-Nos tienes a nosotras.-
-No es suficiente, a ustedes las veo poco, pero tengo que solapar gilipollas y su mierda todos los días en la escuela, no sabes cuánto me desgasta.-
-No todo está mal Ana Laura, intenta calmarte, ¿quieres un trago?-
-Eso sería agradable, ¿Qué hay?-
-Cerveza, ginebra y vodka.- cerveza, “el elixir de los tontos” a veces lo denominaba yo, no podía con esa cosa, era muy amarga, era muy burbujeante, era muy poco sofisticada y definitivamente no era para mí, le pedí un vodka con 7up y me encendí un cigarrillo largo de los que había en la mesa, tabaco importado, del bueno. Volví a sentarme en mi sillón, le di dos fumadas profundas al cigarrillo y exhalé despacio. -¿Qué vamos a hacer hoy?- Pregunté.- Pues no tenemos plan todavía, estamos pensando.-
-¿Y me hicieron venir hasta acá para nada?-
Todas fruncieron el seño, __________ me dijo.- No viniste para nada, estás aquí con nosotras y si eso no te es suficiente te sugiero que te pegues un tiro de una vez.- Reímos –No es que no me sea suficiente.- Dije. – A veces me siento cansada de lo mismo.-
-Pues hoy no va a ser lo mismo.- Dijo________ -Les tengo una sorpresa cómo les había prometido, Ana, al lado de ti hay una caja, pásamela.- Era cierto, apoyada en el brazo derecho del sillón había una pequeña cajita de madera con una flor tallada en el centro, parecía un ojo, la tomé entre mis manos y me pareció demasiado ligera para ser una caja de madera, se la entregué a mi amiga.

___________ acercó una pequeña mesita de centro y en ella colocó la caja, me dio mi vodka7 y se arrimó también una silla, abrió la caja despacio, dentro de ella había tres bonitos amuletos, con una delgada cadena dorada en cada uno, parecían bonitos ojos de gato, hechos de cristal transparente, estaban montados en una especie de pequeño sol del mismo metal que la cadena, nos dio uno a cada una, lo sostuve en mi mano, cómo si fuera una serpiente. Me quedé en silencio y la volteé a ver, ella se sentó y nos dijo. – Estos son amuletos de la felicidad.- Se quedó callada. -¿Qué?- Le dije, las palabras que salían de su boca con perfecta naturalidad carecían de sentido para mí. –Amuletos de la felicidad.- Repitió ella con seguridad.- Me los regalaron, miren, estas cosas tienen un valor mágico muy especial. Les explico brevemente. No sé cuánto tiempo han estado estas cosas en circulación, podría ser mucho tiempo, el chiste es que, alguien del que no puedes hablar, una persona antes de ti los recibió de otra persona, la condición por lo que parece ser es que nunca le digas a nadie quien te los ha dado y luego, cuando lo hayas usado tú una vez, debe pasar a otra persona, esa persona la escoges tú. Afortunadamente la persona que me dio el mío la primera vez es una buena fuente, no entiendo porque, pero siempre tiene alguno para ofrecer, yo acumulé estos tres sin usarlos para dárselos a ustedes, es un regalo, créanme que la experiencia vale la pena.-

<<La experiencia vale la pena… la experiencia vale la pena…>> Todavía recuerdo sus palabras y ya ahora me parecen muy lejanas, siempre he estado perdida en el tiempo, allá va Ana Laura, caminando despacito a las montañas de huesos humanos, llenos de odio, llenos de putrefacción.
-Pónganselo y salgamos a cotorrear.- Dijo ___________________
-¿A dónde vamos?- Pregunté.
-Vamos a caminar por el centro.- Me respondió _________________ Todas asentimos.
Antes de salir de la casa nos pusimos los amuletos, fumamos un poco más, tomé otro cigarrillo de la mesa y salimos a la calle, antes fuimos al OXXO a comprar cigarros, bueno, yo lo hice. Tomamos un taxi, en el camino yo no podría dejar de pensar en este trozo de cristal que sentía al lado de mi corazón, ¿Qué se supone que debería sentir? Quizá esto fuera una de esas cosas metafísicas y mágicas que sólo ocurren cuando tienes fe, yo no. A mí no me convencen las religiones, las respuestas no están en la religión, no están en Dios, están en el polvo del que todos estamos hechos, polvo de estrella. Siempre he considerado a la humanidad cómo el experimento más bello y más cruel de la mente más perversa. El gran homicida y creador nos vigila, cuidado, él todo lo ve, todo lo sabe. Ja!. Volteé a ver a mis amigas en el taxi, todas tenían una expresión agradable, se veían cómodas, de verdad me gustaba mucho estar con ellas, tomar miles de fotos, escuchar a Floyd, reír hasta vomitar, hablar de cosas realmente profundas, sentir rabia en nuestro interior, despotricar, ser perras.

 En ese momento llegamos a la calle de Madero en el centro, pagamos el taxi y bajamos entre el mar de gente, pero había algo diferente a cualquier día, por ser día de muertos había ríos, mares de gente disfrazada con una variedad de disfraces alta, prácticamente todos tenían uno diferente, visualmente era un espectáculo maravilloso, un cerdo capitalista al lado de unos anarkozombies, plantas contra zombies, un perro bebé con un disfraz de león, sentí feo pero no dejo de ser gracioso, era de ensueño, estaba en el sueño más dadá que he tenido, lo único que faltaba es que la torre latino y todos los edificios comenzaran a derretirse. Hermoso. De pronto al pensar en esto me reí, solté una fuerte carcajada que me nació de dentro del pecho. _______________ volteó a verme, se veía particularmente feliz. -¿Cómo te sientes?.- Me preguntó.
-Mejor, desapareció mi dolor de cabeza y me siento mejor, mira qué bonito zombie, la manera en la que escurre la sangre por su cara, es demencial, hermoso.- _______________ me sonrió con amplitud y me dijo.- Te quiero mucho, gracias por venir.-
-No te pongas sentimental.- La rodeé con mi brazo mientras caminábamos, la estrujé fuerte cómo una prensa y seguimos caminando; a nuestro alrededor la gente se tomaba fotos entre sí, me pareció un fenómeno interesante, extraños, con máscaras, siendo amables entre ellos, porque por una sola noche su fin era el mismo, que raro, la gente no es amable entre sí, tenemos esas mismas máscaras de hostilidad todos los días, pero hoy era diferente, hoy no veía a una masa gris, yendo y viniendo hacia ningún lado, malgastando sus vidas, hoy veía seres humanos simplemente siendo, sin otra pretensión que divertirse en colectividad, simplemente siendo, dejándose ir por el momento. Había incluso alguno que se tomaba muy enserio su personaje, gente que corría, gruñidos, gritos que salían de ninguna parte. Incluso un sujeto vestido de hombre lobo intentó asustarme, pero yo lo tenía bien vigilado desde que lo vi, cuando se acercó simplemente le acaricié las orejas y le dije –Eres un buen perrito, ahora ve a buscar huesos en la tierra.- Él extraño aulló dentro de su máscara y salió corriendo cómo un loco, me dio muchísima risa. 

Llegamos al Zócalo, caminamos un poco más y llegamos al lugar donde empezaría la noche, pasamos a la entrada, nos pusieron un sello en la mano y subimos a la terraza. La música electrónica retumbaba las paredes, no era realmente mi ambiente, ni la disfrutaba de manera excesiva, pero ese día me pareció bastante bueno, bailé, mucho y cada vez más, sentía una necesidad en mi cuerpo de moverme, era muy gracioso, era cómo si nunca hubiere tenido aquel dolor de cabeza hasta hace tan poco tiempo. ¿Cuánto tiempo habría pasado? ¿Quizá una hora? Me pareció mucho más lejano, era cómo si estuviere sentada en un tren que se movía rápido muy rápido, miré a mis amigas, bailaban, se divertían, sentía algo dentro de mí, una enorme energía, una asombrosa felicidad brotando de cada uno de los poros de mi cuerpo, bebí más cerveza y seguí bailando.

No recuerdo si estuvimos ahí una o dos horas… cuando salimos del lugar, tomamos nuestras cosas y empezamos a caminar sin rumbo por el centro, todo parecía más hermoso, la luz era más brillante, el aire más limpio, más vivo, cosquilleaba en los pulmones, abracé a mis amigas mientras caminábamos, pasados 15 minutos de caminata sin rumbo llegamos a un callejón, cerrado por una lona, dentro, hubo un aburrido concurso de disfraces, como siempre, las tetas dominaron la votación, el premio se lo llevó una tipeja horrenda, con un disfraz provocador, <<Esto es mierda>> pensé. Había disfraces más originales, mejor hechos, ¿Por qué? ¿Por qué el mundo de los hombres tenía que ser así? ¿Es que acaso nadie puede ver más allá? Estamos tan cegados, corrompidos de prototipos de sexualidad, de modas absurdas, de bellezas falsas, de adoración a lo plástico, a lo estúpido, no hay otro juicio más que el que nos fue heredado por los monos. A veces quisiera ser un juez, sentarme en la silla más alta del mundo, cortar cabezas y ahorcar a unos cuantos en la vía pública, tal cómo en The Wall, Ana, poderosa gobernante, soberbia, hendida en su locura, con la única misión de erradicar la peste, esa asquerosa plaga llamada humanidad. Volví a reírme fuerte, estaba tan llena de una inmensa y rebosante felicidad que nada de eso me importó. Platicamos después con un par de chicos agradables, eran pareja, aunque no lo admitían, pero el amor era más fuerte que sus propios prejuicios, lo veías de manera transparente por cómo se observaban, la manera en que se paraban uno al lado del otro, era curioso, mientras platicamos con ellos sus codos se tocaban cada que alguno empezaba a hablar, era como una chispa, cómo rozar dos cables conectados a una batería, quizá sólo era mi imaginación, pero estoy casi segura que veía que sus facciones cambiaban cuando esto pasaba, cómo si ese pequeño chispazo les diera una sonrisa. Entonces nos marchamos del lugar.

Seguimos caminando, habíamos caminado tanto que yo no entendía cómo diablos no estaba agotada, simplemente no lo estaba, todo se fundía en la luz de los faros de la calle, tan brillantes cómo pequeñas estrellas, la cantidad de gente en las calles había disminuido considerablemente, de hecho no quedaba casi nadie, sólo algunos ebrios tardíos cantando cómo si fuera el último día de su vida.
-Esta hasta el momento ha sido una noche de puta madre.- Les dije a mis amigas -¿Qué sigue, a donde vamos, que vamos a hacer?-
-Sigamos caminando, luego en algún punto tomamos un taxi o algo.-
Me pareció buena idea, seguimos caminando hasta llegar a un pequeño parquecito, completamente vacío, en el medio habían montado una gigantesca ofrenda, nos acercamos a observarla, la luz de las velas todavía encendidas bañaba suavemente a las cañas de azúcar y al papel picado, era un trabajo bastante bueno, se veía a leguas que alguien se había esforzado en montarla, no tenía fotos, no tenía nada, pensé en el significado de ofrecer algo a los muertos y no lo entendí; decidimos tomar un descanso en los columpios del parque. Me mecí con fuerza, cómo no lo hacía desde hace mucho tiempo, cada vez más arriba, cada vez más alto, las estrellas se acercaban y se alejaban con el vaivén, 1era ley de Sir Isaac Newton,
dice que si sobre un cuerpo no actúa ninguna fuerza, este permanecerá indefinidamente moviéndose en línea recta con velocidad constante (incluido el estado de reposo, que equivale a velocidad cero) y ahí estaba yo, siendo impulsada por una fuerza gigantesca que no comprendía, la felicidad.

Cuando hubimos descansado lo suficiente caminamos un poco más, en el camino vimos más ofrendas, todas de estructura similar, hasta que en la esquina de un gran cruce vi una que me hizo sentir nostalgia. Una sola vela, rodeada de flores de Cempazúchitl, una muñeca de trapo con cabello de hilo negro hecha de jerga de algodón y una rosa que empezaba a marchitarse puesta en una improvisada maceta hecha con la mitad de una botella de Coca-Cola, no me gustaba recibir flores, simplemente no podía con el hecho de verlas desfallecer día a día en el florero, rendidas de cansancio, muertas por su propia belleza, culpables e inocentes. No podía con ello.
-¿Estás bien?- Me preguntaron mis amigas pues me había quedado parada enfrente del altar en silencio, volteé con una enorme sonrisa temblorosa en mi cara y les dije que si, seguimos caminando. En el transcurso de la larga caminata hablamos de música, de la vida y de cosas que en realidad parecían ser muy profundas. Era extraño, a veces al escuchar a cada una dar su argumento sobre determinada situación yo daba una contrarrespuesta que me parecía elocuente, pero de pronto (con aún cosas que decir) me quedaba completamente en blanco, cómo si las palabras se hubiesen borrado de mi cabeza repentinamente, una enorme pared de mutismo se ponía justo enfrente de mí y no recordaba de lo que estaba hablando, entonces me quedaba callada y luego decía -¿Qué les estaba diciendo?- Luego todas reíamos y retomábamos cualquier otra conversación. En aquellos momentos nos dimos cuenta que estábamos relativamente cerca de la casa, lo cual a mi me pareció asombroso, habíamos recorrido una distancia considerable simplemente caminando, simplemente riendo a carcajadas, temblando de alegría y respirando más felizmente que nunca. Pasamos por un lugar que me gusta mucho, un cruce que está sobre Obrero Mundial, donde se coordinan 8 semáforos en las madrugadas y todos prenden al unísono, es cómo un enorme árbol de navidad imaginario, pero amarillo ámbar, es precioso.

Finalmente llegamos a la casa, pusimos música, bebimos otro poco, y seguimos fumando, platicando cada vez de cosas más extrañas que poco a poco dejamos de comprender, finalmente la música nos atrapó y guardamos silencio para dejarla pasar, para permitirle elevarnos a lugares desconocidos y aleatorios, cerré los ojos y me perdí entre imágenes y pensamientos, abrí los ojos y creí ver salir hormigas de una de las lámparas del techo, pero no eran pocas, eran cientos, cientos de hormigas que escapaban de la luz cómo si las quemara, me froté los ojos vidriosos y me puse de pie temblando a comprobar si lo que estaba viendo era real, pero al momento se desvanecieron.
-Yo también las vi.- Me dijo ____________
-¿Qué viste?- Le pregunté yo con algo de miedo a su respuesta
-A las hormigas, eran un chingo, mira, ahora también están en el teclado-

Voltee a la pared donde estaba recargado el instrumento y las vi también, estaban paseándose entre las teclas blancas que las hacían resaltar, se metían dentro, salían, hacían su voluntad pero no parecían ir a ninguna parte. Las cosas apenas empezaban a tomar su forma final, seguimos teniendo esa plática lúcida y espléndida pero entrecortada por el olvido momentáneo, no importaba, el tiempo parecía haberse ido a pasar a otra parte, el techo ahora se había convertido en un enorme río de cocodrilos que lo navegaban encima de nuestras cabezas, cocodrilos de tirol en un rio que se entremezclaba con sus cuerpos, de pronto nos quedamos en silencio absoluto, cerré los ojos y escuché una vocecilla demente en mi interior, era yo misma, en forma de múltiples susurros, frases sueltas y exclamaciones.
-Buenas noches pequeño demonio.- Escuché que me decía.
-Buenas noches.- Le contesté con calma.
-Hoy he venido a hacerte un pacto-
-Ohh no, ¿no has venido a atormentarme?- Le respondí con preocupada franqueza
-No, este es un pacto de convivencia, sabes que jamás voy a irme ¿Verdad?-
-Si, supongo que estamos atados y entremezclados tanto el uno con el otro que a veces no sabemos quien es el que manda en el cuerpo, quien toma las decisiones, somos simplemente la misma cosa.-
-Así es, sin embargo se que siempre tú estarás ahí susurrándome o quizá yo a ti y debemos dejarnos en paz, ¿De acuerdo? Me cansa tener que estarnos culpando de pendejadas, simple y sencillamente hay que comernos el uno al otro, sea quien sea el monstruo, debemos dejarlo ser-.
-Eso sería perfecto- Le respondí.
–No tenemos porque pelear.-

Abrí los ojos de golpe y me di cuenta que en aquel trance había salido el sol. Me acerqué la computadora y puse cualquier cosa, observé fijamente la pantalla por horas sin entender absolutamente nada de lo que pasaba, riendo ocasionalmente sin saber porqué. No pude dormir hasta entrada la tarde, apenas una hora. Desperté sintiéndome realmente enferma, era algo similar a un enorme agotamiento mental, asco, náusea. Decidimos que sería buena idea comer y me di cuenta de que había pasado casi un día sin hacerlo, intenté comer sushi y no pude hacerlo digamos de manera abundante, de hecho sentía tanta náusea por el arroz, el pescado crudo, era horrendo, la sensación en la boca. Decidí dejarlo y simplemente beber agua, era maravillosa, ahora más que nunca, sentía que a cada trago, que ella combatía esa horrenda sensación de vacío mental.
-No puedo comer un bocado, siento náuseas.-
-Fue por el amuleto.- me dijo_____________.
¡El amuleto! ¡Lo había olvidado!, de inmediato busqué en mi pecho pero no lo hallé, había desaparecido.
-Tranquila, siempre se te caen del cuello cuando no te das cuenta, pero busca en tus bolsas- Así lo hice, en la bolsa derecha del pantalón estaba doblado, era muy raro que no lo sintiera, lo saqué y volví a observarlo con detenimiento, al contacto, el cristal parecía estar muy frío, cómo hielo, sin embargo pasaba que cuando lo observabas directamente se ponía cálido, incluso parecía irradiar una luz casi imperceptible, algo muy similar a una maravilla que contemplé con mis propios ojos, el efecto Cherencov, Cobalto 60 es el nombre del elemento radioactivo que lo provocaba, imaginen en este punto un avión, uno de esos cazas de guerra que al pasar hacen un enorme ruido parecido a un boom, esto se debe a que viajan más rápido que la velocidad del sonido, pues bien el Cobalto 60 emite radiación electromagnética que viaja más rápido que la luz, podría parecer contradictorio que se diga que algo viaja más rápido que la luz, no tiene sentido; pues bien, el Cobalto 60 se encuentra sumergido en una enorme fosa de agua, y la velocidad de la luz en agua es menor a la velocidad a la que viajan estas partículas, de manera que la radiación “Acumula” la luz alrededor de las fuentes de emisión, su longitud de onda nos da un hermoso color azulado, bien conocido cómo azul cobalto. Una belleza que me aseguraron que pocos verían en sus vidas jamás. Yo les creí.
-Hoy en la noche puede que te sientas algo triste, porqué, finalmente tuviste mucha felicidad en una sola noche, digamos que el amuleto pone disponible toda la felicidad que tienes en tu interior, pero después se agota y tarda en volver a regenerarse-
A mi me pareció completamente lógico, todo lo que se usa en exceso se acaba, supongo que también aplica a nivel emocional, ahora que lo recuerdo también tuve alguna vez episodios de profunda tristeza donde me pasaba el día acostada y viendo a la pared, con los ojos llenos de lágrimas, un buen día desperté y toda esa tristeza horrenda se había desaparecido, me quedé sin lágrimas en los ojos, simplemente se había ido. Igual me pasaba al escribir, había días que escribía y escribía de manera casi compulsiva, era cómo escupir ectoplasma todo el tiempo y eso un día simplemente se acabó, se secó el rio de las palabras. Ya no puedo escribir poemas, mis operadores simplemente no conmutan.

Acabamos de comer y me despedí de mis amigas, el amuleto seguía en mi bolsa cuando le di un beso en la mejilla a cada una y emprendí el camino hacia mi casa. Cené a duras penas un par de manzanas y me fui a la cama exhausta, sin embargo no pude dormir placenteramente, no al principio, estaba incómoda adentro de mi propia piel, sentía dolor en las articulaciones, comezón dentro del cerebro, miedo, tristeza, al cerrar los ojos recordé todas esas hormigas saliendo de la lámpara y sentí comezón en los ojos y otra vez las vi salir, pero ahora no de la lámpara, ahora las hormigas (francamente eran menos pero igual de mortificantes) salían de debajo de mis párpados, y al salir me provocaban una comezón tremenda, yo sabía que habían hecho un nido justo en medio de mi cerebro y quizá esa era la razón de que me picara, tenía sed, calor, frío, ganas de no estar viva, me fumé varios cigarros dando vueltas en la cama, entre pesadillas lúcidas y las hormigas me quedé profundamente dormida.

A la mañana siguiente me sentía mucho mejor, desayuné con más entereza y me fui a la escuela, ahora todo me parecía mucho menos aburrido, en el transcurso del día vi a mis amigos y les platiqué cómo había sido el fin de semana, cuando recordaba las experiencias una enorme sonrisa brotaba de mi interior, a veces volví a soltar carcajadas de la nada, todo volvió a parecer brillante, aunque no tan brillante cómo cuando tenía el amuleto; el pasto parecía verde otra vez. Ahora entiendo que nada había cambiado, la que había cambiado era yo, el amuleto en si no me daba el acceso a una realidad sagrada, el amuleto no hizo que todas aquellas cosas buenas pasaran esa noche, el amuleto sólo me dio una especie de loop, la felicidad que brindaba no era felicidad per se, era simplemente la retroalimentación catalizadora de aquella historia, la felicidad finalmente era una alteración de la percepción, si no hubiere tenido aquel amuleto ese día quizá mi percepción de la realidad viciada y cotidiana lo habría podrido todo y nada hubiese parecido tan divertido cómo lo fue, pero todo se debía a que la realidad estaba vista desde otro enfoque, uno influenciado por aquel cristal en un sol. 

Me pregunté cuantas veces habría pasado días grises donde todo parecía una puta mierda sólo por no poder desvanecer la tristeza, por supuesto que la mayoría de las cosas seguían siendo una puta mierda, pero ¿Entonces ellas me arrastraban a no ver todo lo demás? Había muchas cosas por las que seguir luchando, muchos parches que conseguir para el alma, recordé de pronto que en la noche escuchamos completo el Yoshimi Battles The Pink Robots de los Flaming Lips, y en algún punto pensé que ese disco pudo bien haber sido nombrado “The Bright Side of The Moon” evidentemente en alegoría a Floyd, la psicodelia también es brillante, me di cuenta cuan reparador había sido todo aquello, de cuanto equilibrio había obtenido en mis juicios, recordé que hice un pacto con el monstruo que vive en mi y ahora me sentí agradecida por tenerlo dentro, toda aquella noche incluida la noche anterior que fue horrenda, pero bien valía el sacrificio. Fue una fortuna. No he decidido a quien pasarle el amuleto, pero estoy segura que esa persona debería sentirse lista para derrumbar un par de prejuicios y construir cosas nuevas dentro de su cabeza. Porqué es la única manera de construir, destruir para construir. Quizá te lo de mañana a ti y si eso pasa espero estés listo.



El universo no es aleatorio, es caótico pero preciso, prepárate porque pronto viene el salto, el cambio de paradigma. Y aquellos que no estén dispuestos a mutar todos los días van a pasarla mal. A veces simplemente quiero creer que todo va a irse a la mierda y que quedarán sobre la tierra los que tengan que quedar, con el futuro, su futuro en nuestras manos. 

Me enciendo otro cigarro mientras tecleo esto, es Junio, ha llovido y la lunática acaba de tocar la puerta, espero no entre, ruego que no me atrape con sus ojos verdosos de reptil, ha sido un día largo. Buenas noches.

No hay comentarios: