martes, 17 de julio de 2012

Sara.


Sara tocó el timbre de la casa de su tía, una voz masculina le preguntó del otro lado.
-¿Quién es?-
-Sara tío, ¿no estará mi tía?-
El hombre le abrió despacio la puerta, el chirrido de las bisagras le erizó un poco la piel a Sara, su cuerpo fue invadido por la mirada lasciva de su tío.
-Salió.- Le respondió el hombre.-Fue a comprar el mandado y la leche para la niña, ¿Qué necesitabas?-
-Nada urgente, en la casa nos cortaron el agua y quería preguntarle si me dejaba bañarme aquí.-
El hombre hizo una mueca extraña y su cara de sapo se mostró complacida.
-Claro que si mijita, pásale.-
Sara caminó derecho al baño, cerró la puerta y se aseguró de tapar el agujero donde debía estar la chapa con su bufanda. Se desnudó despacio, no existía sensualidad intencional en sus movimientos, cualquiera podría haber dicho que se complacía en su desnudez, pero era una mentira, su rutina de siempre era desnudarse despacio y meterse al agua a pensar y a perder el tiempo.

Deslizó la cortina y se introdujo a la regadera, abrió las llaves con movimientos sutiles y ligeros. El primer contacto del agua con su cuerpo erizó su piel y despertó sus pezones, observó su cuerpo reflejado en el espejo; sus senos eran dos animales vivos, hermosos y redondos, su vientre era ligeramente abultado, curvo y oloroso a tierra húmeda, su sexo apenas cubierto por un pelambre corto cómo el musgo de los árboles en Agosto, sus caderas eran anchas cómo las de una yegua, pero de forma inocente y armónica, talladas con delicada sutileza, cómo la figura que haría un niño en arcilla.

El ruido de un portazo sordo la sacó del ensimismamiento de su contemplación, un grito asustado escapó de su pecho.
                -¿Quién es?- Silencio.- ¿QUIÉN ES?-
                -Soy yo hija.- Le respondió la voz del tío.-Vine a jabonarte la espalda.-
                -N…n…no hace falta tío.- dijo con voz trémula y asustada.-De todas maneras ya casi acabo.-
Una mano arrancó la cortina de un tirón, horrorizada contempló al asqueroso hombre desnudo frente a ella.
                -No me digas que nunca habías visto uno de estos.- dijo el hombre mientras su pendulante trozo crecía y se amorataba.-Anda, tócalo… siente su textura.- Sara intentó salir corriendo del baño desesperada, desnuda, pero justo al pasar al lado del hombre este la cogió de los cabellos con violencia.
                -¿A dónde vas putita de mierda? ¿Crees que no he visto cómo te vistes? ¿La manera en la que te contoneas? Yo sé que es lo que necesitan las perritas cómo tú.-

El hombre la arrastró de nuevo a la ducha, la golpeó en el estómago y Sara cayó de rodillas, él volvió a jalarla del cabello y le acercó la pelvis a la cara. –Chúpalo puta de mierda, cómo si fuera una paleta.- Sara lo miró a los ojos, todavía sin aire, temblando de dolor y de miedo, en un último intento de fuga en su mente cruzó la idea de morder con fuerza y huir, lamentablemente, sus movimientos torpes y lentos y un fulgor de odio en sus ojos la delató.
-¿Estabas pensando en morderme? ¿ME IBAS A MORDER A MI PUTA DE MIERDA? ¡TE VOY A ENSEÑAR A RESPETARME!-
Acto seguido el hombre descargó varias bofetadas y puñetazos en el cuerpo y cara de Sara.
-Por favor.-berreaba Sara.-Ya no, por favor.- sus sollozos y sus gritos se habían ahogado en un mar de súplica y dolor, de su barbilla colgaban varios hilos de baba, mocos y sangre, su hermoso rostro se había transformado en una masa amorfa llena de bolitas, tenía un corte profundo que sangraba bajo el párpado.

El hombre la levantó del cabello y la empujó de frente hasta la pared de la regadera, frente al espejo. Sara contempló su rostro maltratado y su cuerpo enrojecido por los golpes; el hombre separó sus piernas violentamente con la rodilla, pateándola, forzándola a separarlas.
                -Ahora vas a aprender lo que es ser mujercita- le susurraba a los oídos mientras lamía sus orejas repulsivamente.-Y cuidadito me la llenes de caca puta sucia, si me la embarras te mato, te juro que te mato.-

El cerdo le cubrió la boca con la mano e introdujo su instrumento amoratado en las entrañas de Sara, partiéndola y desgarrándola con cada empujón. Sara ahogaba gritos de dolor y llanto mientras el hombre la metía y la sacaba una y otra y otra y otra vez… el agua de la regadera seguía cayendo.

-¡Nada de decirle esto a nadie eh! Una sola palabra y te mato a ti, a tu madre y a tu hermana.- Le dijo el hombre mientras salía de la regadera.

Sara quedó hecha un ovillo en el suelo, en un charco de su sangre y su mierda, sollozando mientras el agua de la regadera lo arrastraba todo por la coladera.

Afuera la lluvia se secaba al sol del medio día, los árboles se mecían por un vientecillo siniestro y los pájaros cantaban con fuerza bajo el sol, todo el mundo seguía girando igual.

Continuará...