viernes, 29 de junio de 2012
Es tarde para esperar que deje de llover.
Llueve
Llueve en la ciudad de la injusticia
Llueve y la lluvia ahoga nuestros gritos
Llueve y nadan nuestros sueños en el aire
Llueve y se nos enjuaga la sangre, la fe
Si, el agua se ha llevado muchas cosas
Pero hay algo que el agua no ha de quitarnos
La fe, la esperanza. Tengan fe porqué unidos
haremos milagros, con el sudor de nuestra frente
con el dolor de las espaldas, la fuerza del hombro
Pronto seremos libres, si trabajamos por ello
Por ti, por mi, por nuestros hijos y hermanos
Por las voces acalladas y las conciencias pisoteadas
Nuestro momento es hoy y ahora.
Mañana dejará de llover
Mañana ya es hoy.
viernes, 22 de junio de 2012
Estoy hablando con un muerto, debo estar loco.
-¡Jale ese gatillo Gómez!.
-No puedo señor, el desgraciado se parece a mi hermano.
-No sea pendejo Gómez, aquí no viene uno a recordar si no a matar cabrones, ahora jale el maldito gatillo o lo encuartelo, lo enjuicio y lo mato a usted cómo a un perro.
Gómez vio en los ojos de aquel hombre tirado una humilde súplica de piedad, su rostro lleno de sangre seca y lodo se le quedaría grabado hasta el momento en que habría de morir sólo en un asilo para retirados, viejo, cansado y sin una sola persona en el mundo que se acordara de él.
La guerra le arranca el alma a los hombres y todos eran parte de ella, inútil, estúpida, estaban envueltos en una matanza por ideales ajenos y disputas de poder. No existía ninguna gloria en matar a nadie. Que equivocados estaban Shakespeare, Franco y todos esos mierdas que ensalsaron la naturaleza violenta de los hombres.
Gómez jaló el gatillo y la bala entró limpiamente en el cráneo del hombre, una mueca vacía pero feliz pareció apoderarse de su rostro, lo dejaron ahí, tirado en la vía pública con los ojos abiertos y en blanco.
-Ya decía yo que usted si era hombrecito Gómez, ándele, chínguese un cigarro. El general sacó un paquetito arrugado de un doblez de su camisa, saco dos cigarrillos húmedos y le ofreció uno a Gómez. -Alisten sus cosas changos, nos vamos en media hora.
-¡Señor!.- Gómez se acercó al general.-¿Usted tiene esposa? ¿Hijos?.
-Jajajajaja es algo que a usted no le importa Gómez, pero voy a responderle; no tengo esposa ni hijos, nací hijo de puta y me muero hijo de puta, hágame el favor de no joderme más con su mierda, descanse y prepare sus cosas.
Gómez se preguntó entonces si alguien, alguna vez podría ser capaz de regresar a casa y platicarle a la familia de días cómo ese. No pudo responderse, le dio dos fumadas profundas al cigarro y se sentó al lado del muerto.
-Me pregunto si alguna vez tuviste familia, hermanos, hijos... gente que te hubiera querido.- El muerto le respondió con familiridad. -La vida es dura para todos, para mi ya no.
<< Estoy hablando con un muerto, debo estar loco. >> Pensó Gómez; se acabó el cigarro, se tiró en el suelo y cerró los ojos.
-No puedo señor, el desgraciado se parece a mi hermano.
-No sea pendejo Gómez, aquí no viene uno a recordar si no a matar cabrones, ahora jale el maldito gatillo o lo encuartelo, lo enjuicio y lo mato a usted cómo a un perro.
Gómez vio en los ojos de aquel hombre tirado una humilde súplica de piedad, su rostro lleno de sangre seca y lodo se le quedaría grabado hasta el momento en que habría de morir sólo en un asilo para retirados, viejo, cansado y sin una sola persona en el mundo que se acordara de él.
La guerra le arranca el alma a los hombres y todos eran parte de ella, inútil, estúpida, estaban envueltos en una matanza por ideales ajenos y disputas de poder. No existía ninguna gloria en matar a nadie. Que equivocados estaban Shakespeare, Franco y todos esos mierdas que ensalsaron la naturaleza violenta de los hombres.
Gómez jaló el gatillo y la bala entró limpiamente en el cráneo del hombre, una mueca vacía pero feliz pareció apoderarse de su rostro, lo dejaron ahí, tirado en la vía pública con los ojos abiertos y en blanco.
-Ya decía yo que usted si era hombrecito Gómez, ándele, chínguese un cigarro. El general sacó un paquetito arrugado de un doblez de su camisa, saco dos cigarrillos húmedos y le ofreció uno a Gómez. -Alisten sus cosas changos, nos vamos en media hora.
-¡Señor!.- Gómez se acercó al general.-¿Usted tiene esposa? ¿Hijos?.
-Jajajajaja es algo que a usted no le importa Gómez, pero voy a responderle; no tengo esposa ni hijos, nací hijo de puta y me muero hijo de puta, hágame el favor de no joderme más con su mierda, descanse y prepare sus cosas.
Gómez se preguntó entonces si alguien, alguna vez podría ser capaz de regresar a casa y platicarle a la familia de días cómo ese. No pudo responderse, le dio dos fumadas profundas al cigarro y se sentó al lado del muerto.
-Me pregunto si alguna vez tuviste familia, hermanos, hijos... gente que te hubiera querido.- El muerto le respondió con familiridad. -La vida es dura para todos, para mi ya no.
jueves, 14 de junio de 2012
Sin saber que nos hizo viejos.
Contempló desde
su silla el horizonte y la espuma del mar que parecía fundirse con el cielo en
nubes agitadas por la brisa salada, a lo lejos las gaviotas buscaban la última
comida de la tarde, volaban alto muy alto, y se dejaban caer en picada sobre
las olas, luego las veía salir del agua con el plumaje impermeable intacto, con
un pececillo desafortunado en el pico, se preguntó si habría suficientes para
alimentarlas a todas, no pudo responderse.
La necedad de la
memoria lo llevó de viaje en sus recuerdos, las memorias se le difuminaban cómo
tiza con el tiempo, pero tenía algunas bastante claras, en los recuerdos se vio
a si mismo pescando con la tarraya hasta el anochecer, en la red caían algunas
jaibas pequeñas para el día siguiente; ya entrada la noche las contó en la
cubetita donde las colocaba, eran doce, doce miserables jaibas y dos peces
ponzoñosos que sabía ni los perros se tragaban, los sacó con cuidado de la cubeta
y los botó de regreso al mar.
Le gustaba pescar
hasta muy entrada la noche, a esa hora no había nadie que siguiera activo, sólo
era él, la brisa, el mar y la luna. Los otros pescadores decían que estaba
loco, que a esas horas lo único que podía pescarse era un embrujo o un
resfriado y le recordaban que hacía mucho tiempo hubo otro loco necio igual a
él, hechizado por el canto de las sirenas y por el brillo de los pólipos
nocturnos, le contaron que un día lo encontraron arrastrado cientos de metros
de su lugar usual de pesca, ahogado, enredado con su propia red; lo encontraron
abotagado y con pedacitos faltantes que seguramente habían sido tomados por las
jaibas y por los otros animalitos que vivían en la playa y cómo nunca nadie
supo cómo se llamaba, ni si tenía familia u otros amigos que no fueran los
pajaritos carroñeros que lo seguían a todas partes, lo aventaron de nuevo al
mar para encontrárselo varias veces encallado en la playa, cada día más
hinchado y con menos carne en los huesos, hasta que algún piadoso le cavó un
hoyo en la arena y ahí lo sepultaron, con una cruz hecha de las ramitas chuecas que
llevaba la marea.
-¿Todavía nada don Alejandro?- el grito de un muchacho burlón lo regresó de
sus recuerdos a la realidad. –Carajo que si, mira.- Le enseñó la cubetita donde
había tres pececitos solitarios.
-¿Tres nada más?.-
-Bueno, hay que dejarle algo a las gaviotas.- El muchacho rió y se fue, él
tomó la cubetita y caminó a su casa.
-¿Trajiste algo para comer?- le gritó una voz femenina desde la cocina. –Sí;
tres pescaditos, uno para mí, otro para ti y otro para el perro. ¿Te acuerdas
cuando traía cubetas llenas de jaiba y las hacías con chiltepín?- Se escuchó
una risotada alegre desde la cocina, ella salió a su encuentro y le dio un beso
en la frente. –Ay Alejandro, cada día estás más viejo.- él se quedó en
silencio, decidió que no tenía hambre y le pidió a su mujer que le dejara el
pescadito para mañana.
Al día siguiente
lo encontró frito en el sartén, estaba lleno de gusanos. –Chinga, de verdad que
cada día estoy más viejo, ya no puedo ni ganarle a los gusanos.- se metió lo
poco que los gusanos no se habían comido a la boca y salió al patio, el enorme
perro fue a saludarlo alegremente moviendo la cola y brincando. –Bueno, al menos
tú comes bien cabrón, vente vamos a ver que sale el día de hoy.- Le acarició
las orejas, miro el sol naciente bajando y despertando a las gaviotas, tomó la
red y caminó a la playa, el perro venía atrás de él todavía brincando y
agitando la cola.
domingo, 10 de junio de 2012
Porque eres pan.
Témeme más que a tus más
profundos miedos.
Cuídate de mis manos ansiosas
pues quizá mañana te arranquen las estorbosas ropas
y desesperadas intenten guardar el tacto de tu piel.
Vigílame constante los ojos
porqué su anhelo más grande es arrancarte esa luz que irradias
porqué van a memorizar cada detalle de tu ser.
Cuídate de mis palabras
porqué quizá te persigan por las noches
diciéndote que te aman
que te extrañan
que toda tú eres pan
y yo el hambriento jornalero
que te anhela en su alacena.
Mantente alerta pues podría convertirme en tu huella en la tierra
en el viento en tu cabello
quizá quiera mudarme a la profundidad de tus ojos
a la comisura de tus labios
y quedarme ahí hasta que suenen las campanas.
Cuídate de mis manos ansiosas
pues quizá mañana te arranquen las estorbosas ropas
y desesperadas intenten guardar el tacto de tu piel.
Vigílame constante los ojos
porqué su anhelo más grande es arrancarte esa luz que irradias
porqué van a memorizar cada detalle de tu ser.
Cuídate de mis palabras
porqué quizá te persigan por las noches
diciéndote que te aman
que te extrañan
que toda tú eres pan
y yo el hambriento jornalero
que te anhela en su alacena.
Mantente alerta pues podría convertirme en tu huella en la tierra
en el viento en tu cabello
quizá quiera mudarme a la profundidad de tus ojos
a la comisura de tus labios
y quedarme ahí hasta que suenen las campanas.
sábado, 2 de junio de 2012
La gente cambia... si, pero no tanto.
-Despierta, oye, ya tenemos que irnos, párate wey, ¡despiértate!. Una voz familiar lo llamó mientras lo sacudían por los hombros, el sueño que parecía tan vívido y real le causó una confusión de sonámbulo al despertar.
-¿Si se va a quedar conmigo?- preguntó con la voz todavía adormilada y sin siquiera darse cuenta. -¿Se queda quien? Ya despiértate Molho, se nos hace tarde.
Estaba soñando. Sentado junto a ella al borde de un abismo cuya caída llegaba a un mar salobre, frío y lleno de sangre, donde los peces y las ballenas debían nadar en el aire y los barcos pesqueros de grandes cascos oxidados llenos de moluscos exhalaban un humo triste porqué sus redes sólo capturaban sanguijuelas.
El amanecer los alcanzó sentados donde estaban, la luz les quitó un poco el frío y se acercaron más. Él la contempló, su piel era dorada y bien adherida, cómo una leona que despunta en su mejor edad, donde ninguna presa salía bien librada de su encuentro, su pecho era firme y exhalaba un vaho de florecitas de campo con olor a tierra y no a lo típicamente dulce de las flores, sus ojos eran cómo dos aceitunas negras. -¿En que piensas?.- Le preguntó ella. -En esos pobres barcos. Esos marineros deben morirse de hambre, ¿o es que ya alguien inventó la manera de comer sanguijuelas?.
Ella rió aunque no mucho, cuando lo hizo su timbre de voz fue completamente diferente, cuando él volvió a observarla supo que era ella pero al mismo tiempo ya no lo era; ahora era diferente, la piel antes dorada había adquirido un tono lechoso y más terso, ya no era la piel de una leona expuesta al sol y a la intemperie, ahora era más cómo la piel de un gatito blanco, de su pecho no salía más un aire a campo y a tierra si no un perfumillo misterioso de matrona antigua, los ojos antes aceitunados habían sido cambiados por otros, grandes y redondos, con un aire de asustada locura felina, era cómo un gato. -¿Y ahora que piensas?.- Le preguntó nuevamente.-Ahora pienso en lo mucho que me gustaría llevarte a la cama. Fue una respuesta poco cortés pero sincera, ella pareció no haberla escuchado, él se sintió abrumado por su propia patanería y volvió a quedarse en silencio.
Miró a su alrededor y el mundo parecía demasiado nuevo, tan nuevo y tan lleno de cosas que estaba al borde del colapso, estaba tan atiborrado de elementos que él quiso hacer una lista con los nombres de todas las cosas. Cuando se dio cuenta de la imposibilidad de la empresa se sintió frustrado, enloquecido, lleno de un odio interno a todo, una espumilla amarga interna comenzó a llenarlo ¿Para que servían todas las cosas?.
-Pues podemos hablarlo en el trayecto al otro lado, ¿Quieres?.- Una tercera voz lo sacó del ensimismamiento, de nuevo ella era ahora ya otra persona, su piel antes pálida cómo el mármol había adquirido un nuevo tono más rosado y vivaz, las mejillas pálidas cómo la muerte ahora eran sonrosadas y redondas, algo en él quiso morderlas, decidió que no era una buena idea. Olía cómo a nueces frescas y un elemento frutal que nunca pudo distinguir pero que de alguna manera le recordó un lugar que quizá no había conocido donde todo olía como ella. Los gatunos ojos habían sido sustituidos por dos brazas incandescentes y muy profundas, era cómo si pudieran ver a través de las cosas, cómo si con esa mirada pudiere atravesarte el pecho y saber las penas y las tristezas del corazón, estaban ojerosos de trasnochar y fúricos de ver lo mierda que es la vida, le encantaron...
-Ya vámonos wey, neta es tarde.
-Ya voy... me estaba acordando, soñé algo bien bonito pero extraño.
Se levantó pesaroso y dejó perder el sueño en sus recuerdos, la vida de verdad que era una putilla sucia cuando uno estaba despierto.
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