Me detuve en seco luego de escribir un par de cuentos de un
viejo loco que rebanaba niños en su casa, mientras veía en la televisión, a un
tipo con cara de muerto que le deseaba felices navidades a los espectadores. Me
estiré en mi silla y recargué la cabeza, miré al techo y di un gran bostezo.
Bajé al refrigerador por una cerveza, me la bebí de golpe y me fui a la cama. Al
otro día encontré a aquel extraño señor de sombrero blanco, del que apenas
puedo recordar su cara pero jamás olvidaré su nombre, que hacía tan hermoso
juego con el sombrero blanco. Don Quinto. Peculiar nombre, Quinto. Curiosamente
él no había sido el quinto pero si el primero de cinco hermanos; toda su
familia estaba muerta, tenía en aquel momento 95 años, pero estaba entero y
cuando digo entero me refiero a disminuidito y minúsculo, pero funcional,
todavía cuerdo.
-¿Quiubo viejo?- Me preguntó cuándo me lo encontré de frente
en el parquesito de la esquina. Estaba impecable, con sus pantaloncitos blancos
y una chamarra tan chiquita que le hubiere quedado a un niño de 10 años,
llevaba una bufanda gruesa, de alegres colores y un guante blanco y uno negro.
-Hola Quinto, ¿cómo estás mano?- Le pregunté
-Pos aquí andamos.- Me dijo
-¿Por qué tan tapado hombre?, ni hace tanto frío.-
-Ira viejo, te vo´a decir algo que me enseñó mi abuelo hace muchos años. Él decía “Estando yo caliente, ríase la gente”.- No pude evitar soltar una carcajada.
-Te digo pendejo, ríanse cabrones, los que sufren son ustedes.- Me respondió con una sonrisa tan brillante que llenó de luz todas su arruguitas.
-Hola Quinto, ¿cómo estás mano?- Le pregunté
-Pos aquí andamos.- Me dijo
-¿Por qué tan tapado hombre?, ni hace tanto frío.-
-Ira viejo, te vo´a decir algo que me enseñó mi abuelo hace muchos años. Él decía “Estando yo caliente, ríase la gente”.- No pude evitar soltar una carcajada.
-Te digo pendejo, ríanse cabrones, los que sufren son ustedes.- Me respondió con una sonrisa tan brillante que llenó de luz todas su arruguitas.
Solía pasear con Quinto de vez en cuando, lo acompañaba, que
al mercado, que a sacar su dinero de la pensión, que a cortarse el cabello y
cuando no tenía dinero a veces yo se lo cortaba. Éramos dos solitarios y a
ambos no nos quedaba prácticamente nada. Pero éramos buenos amigos, aquel día,
cuando regresamos a su casa, me sentó en la sala y me ofreció café y cerveza.
Él ya no bebía, pero se daba a la tarea de comprarme mis cervecitas para que
cuando lo visitara la pasara bien. Le di las gracias y me quedé en silencio.
-¿Y qué te preocupa viejo?- Me preguntó.
Me quedé otro medio minuto en silencio, observando el piso, inhalé y suspiré una respuesta poco convincente.
– Son las fechas, no me gustan las navidades. No puedo quedarme solo en Navidad, me dan unas ganas terribles de colgarme.-
-No, pos tú ´stas loco viejo.- Me respondió. – Polvo somos y en polvo nos convertimos, de la tierra misma, de ahí semos, que nunca se te olvide. Uno no se muere cuando debe si no cuando puede. Así que ni te preocupes.-
Hice una mueca. –Son cositas de las que uno se acuerda.- Le dije. – Pedacitos borrosos de una película triste. Y la gente y toda la falsa redención, ya ni se… pero ya sabemos que si estoy loco.-
-¿Y qué te preocupa viejo?- Me preguntó.
Me quedé otro medio minuto en silencio, observando el piso, inhalé y suspiré una respuesta poco convincente.
– Son las fechas, no me gustan las navidades. No puedo quedarme solo en Navidad, me dan unas ganas terribles de colgarme.-
-No, pos tú ´stas loco viejo.- Me respondió. – Polvo somos y en polvo nos convertimos, de la tierra misma, de ahí semos, que nunca se te olvide. Uno no se muere cuando debe si no cuando puede. Así que ni te preocupes.-
Hice una mueca. –Son cositas de las que uno se acuerda.- Le dije. – Pedacitos borrosos de una película triste. Y la gente y toda la falsa redención, ya ni se… pero ya sabemos que si estoy loco.-
Entonces, ladeándose un poco el sombrero y apretando entre
sus manitas nudosas la tasa de café me dijo:
– Lo que tú sientes son moscas en el techo.-
-¿Moscas en el techo?-
-Ajá.- Nos quedamos callados un rato, Quinto desvió su mirada de mis ojos y vio hacía arriba, como si estuviera mirando una película en una pantalla invisible. –Yo trabajaba hace muchos muchos años en un molino de nixtamal, nos dedicábamos a moler el maíz y ya de ahí se mandaba a diferentes procesos, era un molino grande pues, el tambo era más o menos así.- Me dijo mientras me señalaba con la palma una altura un poco debajo de su pecho.
- En verano se nos mosqueaba mucho, entonces pos cómo no podíamos fumigar, le echábamos cal a la pared, o andábamos ahí aplastando a las moscas de un peridicazo o lo que fuera ¿verda´? Tonses un día estaba yo trabajando y ahí también estaban los hijos del patrón, chiquillos los chamacos.-
- ¿Y luego?-
-Estábamos descargando maíz de una camioneta y les dice aquel pendejo a los niños. –Mijos, pónganse a espantar moscas. Les vo´a dar 10 centavos por cada mosca que maten.- y era pura mentira. Pero bueno, ya casi acabábamos de descargar la camioneta cuando que se oye un gritadero y lloradero adentro y fuimos corriendo. Cuando llegamos el más chiquito estaba envuelto en sangre.- Me dijo. Yo me quedé impactado.
-¿Cómo sangre? ¿De dónde?-
- Se había agachado para espantar una mosca con su manita, cerca del tornillo que jalaba el maíz al molino. Cuando se agachó, pos cómo estaba chiquito, se agarró de la palanca que activaba el tornillo, se espantó y se cayó, pero metió la manita en la caída. Aquella madre rápido se la agarró y se la hizo tiritas vaya. Ya rápido se lo llevó al médico y le alcanzaron a salvar la vida. Pero la manita la perdió. De aquel día el patrón le agarró un odio terrible a las moscas, mosca que veía, mosca que mataba, no pasaba una que matara y le susurrara despacito “por hijas de la chingada cómo tú mi hijo perdió su manita” y ya.-
– Lo que tú sientes son moscas en el techo.-
-¿Moscas en el techo?-
-Ajá.- Nos quedamos callados un rato, Quinto desvió su mirada de mis ojos y vio hacía arriba, como si estuviera mirando una película en una pantalla invisible. –Yo trabajaba hace muchos muchos años en un molino de nixtamal, nos dedicábamos a moler el maíz y ya de ahí se mandaba a diferentes procesos, era un molino grande pues, el tambo era más o menos así.- Me dijo mientras me señalaba con la palma una altura un poco debajo de su pecho.
- En verano se nos mosqueaba mucho, entonces pos cómo no podíamos fumigar, le echábamos cal a la pared, o andábamos ahí aplastando a las moscas de un peridicazo o lo que fuera ¿verda´? Tonses un día estaba yo trabajando y ahí también estaban los hijos del patrón, chiquillos los chamacos.-
- ¿Y luego?-
-Estábamos descargando maíz de una camioneta y les dice aquel pendejo a los niños. –Mijos, pónganse a espantar moscas. Les vo´a dar 10 centavos por cada mosca que maten.- y era pura mentira. Pero bueno, ya casi acabábamos de descargar la camioneta cuando que se oye un gritadero y lloradero adentro y fuimos corriendo. Cuando llegamos el más chiquito estaba envuelto en sangre.- Me dijo. Yo me quedé impactado.
-¿Cómo sangre? ¿De dónde?-
- Se había agachado para espantar una mosca con su manita, cerca del tornillo que jalaba el maíz al molino. Cuando se agachó, pos cómo estaba chiquito, se agarró de la palanca que activaba el tornillo, se espantó y se cayó, pero metió la manita en la caída. Aquella madre rápido se la agarró y se la hizo tiritas vaya. Ya rápido se lo llevó al médico y le alcanzaron a salvar la vida. Pero la manita la perdió. De aquel día el patrón le agarró un odio terrible a las moscas, mosca que veía, mosca que mataba, no pasaba una que matara y le susurrara despacito “por hijas de la chingada cómo tú mi hijo perdió su manita” y ya.-
-Pero nadie tuvo la culpa.- Le dije.- En todo caso el
culpable fue él, por pedirles a los niños que las atraparan.-
-Eso mismo creo yo, el problema estaba en cómo se lo tomó. Todavía viejo, lo fui a visitar cuando estaba a punto de irse a Morelia, ya estaba loco en ese entonces el pobre hombre, se le brincaban los recuerdos y me decía, fíjate bien lo que me decía viejo.
–Oye Quinto.- Me decía – No dejes que se metan las moscas al molino porque al niño le dan mucha curiosidad, a Luisito, ya ves que perdió su manita.-
Para ese entonces el tal Luis, hijo del patrón pos ya también era un hombre grande. Pero es lo que te digo, uno no suelta…-
En ese momento bajó despacito la taza de café, y con ambas manos sujetó mi mano derecha que reposaba en el sillón.
-Mijo, nadie puede cambiar las cosas, el pasado está atrás y no hay nada que puedas hacer al respecto, somos lo que somos por todos esos momentos. Y de eso, puedes cargarlo en tu conciencia e intentar reprimirlo matando moscas, o aprender.-
Me dirigió otra sonrisa gigantesca. Yo le agradecí por la atención, me terminé mi café y me fui caminando a mi casa, de noche, observando las luces que adornaban todo, por doquier.
-Eso mismo creo yo, el problema estaba en cómo se lo tomó. Todavía viejo, lo fui a visitar cuando estaba a punto de irse a Morelia, ya estaba loco en ese entonces el pobre hombre, se le brincaban los recuerdos y me decía, fíjate bien lo que me decía viejo.
–Oye Quinto.- Me decía – No dejes que se metan las moscas al molino porque al niño le dan mucha curiosidad, a Luisito, ya ves que perdió su manita.-
Para ese entonces el tal Luis, hijo del patrón pos ya también era un hombre grande. Pero es lo que te digo, uno no suelta…-
En ese momento bajó despacito la taza de café, y con ambas manos sujetó mi mano derecha que reposaba en el sillón.
-Mijo, nadie puede cambiar las cosas, el pasado está atrás y no hay nada que puedas hacer al respecto, somos lo que somos por todos esos momentos. Y de eso, puedes cargarlo en tu conciencia e intentar reprimirlo matando moscas, o aprender.-
Me dirigió otra sonrisa gigantesca. Yo le agradecí por la atención, me terminé mi café y me fui caminando a mi casa, de noche, observando las luces que adornaban todo, por doquier.
Caminé mentalmente vagabundo, enloquecido y semi-dormido,
por los destellos en las ventanas, por el helado viento en la cara y la oscuridad
de la noche. Los recuerdos parecían salir de entre los árboles y se proyectaban
en las ventanas, enmarcados por destellos que circulaban y le daban movimiento
al cuadro. Miré a mis muertos salir de aquellos foquitos que prendían y
apagaban, los vi acompañándome en la banqueta, al lado de las manchas de aceite
en el pavimento, atrapados en la tubería de las casas, gritando dentro del
cobre. Me contemplé en la ventana de una camioneta y me preocuparon las canas
de la barba. Y así vagué sin rumbo hasta que encontré unos tacos abiertos, entré y
pedí dos de pastor. Eran las 12:32 de un 24 de Diciembre y otra vez estaba
solo. De camino de regreso a la casa pasé a un Oxxo y compré cervezas. Una
cajetilla de 25 y un agua mineral, sabía que despertaría resacoso y bueno, me
gusta anticiparme.
Me bebí la cerveza despacio en la oscuridad de la sala,
mientras jugaba con mi linterna de policía, de led de aumento, con tres modos
diferentes que incluían el estroboscópico. La apunté hacia arriba y miré su luz
parpadear muy rápidamente en el techo, durante largo rato. Pensé en todo
aquello que me recordaba esta época del año. Pensé en todos los propósitos
rotos, en el implacable tiempo, que parecía acelerar mientras más viejo te
volvías. Pensé en mi madre, en mi padre, en mis hijas… se me nublaron los ojos.
Encendí la televisión y pasé canal por canal sin encontrar nada entretenido. Me
bebí toda la cerveza y me fui a dormir. Desperté enfermo al medio día y me
levanté con ganas de vomitar. Me bebí completa el agua mineral, de tres
mordidas me acabé un huevo duro y me fui a dormir de nuevo.
Y dormido, soñé que despertaba, cansado, sin poder abrir los
ojos, mientras escuchaba el zumbido de unas alas en mis oídos, volteaba
buscando a la puta mosca y nunca la encontraba. Entonces luego por alguna razón
estaba recostado en el suelo, y la mosca era ahora gigantesca, del tamaño de un
colchón matrimonial, y frotaba sus dos enormes patas delanteras con
malevolencia, burlándose de mí y susurrando “Sabemos la verdad”
Fue entonces que del miedo me senté en la esquina del lugar y le dije a la mosca que se largara. Debajo de mí, corría un eje de izquierda a derecha, justo debajo. Era cómo estar sentado adentro del eje de las manecillas de un reloj y ese eje controlaba todo el plano horizontal, y entonces de algún lugar del sueño surgía una palanca que giraba ese eje de abajo hacia arriba. La mosca tomó con destreza la palanca y comenzó a girarla; El reloj comenzó a moverse hacía arriba, la mesa a mi izquierda, se repetía una y otra vez, cómo un engrane que con un click y click avanzaba, creando plano tras plano idéntico de mesas iguales, - ¡No eres más que una puta mosca!- Le grité enojado a lo cual me respondió con ahora una nueva cabeza que ya no era de mosca, si no que cambiaba de forma y expresiones, hablando con la voz y apariencia de mucha gente a la que conocí.
-No puedes cambiar nada, el pasado está atrás.- Lo cual me pareció bastante extraño.
-¿Tú no te vas ni con periodicazos verdad?- Le pregunté. Me sonrió, siempre cambiando de cara, cada segundo, todas diferentes pero con los mismos ojos redondos y abiertos y la misma sonrisa burlona.
-Pues chinga tu madre, no te vayas si no quieres, no voy a hacerte caso, vaya, ni siquiera me importa. Eres sólo una puta mosca.-
Fue entonces que del miedo me senté en la esquina del lugar y le dije a la mosca que se largara. Debajo de mí, corría un eje de izquierda a derecha, justo debajo. Era cómo estar sentado adentro del eje de las manecillas de un reloj y ese eje controlaba todo el plano horizontal, y entonces de algún lugar del sueño surgía una palanca que giraba ese eje de abajo hacia arriba. La mosca tomó con destreza la palanca y comenzó a girarla; El reloj comenzó a moverse hacía arriba, la mesa a mi izquierda, se repetía una y otra vez, cómo un engrane que con un click y click avanzaba, creando plano tras plano idéntico de mesas iguales, - ¡No eres más que una puta mosca!- Le grité enojado a lo cual me respondió con ahora una nueva cabeza que ya no era de mosca, si no que cambiaba de forma y expresiones, hablando con la voz y apariencia de mucha gente a la que conocí.
-No puedes cambiar nada, el pasado está atrás.- Lo cual me pareció bastante extraño.
-¿Tú no te vas ni con periodicazos verdad?- Le pregunté. Me sonrió, siempre cambiando de cara, cada segundo, todas diferentes pero con los mismos ojos redondos y abiertos y la misma sonrisa burlona.
-Pues chinga tu madre, no te vayas si no quieres, no voy a hacerte caso, vaya, ni siquiera me importa. Eres sólo una puta mosca.-
Dicho esto la mosca extendió su alas, grandes cómo vitrales,
hechas de aluminio y vidrio de colores, de un aironazo emprendió el vuelo, pero ahora múltiples
cabezas con caras diminutas le salían de extraños poros con forma de hexágono,
repartidos en todo el espacio de la cabeza. La clase de imagen que adoraría un tripofóbico.
-Te estamos vigilando.- dijeron todas las caras, yo les extendí el dedo y finalmente, la mosca y sus muchas caras se fueron.
Desperté recordando cada detalle. Mientras me metía a bañar pensé en lo que me había dicho Quinto y en que habría significado mi sueño. Tomé las tijeritas inoxidables que tenía en la canasta del baño y le di una recortada decente a mi desaliñada barba, me unté con crema para afeitar y le definí límites con un rastrillo, al terminar me sentía bastante mejor, salí con la toalla en la cintura y me unté el after shave, me quemó la cara pero apreté con gusto los dientes, el viejo en el espejo me dirigió la mirada a los ojos, contemplé mi propio deterioro pero gustoso me di cuenta de que todavía había brillo dentro de ellos.
–Sólo son moscas, ¿verdad?-
-Te estamos vigilando.- dijeron todas las caras, yo les extendí el dedo y finalmente, la mosca y sus muchas caras se fueron.
Desperté recordando cada detalle. Mientras me metía a bañar pensé en lo que me había dicho Quinto y en que habría significado mi sueño. Tomé las tijeritas inoxidables que tenía en la canasta del baño y le di una recortada decente a mi desaliñada barba, me unté con crema para afeitar y le definí límites con un rastrillo, al terminar me sentía bastante mejor, salí con la toalla en la cintura y me unté el after shave, me quemó la cara pero apreté con gusto los dientes, el viejo en el espejo me dirigió la mirada a los ojos, contemplé mi propio deterioro pero gustoso me di cuenta de que todavía había brillo dentro de ellos.
–Sólo son moscas, ¿verdad?-
-Son sólo moscas galán.- Nos (me) dije. Me vestí.
Voy a salir a una buena casita de citas, a cotorrear. Tal vez el otro año si me
cuelgue en navidad, pero no hoy, <<Not
today, baby>> antes de irme me senté a escribir esto.
El mundo renace
y muere todos los días. Pagan justos y pecadores, la vida se abre paso y
alguien o algo con alas te vigila a tus espaldas, tal vez, a veces, te vuele
cerca del oído, se te aparezca en el foco del techo y desde ahí arriba se burle de ti. Tal vez quieras dejar que te moleste, te enloquezca y termine contigo,
tal vez te verías mejor con nieve artificial en el cabello, con el estómago
lleno de pavo y esperando a que pase, otra vez. Sin la necesidad de
atormentarte.
Vamos, se trata de que si tus heridas están podridas,
limpies todo aquello que esté muerto y atraiga a las moscas, y te salves de
todo, de ti mismo, otra vez.
Creo que si voy a lograrlo.
Feliz navidad, hijos de puta.

