El
reloj decía 2:55, Mauricio despertó agitado en medio de la noche y la última conversación
del sueño le resonó en la cabeza “Nos vemos mañana en el tren” le dijo una
delicada voz onírica, cuyo rostro no pudo recordar, cerró intranquilo los ojos
y volvió a dormir.
Despertó
y después de un desayuno de pan con huevos estuvo listo. Salió corriendo rumbo
a la estación. En el camino intentaba recordar a quien vería hoy en el tren. Y lo
que recordaba
era que vería un gato.
<<
¿Un gato? >> Pensaba. <<
¿Es que acaso estaré loco?>> se
cuestionaba.
En
el andén jugueteaban dos ratones con una tapa plástica, la rodaban bajo la vía
y luego la sacaban. El sonido eléctrico de los motores llenaba el aire de
nostalgia retrofuturista.
Mauricio
subió al tren y se sentó. Enfrente de él una hermosa chica que jugaba con una
bola de estambre lo miró, dos ojos grandes, redondos y de pupilas cómo rendijas
le vieron hasta el alma. Ella se relamió unos largos y delgados bigotes blancos
y levantó las orejas peludas hacia el techo. Se levantó, él fue tras ella. Esta
vez no podría estar equivocado.
Ella
era el sueño.

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