domingo, 27 de abril de 2014

Benjamín.



Benjamín sintió el peso del arma al final de su brazo, mientras la presionaba contra la nuca de aquel sujeto, el acero frío de la pistola tenía la misma temperatura que su corazón, deslizó el pulgar y retiró preciso el seguro del arma, sus ojos se entornaron y sus pupilas se dilataron, una gota de sudor frío le bajó por la nariz.

Es el 31 de Diciembre del 99, la gente camina asombrada del “nuevo milenio”, todos tiemblan de miedo y alegría, porque (Otra vez.) el fin del mundo se acerca. Benjamín mira su cabello caer en una peluquería, se mira a sí mismo, muerto en ese cabello. Voltea al espejo y se mira completamente calvo. Algo le ruge en el abdomen, pero no son sus tripas. Sabe que le esperan tiempos difíciles. Pero está decidido, ahora ya no tiene nada que perder.

El 20 de Abril del 90 Benjamín camina por la calle con sus amigos, llevan petardos en las manos. Sus pasos van directamente al Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos #4. Lanzan un par de Goyas y empiezan la lluvia de petardos, hieren a varias personas. No son ni porros pagados por el gobierno, ni dinosaurios de preparatoria, sólo son unos chavales locos con mucha violencia en su interior. Ese día inicia una guerra que les dura, 3 meses, 3 semanas, 3 días. Todo termina cuando sale un periodicazo. La violencia había ido demasiado lejos, aparecen varios cadáveres por toda la Avenida Observatorio, un par colgados en un puente. Los forenses que recogen los cadáveres se sienten asqueados, los médicos legistas del SEMEFO se asombran particularmente con uno.
-Politraumatismo encefálico, con objeto punzocortante.- dice un médico a un policía.
-¿Y eso que significa, mi doc?- Le pregunta el policía mientras ambos se fuman un cigarro en el anfiteatro.
-Significa que al cabrón le partieron la cabeza a hachazos.- Le da una calada al cigarro.
-Hay ser hijo de puta para hacer eso.-.
Ese mismo día, Benjamín se va a Mexicalli para “chispar” el pedo. Le ordena a los compas que depongan las armas hasta que él vuelva, que calmen el desmadre. No volverá nunca al Distrito Federal.

Es Agosto del 92, Benjamín entra a trabajar a un Junkyard que desmantela carros Chocolate, que pasaban por Caléxico al país. Se conecta con la gente de la localidad y se empieza a hacer de un nombre. “El Chilo” le empiezan a apodar los cholos del ejido, Chilo, una variación de “Chilango”  que cuando él oía, erizaba los vellos de su nuca y brazos. Todo desencadenó en madrizas brutales, con todas sus variaciones, sin playera, con cadenas o palos. “-El Chilo es cabrón para quitar puntas hommie, dicen que te filerea tan rápido que ni te das cuenta-“contaban los cholos en las esquinas, mientras rolaba el gallo. Benjamín pelea cómo un león, sus movimientos son delicados, pero precisos, increíblemente contundentes. Dada su fama de ser el más loco del barrio se convierte en un objeto a ganar para el narcotráfico.

El día 13 le dan levantón afuera del Junkyard, le dan una calentadita para ver si es verdad que es tan cabrón. Y nada, El Chilo no afloja ni una sola vez, cuando tiene chance se les suelta y madrea a dos de ellos. Sólo se calma cuando tiene un cuerno de chivo apuntándole a la frente. Lo llevan con el patrón.
-Siéntate hijo.- Le ordena un hombre que lleva anillos de oro lo suficientemente pesados cómo para hacer que se ahogara si nadara con ellos.-Vamos a dejarnos de mamadas, se cuenta mucho de ti, que eres un chingón, ahora dime, ¿Lo eres?-
-Usted mandó por mí y no al revés.- Le contesta Benjamín con cara de desdén.
Dos dientes de oro se ven brillar. –La verdad que si nos gusta la gente con huevitos, pero abusado de a quién le estás hablando, chamaco pendejo.- El Chilo entorna los ojos felinos que tanto habían asustado a su mamá el día que lo parió, porque nació con algo similar al párpado accesorio, es decir una telita transparente le cubría a veces los ojos. Los orienta hacía la mesa, los billetes, las armas bañadas en oro y la droga terminan por seducirlo. Dos años después sería conocido como “Comandante Chilo” el hijo de puta más grande bajo el mando del gran patrón.

Benjamín tiene muchas viejas, muchas armas y muchos carros. Empieza a asentar el antecesor del Buchón contemporáneo, vive la vida loca. Anda pedo constantemente, pero se aliviana con coca, abre y abre paquetes de a kilo para inhalarlo directamente de las chichis de alguna mujer, se cocina piedritas con bicarbonato de sodio y se las fuma, bien atento al radio, a la orden del patrón, bien activado, bien paniqueado. Por las noches se fuma 10 o 20 gallitos polveados, se la pasa hasta la madre, el sueño le tiene miedo. También los contras. Algún día, alguna chamaca le sale embarazada, pero a él no le importa, ahorita tiene feria pa´aventar pa´arriba. Insiste en estar presente en el nacimiento de su primer hijo. Es una niña sana de 3 kilos 205 gramos, cuando finalmente la enfermera le presta ese bultito de cobijas y llantos para cargarlo, él siente por primera vez en su vida, un sosiego a su atormentada alma perseguidora. <<Voy a darte todo lo bueno que consiga a ti>> piensa mientras le ofrece el dedo índice a la pequeña palma de la bebé. Ella lo toma con fuerza. Automáticamente se convierte en la luz de sus ojos, en su delirio.

Es el 9 de Noviembre del 98, Paloma, que es el nombre que escogió la madre hoy cumple 4 años, su papá se ve jubiloso, rodeado de sombrerudos con botas, que lo pasan a felicitar con botellas de tequilas añejos y Coñacs tan viejos que ya saben a pechuga de ángel. Es una fiesta decorada con globos por doquier, un payaso habilidoso da un espectáculo que entretiene a todos, la gente se ríe y el payaso suda la gota gorda todo el tiempo, logra controlar el temblor de las manos que le causan las pistolas de los invitados, al final, pide que pasen a Paloma con él enfrente para hacer un truco de magia, sacan una palomita de un sombrero y la pequeñita se asusta por el aleteo del animal. Comienza a llorar desconsoladamente en sus brazos. La madre va y le quita al payaso la bebé. Al oír el llamado de su cría, Benjamín, el Chilo, entra en estado máximo de alerta. Voltea a la fuente del ruido y observa la escena. Silba y les hace una señal a sus hombres al otro lado del recinto. Ellos ya saben que hacer. El payaso no volverá ver la luz del sol. Sus enormes zapatones aparecen al otro día, junto con todo su cuerpo cortado en pedacitos, en un bote de ácido. Los hombres que comanda el Chilo son un escuadrón de la muerte. Él los había instruido, entrenado y seleccionado a su semejanza. Les había enseñado a no temerle a nada.

Dos días después de la fiesta, Benjamín está durmiendo en algún hotelucho de paso, con una puta limpia, sin sífilis, que se cocina su propia anfetamina. Él le deja bolsitas de speed y coca “Para que se ayude.” Se llama Carmen. Carmen se levanta de la cama y va a la mesita, a preparar más líneas. Devora un par y le lleva el espejo a la cama, él inhala fuerte y al fondo, en el rincón más nauseabundo de su alma algo hace click, inmediatamente se le para la verga. El radio de su cinturón empieza a sonar cómo loco, le avisan que el patrón necesita a todo su equipo ahorita mismo. O si no a todos, por lo menos a él. Se la coge rápido, termina en dos metidas fúricas. Se viste en chinga y le dice a Carmen que mañana va a verla. Carmen lo despide con un cachondo beso, de su boca sin sífilis. Maneja cómo un loco en el desierto y llega a casa del patrón, en el camino le marca a todo el comando, llega y 15 minutos más tarde todos están ahí. Los contras están en el territorio. El Chilo mete a su cajuela varias armas, lanzagranadas, metralletas. A pesar de ser un grupo grande, los caza cómo a ratones, manda a un equipo a perseguirlos y él sólo va y se para en una lomita en la carretera. Mientras los persiguen vuela a las dos camionetas con una bazooka. Benjamín es la clase de hombre que disfruta de las explosiones y las ve de frente, no cómo los mal llamados hombres de película. El olor a gasolina y carne chamuscada lo enloquece, es un monstruo adicto a la violencia. Más que cualquier droga, más que el cristal puro y toda la mejor coca colombiana sin cortar, lo que lo pone hasta arriba es matar. Cada ser humano que su mano toma lo hace sentir más fuerte. Su único cable real al mundo, su único carácter humano aceptable es el amor que le tiene a su hija. Lamentablemente eso estaba a punto de cambiar.

Se desató una guerra sin cuartel dónde ahora ellos también invaden los terrenos del cartel vecino, es una orden directa del patrón.
–Vayan cabrones, manden gente para allá y pártanles la madre. ¡Ya estuvo bueno de pendejadas, nuestro momento es ahora o nunca!-
Los otros por supuesto no se dejan y también generan bajas y heridos, todo se torna un desmadre confuso, dónde las fronteras del territorio no quedan claras para ninguno de los bandos, a veces, buscándose en la sierra, caminan en círculos siguiendo los pasos de los enemigos, que a su vez también los siguen. Y nunca se encuentran. Las plantaciones de mota y amapola son tan grandes, que cada cartel cuida un lado de la sierra, a veces cuidan el mismo campo y sin darse cuenta, se encuentran en la noche, en el rondín de vigilancia, en la oscuridad de la sierra están tan drogados y locos no se percatan que se mezclan y terminan amaneciendo en casuchitas feas cómo las suyas, de lámina. Todos despiertan y cuando se ven entre ellos y no se reconocen, se matan y ahí quedan 8 o 9 cabrones llenos de hoyos.

Es el 30 de Diciembre del 99, Benjamín viaja en un helicóptero que sobrevuela la sierra cerca de Badiraguato Sinaloa. Lleva una minigun montada en un tripié, pide que le abran la puerta y empieza a rociar de balas los plantíos en donde acampaban los contras. El sonido de la ametralladora se confunde con el del helicóptero y algunas aves sobrevuelan el área. Principalmente zopilotes y otros carroñeros que acabada la matanza, bajan en picada y se chingan los pedacitos de carne humana regados por todos lados. Mientras tanto un grupo de contras ha hecho bien su tarea y ha dado con la casa del Chilo. La allanan con lujo de violencia, toman prisioneras a la madre y a la hija, matan a con el tiro de gracia a las amas de llaves, los jardineros y al chofer, al salir le pegan una cartulina en la puerta “Esto es por meterse con el cartel, ijo de la berga y su puta madre” Benjamín se entera de lo que ha pasado cuando regresa en la noche, se vuelve completamente loco, pero no pierde la esperanza porque no encuentra ni el cadáver de su vieja, ni el cadáver de la niña. <<Deben tenerlas con vida>> Sale volado de su casa, se para en el hotelucho viejo y le echa a Carmen un último palo. Si quiere salvarlas, necesita pasar de incógnito, completamente desapercibido. Al otro día se levanta temprano, se corta todo el cabello y vende la troca. Anda disfrazado en terreno enemigo, manejando un carrito pequeño. Pregunta y pregunta quién es quién y que hace cada quién en el lugar. Tarda un par de meses hasta que sabe dónde tienen a su hija y a su vieja. Ya no trabaja para el patrón, ni puede valerse de su equipo para ayudarse a lograr algo. Está completamente sólo con su suerte.

El mundo no se le acabó a los narcos y mucho menos a Benjamín. Ha trabajado pacientemente investigando e infiltrándose en las filas del enemigo y ahora ya tiene los elementos suficientes para atacar. Decide moverse de noche, se viste completamente de negro y maneja cauteloso a la casa de seguridad dónde sospecha tienen a su esposa y a su hija. Trae granadas de fragmentación en los bolsillos, varios cargadores y un pistolón con silenciador, de esos que casi matan solos. Primero se libera del molesto sistema de vigilancia con mucho arte, lleva un par de globos de helio con recubrimiento metálico, con las palabras “Te amo” y “Para siempre”, los suelta y se atoran en los cables que alimentan a la casa de seguridad, se hace un tronadero y finalmente el transformador del poste de la calle vuela, dejando a la casa sin electricidad. Aprovecha la oportunidad y con movimientos felinos trepa la barda y se deja caer en la oscuridad. Sus sentidos exaltados por la droga ahora lo favorecen, pues con los pupilones midriáticos que trae puestos puede ver perfectamente en aquella oscuridad. Escucha un ruido cerca, se agazapa y dirige el cañón del arma a la cabeza de una sombra, jala el gatillo y un cadáver cae con sonido de bulto. El Chilo sabe que le queda poco tiempo y sigue moviéndose. Vuela el cuarto de operaciones con una granada de fragmentación, que detona con un hilo, mientras espera en el marco de la puerta a que los últimos ocupantes de la casa salgan alertados por el ruido, sale uno y bum, le vuela la cabeza. En total ya lleva 6 muertos. Entra al último cuarto y ahí sólo encuentra a un ocupante que se le arrodilla y le pide que no lo mate. No está ni su hija, ni su vieja.
-¿Dónde está Paloma, cabrón?-
-Ay de verdad no sé de lo que me está hablando.- Le dice aquel sujeto. –Pero me dijeron que iba a venir un cabrón loco con acento de chilango y me dijeron que le diera esto.- De su bolsillo saca una cámara fotográfica y se la entrega al Chilo. Benjamín lo patea por la espalda y prende la cámara, en ella, una terrible secuencia de fotos le muestra a su hija y a su vieja, mientras las pasa algo adentro se le rompe para siempre, su pulso se agita y su cabeza da vueltas cómo loca, se lleva la mano izquierda a la cara y arroja la cámara al suelo. Está completamente fuera de sí, gritando, arañándose el rostro, hecho una puta mierda. Sabe que nada de lo que haga jamás le devolverá a su hijita. Pero no puede quedarse así. Siente el peso del arma al final de su brazo, mientras la presiona contra la nuca de aquel sujeto, el acero frío de la pistola tiene la misma temperatura que su corazón, desliza el pulgar y retira el seguro del arma, sus ojos se entornan y sus pupilas se dilatan, una gota de sudor frío le baja por la nariz. Jala el gatillo.


Ahora todo había acabado. Benjamín se lleva la pistola a la boca. Cierra los ojos y llora. Piensa en ella. Piensa en Paloma. Jala el gatillo y deja de llorar. 



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