sábado, 2 de junio de 2012

La gente cambia... si, pero no tanto.


-Despierta, oye, ya tenemos que irnos, párate wey, ¡despiértate!. Una voz familiar lo llamó mientras lo sacudían por los hombros, el sueño que parecía tan vívido y real le causó una confusión de sonámbulo al despertar.


-¿Si se va a quedar conmigo?- preguntó con la voz todavía adormilada y sin siquiera darse cuenta. -¿Se queda quien? Ya despiértate Molho, se nos hace tarde.


Estaba soñando. Sentado junto a ella al borde de un abismo cuya caída llegaba a un mar salobre, frío y lleno de sangre, donde los peces y las ballenas debían nadar en el aire y los barcos pesqueros de grandes cascos oxidados llenos de moluscos exhalaban un humo triste porqué sus redes sólo capturaban sanguijuelas. 


El amanecer los alcanzó sentados donde estaban, la luz les quitó un poco el frío y se acercaron más. Él la contempló, su piel era dorada y bien adherida, cómo una leona que despunta en su mejor edad, donde ninguna presa salía bien librada de su encuentro, su pecho era firme y exhalaba un vaho de florecitas de campo con olor a tierra y no a lo típicamente dulce de las flores, sus ojos eran cómo dos aceitunas negras. -¿En que piensas?.- Le preguntó ella. -En esos pobres barcos. Esos marineros deben morirse de hambre, ¿o es que ya alguien inventó la manera de comer sanguijuelas?. 


Ella rió aunque no mucho, cuando lo hizo su timbre de voz fue completamente diferente, cuando él volvió a observarla supo que era ella pero al mismo tiempo ya no lo era; ahora era diferente, la piel antes dorada había adquirido un tono lechoso y más terso, ya no era la piel de una leona expuesta al sol y a la intemperie, ahora era más cómo la piel de un gatito blanco, de su pecho no salía más un aire a campo y a tierra si no un perfumillo misterioso de matrona antigua, los ojos antes aceitunados habían sido cambiados por otros, grandes y redondos, con un aire de asustada locura felina, era cómo un gato. -¿Y ahora que piensas?.- Le preguntó nuevamente.-Ahora pienso en lo mucho que me gustaría llevarte a la cama. Fue una respuesta poco cortés pero sincera, ella pareció no haberla escuchado, él se sintió abrumado por su propia patanería y volvió a quedarse en silencio.


Miró a su alrededor y el mundo parecía demasiado nuevo, tan nuevo y tan lleno de cosas que estaba al borde del colapso, estaba tan atiborrado de elementos que él quiso hacer una lista con los nombres de todas las cosas. Cuando se dio cuenta de la imposibilidad de la empresa se sintió frustrado, enloquecido, lleno de un odio interno a todo, una espumilla amarga interna comenzó a llenarlo ¿Para que servían todas las cosas?. 


-Pues podemos hablarlo en el trayecto al otro lado, ¿Quieres?.- Una tercera voz lo sacó del ensimismamiento, de nuevo ella era ahora ya otra persona, su piel antes pálida cómo el mármol había adquirido un nuevo tono más rosado y vivaz, las mejillas pálidas cómo la muerte ahora eran sonrosadas y redondas, algo en él quiso morderlas, decidió que no era una buena idea. Olía cómo a nueces frescas y un elemento frutal que nunca pudo distinguir pero que de alguna manera le recordó un lugar que quizá no había conocido donde todo olía como ella. Los gatunos ojos habían sido sustituidos por dos brazas incandescentes y muy profundas, era cómo si pudieran ver a través de las cosas, cómo si con esa mirada pudiere atravesarte el pecho y saber las penas y las tristezas del corazón, estaban ojerosos de trasnochar y fúricos de ver lo mierda que es la vida, le encantaron...


-Ya vámonos wey, neta es tarde.
-Ya voy... me estaba acordando, soñé algo bien bonito pero extraño.
 

Se levantó pesaroso y dejó perder el sueño en sus recuerdos, la vida de verdad que era una putilla sucia cuando uno estaba despierto.

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