lunes, 18 de enero de 2016

Esa mujer...


Esa mujer; su cuerpo, con los ojos dibujo su cuerpo y veo que está hecho de una línea delgadita pero profunda.

Se parece a la palabra nunca,  un eco resuena  adentro al pronunciar su nombre
Desnuda me parece aún más grande...
En todos los sentidos. Enorme, divina.

Se me instala en el costado izquierdo
Y se me cuela al alma como la noche.
Toca mi boca su piel y cada folículo erizado es una corriente eléctrica en los labios.
Sabe a leche tibia una mañana de invierno.

Mis ojos le acarician el todo.
Se convierte en un elemento de contemplación eterna
Laberinto, curvas, parajes hermosos
Lugares de nacimiento, vida y muerte.

Tiene el encanto de ser una especie de olvido
un lugar para guardar los ojos
un ente dónde contemplar el mundo.
Y estoy perdido, enloquecido en el centro de su tierra.

Afuera,  escucho su corazón latir, el mío está en las paredes,
En el pecho tengo una bombilla de 10,000 Watts
Y en mi garganta hay un sapo que se agita violento
Algo quiere escapar de mi

Adentro suenan árboles siendo arrancados, ruidos secos
se caen a pedazos la furia, la tristeza
Sus labios son miel que escurre y su aliento es fuego emanando de la tierra.
Estrellas en erupción viven en sus ojos.

Los últimos vientos de la locura
Ceden tranquilos al oleaje de sus manos
La luna sonríe, esa mujer llueve dulcemente sobre mis huesos solitarios
Me llena y fluyo como un río poderoso, caudal infinito, bípedo bullente.

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