La miré a los ojos, tosí. -Me gustan como la inercia inespecífica con la que se gustan los polos magnéticos opuestos. Las locas, definitivamente. Pero no en el mal sentido, tomando a la locura como algo potencialmente sublime. No lo sé. Éramos parecidos, pero completamente diferentes, ¿me entiendes?. Es un choque, algo que te parte el alma y te la divide, al mismo tiempo todo se complementa. Uno cuando menos lo espera está unido a una dialéctica entre el agua y el fuego. No existe la necesidad de nada más. Los silencios son espacios de contemplación y de disgregación. Hay choques si… nada es en realidad perfecto, pero existe un equilibrio, una inflexión en el caos, un punto estático en la vorágine del paralelismo de compartir lo que eres.-
-Eres un romántico wey, y hay cosas del amor romántico que son altamente tóxicas. Borjo, el amor es una decisión diaria. Nadie se “complementa” porque todos estamos completos. Piensa que ella es una casa y tú eres una casa wey, y se acercan y entre los dos crean un jardín que comparten. -...
-Eres un romántico wey, y hay cosas del amor romántico que son altamente tóxicas. Borjo, el amor es una decisión diaria. Nadie se “complementa” porque todos estamos completos. Piensa que ella es una casa y tú eres una casa wey, y se acercan y entre los dos crean un jardín que comparten. -...
Me imaginé el jardín y me quedé pensando qué clase de cosas crecerían en ese jardín, definitivamente habría que plantar muchos árboles frutales y plantas medicinales, algo que atrajera a la fauna, poder ver pájaros, luciérnagas y de noche salir a contemplar las estrellas, maravillados en nuestra insignificante consciencia.
Me salí a la calle, encendí un cigarro y comencé a caminar hacia ningún lado.
Así es que solía salir a buscar respuestas en la noche, echando humo hasta por las orejas, fumándome las dudas y rumiando las respuestas que gradualmente aparecen tiradas en la calle en algún momento de la caminata. Ese era mi mecanismo en el tiempo de crisis, vagar, huir, correr... me daba pena ser muy vago, pero me sentía muy pinche orgulloso de ser un vago consciente, o al menos pretenderlo.
Recordé algo de lo que me acababa de decir ella.
-Tienes mecanismos muy específicos, Borjo, expectativas muy raras de como quieres que te quieran, igual que todos nosotros, pero tú estás más raro.-
Era verdad, otra de las verdades también era que no era consciente de mis conductas extrañas. Vivía medianamente alienado, siempre ignoraba cosas que eran obvias para los demás, pero también sabía muchas cosas que cuando en alguna plática salían a flotar dejaban quizá perplejos, quizá sorprendidos o incómodos a algunos. Tenía ese don de ver el punto negro en la pared aparentemente más blanca.
Recordé algo que no supe si había imaginado o leído en algún lado. Era un argumento como "Bueno, creo que he estado enamorado siempre a lo largo de mi vida, desde que tengo memoria, siempre. Pero, desde luego, el pretexto o el tema no ha sido el mismo; han sido, bueno, digamos, diversas mujeres, y cada una de ellas era la única. y es como debe ser, ¿no?"... Y ya, fin de la historia.
Así es que solía salir a buscar respuestas en la noche, echando humo hasta por las orejas, fumándome las dudas y rumiando las respuestas que gradualmente aparecen tiradas en la calle en algún momento de la caminata. Ese era mi mecanismo en el tiempo de crisis, vagar, huir, correr... me daba pena ser muy vago, pero me sentía muy pinche orgulloso de ser un vago consciente, o al menos pretenderlo.
Recordé algo de lo que me acababa de decir ella.
-Tienes mecanismos muy específicos, Borjo, expectativas muy raras de como quieres que te quieran, igual que todos nosotros, pero tú estás más raro.-
Era verdad, otra de las verdades también era que no era consciente de mis conductas extrañas. Vivía medianamente alienado, siempre ignoraba cosas que eran obvias para los demás, pero también sabía muchas cosas que cuando en alguna plática salían a flotar dejaban quizá perplejos, quizá sorprendidos o incómodos a algunos. Tenía ese don de ver el punto negro en la pared aparentemente más blanca.
Recordé algo que no supe si había imaginado o leído en algún lado. Era un argumento como "Bueno, creo que he estado enamorado siempre a lo largo de mi vida, desde que tengo memoria, siempre. Pero, desde luego, el pretexto o el tema no ha sido el mismo; han sido, bueno, digamos, diversas mujeres, y cada una de ellas era la única. y es como debe ser, ¿no?"... Y ya, fin de la historia.
Mi búsqueda de conclusiones siempre era un proceso semi estocástico y a veces simplemente se me pasaba la aleatoriedad y terminaba regresando años atrás cuando caminaba por esas mismas calles agarrado de la mano de las gato o de Carmen o de Gabo o de cualquiera de ellas. Y me embriagaba en esos momentos de dicha, tanto que se me olvidaba momentáneamente que tenía que haber doblado dos cuadras atrás para salir más cerca del metro, así que abandonaba esa idea y buscaba otra ruta a ningún lado. Y me atormentaba que a veces me pasaba eso, que me era más fácil pensar que ser.
Me detuve en la esquina e hice fuego de nuevo, más humo para activar el metabolismo cognitivo. ¿En cuantas pipas cabrán todos los miedos y malos recuerdos?
No hay lata de tabaco que no se acabe, -Justo como la vida.- Dije en voz alta. Me reí y seguí avanzando. *Avanza perro, avanza. Hay algo que entender de toda la situación* pensé en una morra que me gustaba y con la que había salido. Una mueca de labios lateral se me escapó. Recientemente había empezado a querer renunciar al control de todo. Decía medio en juego que nada en la existencia tenía sentido y que todos íbamos a morir. Dentro de mí una pequeña parte empezaba a creer que era verdad, que en realidad no todo era esa vorágine caótica en la que me sentía inmiscuido, si no una penosa necesidad de ser ya escrita y establecida como parte de un plan mayúsculo escrito por manos más hábiles y mentes más inteligentes que la mía.
No hay lata de tabaco que no se acabe, -Justo como la vida.- Dije en voz alta. Me reí y seguí avanzando. *Avanza perro, avanza. Hay algo que entender de toda la situación* pensé en una morra que me gustaba y con la que había salido. Una mueca de labios lateral se me escapó. Recientemente había empezado a querer renunciar al control de todo. Decía medio en juego que nada en la existencia tenía sentido y que todos íbamos a morir. Dentro de mí una pequeña parte empezaba a creer que era verdad, que en realidad no todo era esa vorágine caótica en la que me sentía inmiscuido, si no una penosa necesidad de ser ya escrita y establecida como parte de un plan mayúsculo escrito por manos más hábiles y mentes más inteligentes que la mía.
Pero bueno, estaba pensando en la morra. -Algo me dice que ya es medio tarde, se enfrío la pizza, carnal, más valdría la pena concentrarse en otra cosa, no perder el tiempo.- Volví a decir en voz alta. Saqué más bocanadas de humo. Pensé en el tipo del bar que intentaba ligarse a todas las morras, una proeza ambiciosa, considerando que tenía el culo conectado a la boca. *más vales chairo y maricón que macho y pendejón, no lo olvides* ... me quedé suspendido en las luces del semáforo de la esquina, y chequé la hora, las cinco y cuarto de la mañana. -DEMASIADO TARDE SIEMPRE.- dije mientras se me nublaron los cielos de la felicidad, el monito del semáforo empezó a caminar así que retomé el paso.
Me acordé de algo que me había dicho ella. - No eres malo ni estás loco, wey. Todos tenemos una antena que capta la realidad y la reproduce en nuestro interior. La tuya tal vez capta más... no sé como explicarlo. Es como si tuviéramos el volumen interno de las emociones más alto que el de los demás.- *La felicidad debe ser otra cosa. No estos momentos de aislada soledad. No estos sube y bajas de emociones. No este gradual desvanecimiento de la sonrisa, no estos laberintos de emociones y contradicciones.* sacudí la cabeza y sentí mi cerebro suspendido en líquido como una abominación contra natura, una gelatina de células, algo apenas más firme que una mierda ligeramente sólida y sin embargo allí estaba, haciéndome matar por las hormigas rojas y también por las hormigas negras. Quise sentarme pero sabía que no había ceso a la hora de la fuga, sobre todo a esa deliberada hora, en ese deliberado estado con toda la deliberada intención de valer verga. Mejor no, mejor seguirle cómo siempre.
Mientras caminaba se acabó la pipa, soplé hacía afuera toda la ceniza y me la guardé en el bolsillo de la chamarra. Una ráfaga helada de viento me recordó que si aún podía sentir el dolor cortante del frío en las orejas, podía sentir lo que quisiera. Tuve un pequeño flashback de un momento reciente y que todavía no acababa de entender. Como un doble deja vú, me sentí súbitamente invadido por una calidez en el pecho, volteé hacia los lados y hacia atrás, al no ver a nadie me di el lujo de caminar unos seis pasos con los ojos cerrados.
Uno, notó que cuando buscaba sus ojos ellos también buscaban los suyos. Recordó algo que decía que hay miradas que no son tuyas, pero te pertenecen.
Dos, hay una sonrisa que tampoco es suya, pero que lo ilumina cuando parece que amanece en el cielo de esos pequeños labios
Tres, bailan los pies como si no fueren los suyos, el enorme rinoceronte, sus manos se tocan, sus ojos se cruzan y los cuerpos se acercan, nacen en la cuna del movimiento muchas risas espontáneas
Cuatro, de la gravedad de su voz y de la suavidad de la suya surgen espontaneidades que terminan por darles una familiaridad mutua extraña, una comodidad bilateral particular, una sensación de "Te conozco aunque nunca te había visto." fueron afuera.
Cinco, Besos, labios que se insuflan vida mutuamente, trozos de carne que se acarician como si no pasara otra cosa, como intentando fundir su materia, húmeda pelea de átomos, peces insolubles que juegan a amarse en un mar de saliva. Para cada acción hay una reacción de igual magnitud, pero en sentido opuesto. Entre los cíclopes de ojos y las caricias con la nariz surge un fuego que se quema sin llama. Que no se ve, pero consume. Y a su paso no destruye, es solamente el motor de una sensación. Algo que se expande en el pecho.
Seis, Movimientos de espejo, poros que se erizan al contacto con otros poros, manos que ansían memorizar las curvas de la carne, que calculan las pendientes sigmoideas de las que estamos hechos y las vuelven regresiones lineales en la memoria del ahora. El tiempo yace suspendido como un perro dormido al pie de la cama, los cuerpos juegan a ocupar deliberadamente el mismo espacio, sabiendo que ello solamente incrementará la entropía, calor de fricción refrigerado por sudor, saliva y amor.
Sexo, el éxtasis líquido catalizado por el amanecer que se cuela por la ventana y que hace que la imagen del otro se les meta por los ojos y les llegue tal vez a las tripas, tal vez al corazón. Las mitades se acercan y se alejan en un rítmico y delicioso hipnotismo que hace que el corazón palpite fuerte y que el alma quiera escaparse por la boca en forma de gemidos, de gruñidos, de suspiros y en los momentos en los que el aliento se ausenta se siente como estar adentro de una bolsa, como una pequeña muerte, que arranca al ser de dónde está y lo catapulta al paraíso, mientras su cuerpo está aún ahí, encima de otro cuerpo. Es un momento de profunda paz en medio de la guerra. De santidad en el pecado, una conexión a lo intangible, un pequeño fruto que cae del árbol del placer.
Al final del encuentro ha cesado el hambre de desearse y ha nacido el hambre de querer más de aquel nectar invisible que tan dulce sabor de boca les ha dejado.
Sexo, el éxtasis líquido catalizado por el amanecer que se cuela por la ventana y que hace que la imagen del otro se les meta por los ojos y les llegue tal vez a las tripas, tal vez al corazón. Las mitades se acercan y se alejan en un rítmico y delicioso hipnotismo que hace que el corazón palpite fuerte y que el alma quiera escaparse por la boca en forma de gemidos, de gruñidos, de suspiros y en los momentos en los que el aliento se ausenta se siente como estar adentro de una bolsa, como una pequeña muerte, que arranca al ser de dónde está y lo catapulta al paraíso, mientras su cuerpo está aún ahí, encima de otro cuerpo. Es un momento de profunda paz en medio de la guerra. De santidad en el pecado, una conexión a lo intangible, un pequeño fruto que cae del árbol del placer.
Al final del encuentro ha cesado el hambre de desearse y ha nacido el hambre de querer más de aquel nectar invisible que tan dulce sabor de boca les ha dejado.
Abrí los ojos.
Cuando regresé a la realidad de la calle estaba sonriendo sin darme cuenta, lo que si me di cuenta fue que aquella noche estuve metido en una dimensión en la que la esperanza era el elemento más abundante en la realidad.
Se me ocurrió una frase que escribí en el celular
"-Todo llega, todo termina y todo ocurre... Lo que es tuyo te espera, lo que no solo se va a ir...-"
estaba prácticamente amaneciendo. Me di cuenta de que en realidad si estaba cambiando, de que por primera vez en mucho tiempo me lo estaba pasando muy cabrón, sin generar expectativas falsas de nada. Sin anclarme a los prejuicios, toxicidades convencionales e ilusiones de nadie, vaya, ni siquiera de mí mismo.
Se me ocurrió una frase que escribí en el celular
"-Todo llega, todo termina y todo ocurre... Lo que es tuyo te espera, lo que no solo se va a ir...-"
estaba prácticamente amaneciendo. Me di cuenta de que en realidad si estaba cambiando, de que por primera vez en mucho tiempo me lo estaba pasando muy cabrón, sin generar expectativas falsas de nada. Sin anclarme a los prejuicios, toxicidades convencionales e ilusiones de nadie, vaya, ni siquiera de mí mismo.
Entendí o creí entender parcialmente los aspectos saludables de ese amor que tantas veces creí que estaba muerto porque me metía la mano al pecho y no sentía nada.
Mientras me encendía el último cigarro, amaneció. Me di cuenta de que en realidad ya no busco más expectativas rotas, solo espero que toleren mi ocasional vigilancia al abismo; mi locura, mis silencios y gruñidos.
Que topen que a veces soy un bosque y es de noche
Que un lobo puede ser un perro amigo si se le encuentra la vena de la confianza. Renacer no era este proceso casi místico de apertura y cambio absoluto de consciencia. Renacer era poder despertar otro día con unos ojos distintos.
Que topen que a veces soy un bosque y es de noche
Que un lobo puede ser un perro amigo si se le encuentra la vena de la confianza. Renacer no era este proceso casi místico de apertura y cambio absoluto de consciencia. Renacer era poder despertar otro día con unos ojos distintos.
Seguí caminando y mis ojos se tragaron toda la luz del amanecer como si nunca hubieran visto uno antes.


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