miércoles, 24 de julio de 2013

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Ojalá llegue pronto el día donde la humanidad se enjuicie a si misma y todos los corruptos y los malvados sean exterminados, parece ser una visión utópica, que haya juicios públicos en contra de políticos, asesinos, exterminadores, acaudalados ilícitos que poseen riquezas que ganaron con la sangre y sudor de otros.

Que se les obligue a un exilio fuera del planeta, que la cápsula que los lleve al espacio además a medio vuelo se haga despresurizar y que sus cabezas estallen de locura...

Creo que la humanidad no nació lo suficientemente madura espiritualmente, nunca fuimos portadores de paz, y la poca luz que nos fue otorgada se extingue día a día, poco a poco con nuestras decisiones arbitrarias, egohistéricas y no sustentables.

Todo radica en que nadie acepta que la maldad vive en nosotros, que hay un profundo abismo oscuro en el alma de cada ser humano y que en ella habitan los demonios mas ruines y dañinos, creo que lo que no hemos sabido hacer es mediar a esos demonios con nuestras deidades internas y aplacarlos, calmarlos no con sangre ni riquezas si no con malevolencia orientada, no aprendimos a aceptarlos y por lo tanto a veces nos dominan.

Nos subimos a este avión llamado civilización moderna, occidental y no calculamos nunca las consecuencias de nuestra regalada conducta, Karen me iluminó un día comparando lo que llamamos civilización con el primer vuelo del ser humano, el primer vuelo de avión, nos subimos de manera entusiasta, ciegos de poder, corruptos de inocencia y volamos, nos elevamos cada vez más y más y más... pero benditas sean las fuerzas de atracción, porque ahora vamos cayendo y sentimos pánico, igual que lo sintió el primer hombre que voló y no puso ruedas en su avión, porque el suelo se acerca cada vez más y más rápido, la realidad se acelera vertiginosamente hacia nuestras caras y ahora no sabemos que hacer. Y el putazo es inminente, se los juro.

¿Y que chingados va a pasar? ¿que va a pasar cuando nos enjuiciemos y aceptemos la raíz del mal?, esa raíz que somos nosotros mismos. Me intriga, me quita el sueño frecuentemente, estamos en ese precioso, preciso e inaceptable momento definido por Ann "El momento en el que el acróbata no está tocando el suelo" he visto estos mismos ojos todos los días desde hace 22 años y hace poco noté que en ambos vive dios y el diablo.

Si algo es seguro es que nada es seguro y eso es decir suficiente.

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