lunes, 9 de diciembre de 2013

Toma el dinero y huye, baby.



"Toma el dinero y huye" dijo alguien alguna vez, en la misma situación que todos nosotros, los esclavos sistemáticos.

Quieren que hagamos filas y filas de información acumulable, para que "Ellos" lo usen cómo escaleras. Porque todo es desechable, hasta nosotros mismos.

Filas y filas de cráneos cubiertos de pasto, cientos de hierbas diferentes creciendo sobre nuestros huesos, con colores asombrosos y diversos, poquito de todos, puntos rojos, grabados con sangre.

¿Qué esperan que pase con nosotros? ¿A dónde nos dirigimos tan vertiginosamente hacia abajo? ¿Por qué tenemos que estar encima de otros? Crecer es sólo hacia arriba, perderse es otra cosa.

Tick… tack… tick… tack, sonaba el reloj en la pared, el gato miró de reojo a la esquina y vio algo que nadie pudo ver y lo atacó. Hay susurros en las paredes, más sombras que pies. ¿Qué atacó el gato esa noche?

No más humo en el cielo, entre neblinas de humedades nuevas en donde todo era sequía, volarán nuestros fantasmas. Entre patas nuevas, entre lugares inhabitables, para nosotros.

Se muere aquel que deja que la corriente lo arrastre, que lo aten a la silla y con cables directo al cerebro le digan que hacer, que lo olviden, que se cubra de telarañas, con los ojos muertos, viendo la pantalla.

Work for pay and pay for freedom, fuck 'em all, we don't need 'em ” Esperan entonces que sigamos gritando a través de los muros de su indiferencia, mientras nos ahorcan, más y más.

Entonces, está dicho antes por alguien que no fui yo, pero ahora te entiendo carnal. Por los perseguidos, con una taza de café en la mano brindo por los que pueden volar.


“Toma el dinero y huye.” 

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