Sara tocó el
timbre de la casa de su tía, una voz masculina le preguntó del otro lado.
-¿Quién es?-
-Sara tío, ¿no estará mi tía?-
El hombre le
abrió despacio la puerta, el chirrido de las bisagras le erizó un poco la piel
a Sara, su cuerpo fue invadido por la mirada lasciva de su tío.
-Salió.- Le respondió el hombre.-Fue a comprar el
mandado y la leche para la niña, ¿Qué necesitabas?-
-Nada urgente, en la casa nos cortaron el agua y
quería preguntarle si me dejaba bañarme aquí.-
El hombre hizo
una mueca extraña y su cara de sapo se mostró complacida.
-Claro que si mijita, pásale.-
Sara caminó
derecho al baño, cerró la puerta y se aseguró de tapar el agujero donde debía
estar la chapa con su bufanda. Se desnudó despacio, no existía sensualidad
intencional en sus movimientos, cualquiera podría haber dicho que se complacía
en su desnudez, pero era una mentira, su rutina de siempre era desnudarse
despacio y meterse al agua a pensar y a perder el tiempo.
Deslizó la
cortina y se introdujo a la regadera, abrió las llaves con movimientos sutiles
y ligeros. El primer contacto del agua con su cuerpo erizó su piel y despertó
sus pezones, observó su cuerpo reflejado en el espejo; sus senos eran dos
animales vivos, hermosos y redondos, su vientre era ligeramente abultado, curvo
y oloroso a tierra húmeda, su sexo apenas cubierto por un pelambre corto cómo
el musgo de los árboles en Agosto, sus caderas eran anchas cómo las de una
yegua, pero de forma inocente y armónica, talladas con delicada sutileza, cómo
la figura que haría un niño en arcilla.
El ruido de un
portazo sordo la sacó del ensimismamiento de su contemplación, un grito
asustado escapó de su pecho.
-¿Quién es?- Silencio.- ¿QUIÉN ES?-
-Soy yo hija.- Le respondió la
voz del tío.-Vine a jabonarte la espalda.-
-N…n…no hace falta tío.- dijo
con voz trémula y asustada.-De todas maneras ya casi acabo.-
Una mano arrancó la cortina de un tirón, horrorizada contempló al asqueroso hombre desnudo frente a ella.
Una mano arrancó la cortina de un tirón, horrorizada contempló al asqueroso hombre desnudo frente a ella.
-No me digas que nunca habías
visto uno de estos.- dijo el hombre mientras su pendulante trozo crecía y se
amorataba.-Anda, tócalo… siente su textura.- Sara intentó salir corriendo del
baño desesperada, desnuda, pero justo al pasar al lado del hombre este la cogió
de los cabellos con violencia.
-¿A dónde vas putita de mierda? ¿Crees que no he visto cómo te vistes? ¿La manera en la que te contoneas? Yo sé que es lo que necesitan las perritas cómo tú.-
-¿A dónde vas putita de mierda? ¿Crees que no he visto cómo te vistes? ¿La manera en la que te contoneas? Yo sé que es lo que necesitan las perritas cómo tú.-
El hombre la
arrastró de nuevo a la ducha, la golpeó en el estómago y Sara cayó de rodillas,
él volvió a jalarla del cabello y le acercó la pelvis a la cara. –Chúpalo puta
de mierda, cómo si fuera una paleta.- Sara lo miró a los ojos, todavía sin
aire, temblando de dolor y de miedo, en un último intento de fuga en su mente
cruzó la idea de morder con fuerza y huir, lamentablemente, sus movimientos
torpes y lentos y un fulgor de odio en sus ojos la delató.
-¿Estabas pensando en morderme? ¿ME IBAS A MORDER
A MI PUTA DE MIERDA? ¡TE VOY A ENSEÑAR A RESPETARME!-
Acto seguido
el hombre descargó varias bofetadas y puñetazos en el cuerpo y cara de Sara.
-Por favor.-berreaba Sara.-Ya no, por favor.- sus sollozos
y sus gritos se habían ahogado en un mar de súplica y dolor, de su barbilla
colgaban varios hilos de baba, mocos y sangre, su hermoso rostro se había
transformado en una masa amorfa llena de bolitas, tenía un corte profundo que
sangraba bajo el párpado.
El hombre la
levantó del cabello y la empujó de frente hasta la pared de la regadera, frente
al espejo. Sara contempló su rostro maltratado y su cuerpo enrojecido por los
golpes; el hombre separó sus piernas violentamente con la rodilla, pateándola,
forzándola a separarlas.
-Ahora vas a aprender lo que es ser
mujercita- le susurraba a los oídos mientras lamía sus orejas repulsivamente.-Y
cuidadito me la llenes de caca puta sucia, si me la embarras te mato, te juro
que te mato.-
El cerdo le
cubrió la boca con la mano e introdujo su instrumento amoratado en las entrañas
de Sara, partiéndola y desgarrándola con cada empujón. Sara ahogaba gritos de
dolor y llanto mientras el hombre la metía y la sacaba una y otra y otra y otra
vez… el agua de la regadera seguía cayendo.
-¡Nada de
decirle esto a nadie eh! Una sola palabra y te mato a ti, a tu madre y a tu
hermana.- Le dijo el hombre mientras salía de la regadera.
Sara quedó
hecha un ovillo en el suelo, en un charco de su sangre y su mierda, sollozando
mientras el agua de la regadera lo arrastraba todo por la coladera.
Afuera la lluvia
se secaba al sol del medio día, los árboles se mecían por un vientecillo
siniestro y los pájaros cantaban con fuerza bajo el sol, todo el mundo seguía
girando igual.
Continuará...
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