lunes, 17 de agosto de 2009

... Desde un charco

Cortole entonces garganta, lengua y dedos sin tocar gota de su sangre, se levanto despacio, giro aun mas despacio sobre la planta de su pie y salió sin hacer ruido de la sala de aquel lugar. Me habían dicho que tragaba su veneno, inmunizándole, según él, pero nunca fue inmune de nadie y menos de él mismo, como nadie nunca supo que lo tomaba, nadie supo nunca cuando se moría, en lenta agonía pensaba que dormitaba y de pronto resucitó otra vez… sin darse cuenta. Era entonces él, el hombre agresivo sin violencia, el que odiaba sin decir nada, el hombre sin amor, sutileza ni bandera, el que estaba en contra de todos y de él mismo, el lobo aislado y estepario, que por contacto con la gente se fue a refugiar en aquel aislado paramo… Era él… el hombre que aprendió a vivir sin lágrimas. Cuando alguien o él mismo se buscaba, como única resultante se obtenía el fracaso, pues carecía de amores fugaces e ilusiones imaginarias, entonces antes de que nadie se diera cuenta, él se había marchado. De él ahora se sabe poco, su primer y único crimen fue hacia el mismo, reprochándose haber confiado, que abandonar su naturaleza bestial, insensible, cruel y poco confiada lo hubiese llevado a amarla… Encontraronme loco, sin lengua, dedos y garganta en un charco sucio, afuera de su casa.

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