No podría
soportarlo mucho más, tomé dinero del buró y salí corriendo de casa, necesitaba
ir a cualquier lado, donde fuera, huir, huir huir… manejé hasta el centro,
afortunadamente por ser de madrugada pude estacionarme cerca de un bar, caminé
entre los charcos que provenían de los negocios, entré a un lugar que me
pareció agradable y me senté al fondo, en una mesa en la esquina, a esperar.
Bebí una cerveza
tras otra, en silencio, intentaba callar la voz de mi cabeza entre el bullicio
de los ebrios felices, todos cantaban, brindaban, gritaban y yo seguía
bebiendo. Me paré y caminé hacia el baño, me costó bastante trabajo pero logré
orinar, me miré al espejo del baño y vi al demonio derrotado que se reflejaba,
ojeroso, con la mirada de loco perdida, con la barba de varios días, con el
cabello lleno de grasa.
Salí del baño y me encontré a esta chica con aspecto
bastante similar al mío, pálida. –Parece que la pasas mal.- Le dije. –No tanto
cómo crees, ¿me invitas una cerveza?- Accedí. Caminamos juntos a la mesa en
silencio y la cerveza fluía y fluía. Me dijo su nombre pero ya no lo recuerdo,
todo estaba terriblemente borroso, yo hice alarde de mi fanfarronería y
conseguí sacarla del bar.
La llevé a un
callejón y comencé a besarla, su boca sabía agria, a vómito y cigarro, me sentí
asqueado pero continué, le metí la lengua en su asquerosa boca y le toqué las
tetas, ella apenas respondía, estábamos ambos bastante jodidos, pero la noche
era larga, bajé la mano a su cintura y comencé a apretujarle las nalgas,
deslicé mis torpes dedos al interior de sus pantalones y sentí su entrada
húmeda, se lo hice con los dedos y se lo hice bien, arriba y abajo, yo sabía de
la cosa, introduje dos dedos a su ranura y comencé a estimularla por dentro y
con la palma por fuera, se vino en mi mano. –Chúpamela- le dije. –Si crees que
te la voy a chupar estás pendejo.- me contestó. Le saqué la mano y le di un
terrible bofetón en la mejilla derecha, comenzó a gritar, todo seguía muy
borroso, empezó a correr y la perseguí, llegó primero que yo al bar y salió
rápido con tres sujetos, yo era enorme y tenía una derecha legendaria, pero no
pude combatir en ese estado, recuerdo muchos golpes y patadas, sobre todo
patadas. Todo seguía muy borroso. Me desmayé por la madriza.
Desperté al otro
día cuando salía el sol, no traía zapatos, ni cartera, celular, ni las llaves
del coche, tenía el ojo izquierdo prácticamente cerrado. Comencé a caminar
hacía donde había dejado el auto y no estaba. Otra vez, la había jodido en
grande, me lo merecía porque era un mierda, vomité mucho y con mucha sangre.
Otra vez la había jodido en grande. Miré el sol nacer entre los edificios y
empecé a caminar, a ninguna parte, lleno de odio y de culpa.
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