Todo sucedió así.
El cielo se quemaba en púrpuras y hermosas llamas
Y los autos volaban al viento atómico cómo las hojas de un otoño que no ha terminado.
Y anduvimos desnudos por segunda vez… Sin temor a dios
Porqué dios no estaba ahí.
Y los que clamaban paz ahora eran los mejores en la guerra
Y los que antes gritaban vida ahora tenían la muerte en las manos
Tatuada en las caras y encarnada en las entrañas.
Antes fuimos niños y algún día, pronto, estaríamos muertos
Pero hoy vivíamos en la cumbre de nuestras vidas
Tan bajita era que no veíamos más que nuestras caras reflejadas en el agua
La cumbre de una civilización fosilizada
Perdida en sus recuerdos.
Éramos la bandera en la punta del asta y el ventarrón oscuro y seco nunca fue suficiente para hacernos ondear
Estábamos tiesos por dentro y pronto nos desmoronaríamos
Y caeríamos al suelo
Deshilachados, rotos
Muertos.
Estuvimos siempre juntos en el alboroto
Te vi a los ojos y te dije:
“Eres bellísima, quédate a mi lado…”
Pero fue imposible.
La verdad nos arrancó los brazos
Y nos quedamos solos
Temblando
Buscando nuestra comodidad en la nebulosa de mentiras.
Te busqué hasta debajo de las piedras…
Busqué el ritmo de tu cadera en otros cuerpos
La calidez de tu vientre en la frialdad de mis entrañas
El sabor de tus labios
En la tierra
En el mar
En el viento
Y no encontré nada.
Me arrastré entonces al acantilado del olvido
Me lancé y aún estoy cayendo
Cuando finalmente toqué el suelo espero ser más fuerte
Más grande, más mortal
Y menos cómo era antes.
Quizá al aterrizar explote en mil pedazos y el destino me rearme
Y sea completamente diferente
Espero no quedar tan deforme que nadie nunca pueda reconocerme
Quiero verme cómo un árbol grande, sólido y confiable
Un árbol ambulante de raíces fuertes y dura corteza de metal.
Entonces tal vez un día nos veamos por la calle y una sonrisa brote de tus labios
Tal vez nos bebamos el tiempo bajo la sombrilla de un café
Y quizá reencontremos hacia donde caminábamos
Y atravesemos el universo
Sacudiendo de nuestros zapatos la tierra de este valle muerto
Y un cálido sol nazca otra vez sólo para nosotros…
Yo estoy seguro que tú estarás bien.
De mi nunca supe nada.
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