Es cruel este silencio que me hace tanto mal…
Es cruel la piedad en tus ojos, la blancura de tu cuerpo…
Es cruel despertar todos los días pensando en ti... en tu entusiasmo, siempre tan contrastante a mi apatía…
Es cruel verte todos los días en mi espacio más sagrado…
Es cruel tenerte en mis sueños…
Es cruel tu cordura, incompatible con mi demencia…
Es cruel imaginarte, tenerte imperturbable a mi incongruencia, saberte tranquila, serena y fría…
Es cruel la certeza exacta, la conciencia que me dice que jamás estaré entre tus piernas, que nunca despertaré a tu lado…
Es cruel mirarte al pasar, con tu indiferencia y tus senos abultados, bañados en ese perfume que me quita el sueño, el aliento…
Es cruel que el corazón y la alucinación digan que eres mía, que me pertenece la dulzura de tus manos, que han dado a mi pecho, caricias de bondad…
Es cruel tenerte cerca y no poderte hablar… mirarte pasar indiferente, rodeada de perros, que insistentes quieren ser objeto de tu mirada buena…
Es cruel saberte mujer, sensual… seguir soñando con encontrarte en tu cama, con esos ojos de leoparda insomne en la oscuridad, con tu piel amarmolada, enteramente deseable, exquisita y afuera la noche… interminable…
Es cruel no vivir entre tu carne y el mundo acabándose, sin que nos importe, sin dejar de poseernos el uno al otro… de separarnos por el simple hecho de volvernos a encontrar… en la oscuridad… en la irrealidad…
Es cruel idealizarte… no conocerte y ya amarte…
Es cruel que no existas, que seas irreal, ficticia, que tu esencia esté dentro de mi… que tu cuerpo exista, pero lo que eres, tú, entera, hembra, mía sea no más que creación propia y te odio por ello…
Supongo que como dijo alguna vez mi abuelo: “yo me lo pierdo y tú te lo ahorras…”
y recuerdalo bien, te odio, te odio, te odio!!!
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