martes, 10 de noviembre de 2009

tu bonita caja de pino...

Apoptótico, necrosado y entre las dos murallas imponentes de la coprolalomania más inusual, más evidente e injuriosa, me encontraba en el momento de la explosión…

Nada recuerdo… ninguna triste memoria rota acude, ni acudirá a mi mente… nada mas que ver tu cara, tus pies descalzos en la hierba ya amarilla y muerta… enlodada paradójicamente…

Imaginar, tener, respirar, oler, sentir tu cuerpo me resultaba procaz, prohibido… pero no podría, bajo ninguna circunstancia, no anhelar tu compañía… y sentir tus paredes aglutinantes, envoltorio de vida y humedad, llena de destilados aromas que emanan de tus más profundas entrañas… llenos de muerte y de desprecio… no podría menos despreciar tus complejos sabores, que juegan con las papilas de mi lengua, estimulándolas, mezclándolas y confundiéndolas a todas a la vez…

Si, te extraño… extraño nuestro pasado inexistente… fugaz y que solo yo viví… extraño tu piano viejo… el piano viejo que ya no quiere sonar… que triste ha perdido teclas y patas… que esta enmudecido… y te imagino en tu sencilla caja de pino… y envidio profundamente a los gusanos y gusarajos invasores que se divierten con tu cuerpo… como nunca pude yo…

Y te reprocho y me reprocho con ardor mis debilidades y complejos… mi falta de firmeza y escupo en tu tumba y orino con furia tu lapida… por que te amo… por que no existes… ni tú, ni el enterrador, ni yo, ni tu bonita caja de pino…

No hay comentarios: